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CARLOS ROMERO 13/05/2022

Sevilla FC, un momento delicado

Y es que son muchos los años ya, ojalá por los siglos de los siglos, que estamos en la cresta de la ola, admirados en Europa, con títulos más que suficientes en las vitrinas, con épicas casi inenarrables que erizan el vello al más pintado y que llena de satisfacción a aquellos que peinan canas, los calvos militantes como yo ni eso, precisamente por vivir otros tiempos no tan rimbombantes y casi innombrables.

Nunca perdimos la fe. Se dice que se puede cambiar de marido o mujer, pero nunca se cambiará de equipo y el nuestro en la actualidad nos hace sonreír, nos hace llorar de felicidad y copa toda la satisfacción que nos puede caber por ver un Sevilla FC que recuperó su verdadera esencia que perdió tras demasiadas décadas de mediocridad en las que, incluso de esa guisa, lo sentíamos como el mejor.

Pero nos estamos encontrando con una nueva circunstancia que el sevillismo no ha vivido desde hace decenios -que me parece una bendición- y esto es la nueva generación que comienza a ser mayoría mientras los demás vamos transcurriendo por la historia, de sevillistas que nunca vivieron un Sevilla FC paupérrimo, instalado en la mediocridad más absoluta y localista, sin una ambición que fuese más allá de no descender, de intentar ganar en casa y fuera ya veremos. No es una crítica, es una constatación de lo evidente.

Nos contaba Bertoni, aquel mítico jugador setentero que nos visitó hace un par de años, que cuando el Sevilla FC le fichó, hizo un comentario en la rueda de prensa de presentación que rezaba que harían todo lo posible por ganar el campeonato de Liga, algo natural de un recién campeón del mundo que aterrizó -para nuestra enorme fortuna- en el equipo blanquirrojo. Cuando se incorporó al vestuario al día siguiente -por primera vez- se encontró con una agria bienvenida, caras largas, cosa que el bueno de Bertoni no llegó a comprender de sus compañeros en primera instancia, aunque después descubrió cuáles eran los verdaderos objetivos ¿Cómo se le había ocurrido decir tal desfachatez? Les ponía el listón tan alto, cuando con salvarse ya serían cuasi héroes.

Sí, sé que no es bueno generalizar, asumo cualquier crítica sobre esto, no era una cuestión instalada en los jugadores solamente. Para usted, señor o señora mayor era un éxito mayúsculo, objetivos de primer nivel, el no va más de “Puerta de Jerez” y fiesta hasta las tantas por subir a Primera División o clasificarse para la antigua UEFA -sin más perejiles- suponían los verdaderos hitos para aquella afición, que en absoluto era conformista, que exigía a su directiva y a sus jugadores algo más que no bajar a Segunda División, el grito de guerra de “otro año igual” que se cantaba en la grada cuando la UEFA nos quedaba demasiado lejos como para clasificarse para jugarla. Pero éramos así.

Y si se clasificaba para Europa, ¿a qué sevillista le iba a entrar en la cabeza que podríamos ganarle a un Inter de Milán, a un Manchester United, a una Roma, e incluso al Liverpool? ¡Qué digo!, llegar siquiera a una semifinal de algo. Quizá en otro universo fuese posible, pero, ¿en qué dimensión podríamos imaginar que llegaríamos a disputar una Supercopa de Europa al Bayern de Múnich y hacerles sudar tinta china para que la consiguiesen, cuando estábamos en el estadio del Salto del Caballo de Toledo jugándonos la vida para sobrevivir en Segunda División? ¿Y vivir un Trofeo Ciudad de Sevilla como si de una competición europea se tratase?

Cómo cambian los tiempos.

No llegar lejos en Champions es un absoluto fracaso hoy en día, no clasificarse para para la máxima competición europea un auténtico drama, incluso no competirle la Liga a Madrid y Barsa podría llevar a la mayor de las frustraciones a este nuevo sector generacional del que nos ocupamos y también para algunos desmemoriados, cuando el que escribe estas líneas piensa que nunca volveremos a ganar una Liga tal y como está planteado este sistema de competición prefabricado para dos, muy ocasionalmente para tres y siempre son los mismos. Quítenselo de la cabeza.

Se llama evolución, bien es cierto, es obvio que muy pocos clubes en el mundo han evolucionado como el Sevilla FC, la niña o niño que en 2006 tenía 10-15 años, hoy está en torno a los 30-35, lo que supone un sector importante de la afición que siempre vio un club instalado en la élite y que vive el éxito de los títulos como algo natural y cotidiano.

Pero constatemos la realidad inequívoca de que Sevilla es una ciudad media tirando a pequeña (sólo imaginemos que cualquier ciudad China de nombre irreconocible, media tirando a pequeña cuenta con 14 millones de habitantes), en la que, para más inri, habitan dos equipos rivales en la élite y nos enfrentamos a los clubes de las grandes capitales europeas con millones de seguidores, que aportan una cantidad ingente de recursos que son inalcanzables para nosotros. No podemos compararnos con ellos ni en idiosincrasia, ni en objetivos, por más que nos empeñemos.

Y que aún así, este club ha sido capaz de poner en marcha un modelo económico y deportivo que es paradigma en el fútbol mundial, que aparece en los primeros puestos de los rankings europeos más importantes, que cuenta con el mejor director deportivo del mundo, con estructuras de gestión que se van modernizando a buen ritmo, el Sevilla FC es el club soñado para los que vagamos penando tiempos ha por los valles de lágrimas y envidiado por los que creyeron que podrían ser iguales que nosotros.

Una cosa es la exigencia -ejerzámosla sin titubeos- y otra muy distinta es la intransigencia, la primera nos lleva la excelencia, la segunda al fracaso y a la frustración, es necesario saber distinguirlas teniendo en cuenta los factores históricos que tenéis a bien leerme. Debemos conocer de dónde venimos, para eso sirve la historia, para saber a dónde vamos, frase manida ya, lejos de un discurso conformista, pero también de la sinrazón.

Son muchas las generaciones de aficionados, directivos y jugadores que construyeron este Sevilla FC que hoy disfrutamos, no se llegó a la élite mundial de la noche a la mañana, mucho sufrimiento hubo de por medio, es necesario poner en valor este Sevilla FC pase lo que pase a final de temporada, esta o cualquiera, con una visión más global y con un conocimiento de los avatares de la historia.

Decía Alejandro Dumas, “¿Sabéis lo que es el deber? Lo que se exige a los demás.” En la mayoría de las ocasiones fuimos capaces de estar a la altura como aficionados, la exigencia, además, debe estar fundamentada porque el camino no sólo está lleno de éxitos, sino también de sinsabores, de fracasos y debemos ser conscientes de ello.

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