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JULIÁN MUÑOZ 07/03/2022

Aversión a la pérdida

Como muchos de ustedes, pertenezco a varios grupos de aficionados sevillistas en las redes sociales. También como muchos de ustedes, me he dado cuenta de cómo a lo largo de esta temporada va creciendo en las redes el número de mensajes que son críticos con el juego del equipo y con el entrenador, y de mensajes pesimistas sobre lo que lograremos, o más bien sobre lo que no lograremos, esta temporada.

Ya pertenecía a muchos de estos grupos la pasada temporada y tengo la sensación de que el número de críticas y mensajes pesimistas se ha incrementado notablemente, lo que a menudo provoca airadas discusiones entre los mismos aficionados que pertenecen a ellos. Ya en Columnas Blancas algún articulista ha tratado con anterioridad, y de forma brillante, sobre este tema. Y es que parece claro que las posturas se han ido radicalizando, aunque todos vemos los mismos partidos y resultados del equipo.

En este artículo no pretendo defender ninguna de las posturas enfrentadas, ni ahondar en los motivos por los que personalmente soy crítico o no con el entrenador, con el juego o con los resultados, sino que intento abordar por qué ha cambiado la percepción de un número notable de sevillistas sobre el juego y el entrenador con respecto a la pasada temporada.

Se habla una y otra vez sobre que los sevillistas somos y debemos ser exigentes como una seña de identidad, pero me pregunto ¿por qué a diferencia de la temporada pasada hay posturas tan enfrentadas? La temporada pasada, en el último tercio de la Liga los comentarios eran en general muy positivos y nos ilusionábamos con la posibilidad de poder ganar dicha competición, aunque sabíamos que era una tarea muy complicada. En la jornada 27 estábamos en cuarta posición, con 54 puntos y a 9 puntos del líder, mientras que este año en esa misma jornada estamos en segunda posición, con 55 puntos y a 8 del líder. Parece que objetivamente estamos en una situación muy similar, y si bien hay un número demasiado elevado de lesionados a estas alturas de la competición, el entrenador y estilo de juego es el mismo y este año sin duda tenemos algunas incorporaciones muy valiosas al plantel del equipo, mientras continúan estando las figuras claves de la temporada pasada.

En el siguiente gráfico se muestra la posición clasificatoria del Sevilla FC jornada a jornada en la temporada 2020/21 en azul y en rojo en la 2021/22.

Parece que objetivamente la temporada está siendo bastante mejor que la anterior y que lo ha estado siendo a lo largo de todas las jornadas sin excepción.

En el siguiente gráfico muestro la diferencia de puntos del Sevilla con el que fuera líder de la clasificación en cada jornada de las dos temporadas. De nuevo la línea roja corresponde a la temporada 2021/22 y la azul a la 2020/21. Cabe señalar que en las dos temporadas ha habido equipos que tenían jornadas atrasadas o adelantadas, por lo que la diferencia con el líder a veces aumenta o disminuye en más de tres puntos de una jornada a otra.

De nuevo, objetivamente parece que esta temporada está siendo bastante mejor en cuanto a las opciones a alcanzar al líder en casi cada jornada.

Si en 2009 nos muestran estas dos gráficas, probablemente todos hubiéramos dicho que los comentarios de los sevillistas en los foros en los que debatimos deberían ser más positivos y entusiastas en la temporada 21/22 que en la 20/21. En ambos gráficos vemos resultados objetivos, es decir, posición en la clasificación y diferencia con el líder de la misma en cada momento, y no entramos en aspectos subjetivos como las sensaciones que nos provoca el equipo o la confianza que tenemos personalmente en los jugadores y el entrenador.

De nuevo, a la vista de los datos, me pregunto ¿por qué esta temporada hay posturas más criticas entre los aficionados que la temporada anterior? Podemos decir que en el último gráfico entre las jornadas 26 y la 33 de la temporada 20/21 hubo una mejora impresionante y casi ininterrumpida, mientras que esta temporada desde la jornada 20 hasta la última que se ha jugado parece que se ha aumentado casi constantemente la diferencia con el líder. Obviamente en la jornada 27 de la temporada pasada no sabíamos que ocurriría hasta el final de la Liga, como tampoco lo sabemos en esta temporada, y sólo nos podemos basar en los datos históricos de qué ha ocurrido hasta ahora en ambas temporadas. Esos datos históricos son, hasta la jornada 27, mejores que los de la temporada pasada. En mi opinión, lo que ha cambiado, son las expectativas. No me refiero a los objetivos del club, que son los mismos en ambas, clasificación para la Champions y si se puede, luchar por la Liga hasta el final. Intentaré explicarme recurriendo a un concepto, común en psicología y economía, denominado “Aversión a la Pérdida”.

Los economistas, a la hora de elaborar sus teorías, llevan mucho tiempo pensando que las personas somos racionales, es decir, que tomamos decisiones evaluando de modo fidedigno los costes y beneficios de las opciones a las que nos enfrentamos antes de actuar. De esta forma, trasladándolo al tema que nos ocupa, la persona racional tomaría en cuenta los datos objetivamente antes de hacer un comentario en las redes y diría que nuestra posición en la tabla, los puntos obtenidos y nuestras opciones de ganar la Liga son claramente mejores que las de la temporada pasada. De nuevo se quedarían fuera datos subjetivos como sensaciones, si el juego nos parece más bonito o no y cómo evolucionaran en cuanto a lesiones tanto nuestro equipo como los rivales en lo que resta de temporada, etc… Por simplificar, al no ser datos contrastables, se dejarían fuera de una decisión racional.

Los psicólogos Kahneman y Tversky pusieron en duda este supuesto de los modelos económicos, al demostrar que las personas evaluamos las ganancias y las pérdidas de forma diferente. Racionalmente, una ganancia de 100 euros debería compensar una pérdida de la misma cantidad. Sin embargo las pérdidas se odian más de lo que se aman las ganancias. Esto queda bastante claro si exponemos el experimento llevado a cabo por Kahneman y Thaler con un grupo de personas.

En el experimento, a los participantes se les dividía en dos grupos. Al primero de ellos se le regalaba una taza y luego les preguntaban por cuánto la venderían. Al segundo grupo no se le regalaba la taza, sino que se les mostraba la taza y se les preguntaban en cuánto la valoraban, es decir, cuál creían que podría sería su precio justo.  Al tratarse de un grupo grande de personas, cabía esperar que la valoración sería muy similar en ambos grupos, es decir, que los que tenían la taza estuvieran de acuerdo en venderla por, digamos, 10 euros, y los que no tenían la taza estimaran que su precio era aproximadamente de 10 euros, y por lo tanto que ambos grupos, de media, valorarían en la misma cantidad aproximada la misma taza. Sin embargo las valoraciones de los sujetos del experimento se vieron afectadas por que se les hubiera dado o no la taza al comienzo del experimento. El grupo que tenía la taza consideraba que su valor era, en promedio, mucho más alto que el que consideraban aquellos que no recibieron la taza al inicio del experimento. Por tanto, los mismos resultados parecen mejores o peores dependiendo del punto de referencia del que se parta. Si se empieza sin la taza, recibir una es una ganancia, pero si se empieza ya con una, renunciar a ella se representa como una pérdida que es más dolorosa, ya que una vez que se posee algo, se vuelve más valioso para su poseedor. Algo que compramos por 10 euros, no lo venderíamos a los dos o tres años por esa misma cantidad, independientemente del valor objetivo de mercado. No es equivalente la alegría de ganar una taza que no se tiene a la de perder la taza que ya se tiene, por lo que aquellos que no tenían la taza valoraban su precio en 10 euros, mientras que los que la tenían no la venderían por menos de 20. Este efecto es el que se denomina aversión a la pérdida, nos alegramos menos de ganar 10 euros que lo que nos disgustamos si perdemos 10 euros que ya tenemos.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el tema que estamos tratando? En mi opinión, la temporada pasada no tuvimos hasta la jornada 25 la opción de ganar la Liga, todos lo veíamos como imposible. Después el equipo hizo una segunda vuelta impresionante y cuando estábamos en la jornada 33 a 3 puntos del líder habíamos vivido esa situación como una ganancia. Al final de la temporada conseguimos el objetivo de clasificarnos para la Champions, pero no de ganar la Liga, pero gran parte de la afición estaba contenta porque habíamos luchado por la competición hasta el final cuando casi nadie consideraba que el Sevilla estuviera entre los favoritos al comienzo de la misma. Es el mismo efecto que observamos cuando nos eliminan de una Europa League en Cuartos habiéndola ganado varias veces a diferencia de cuando nos eliminaban en Cuartos no habiéndola ganado nunca. Aunque las situaciones son objetivamente idénticas, en el primer caso nos llevamos una decepción mucho mayor que en em el segundo, pues consideramos una pérdida no ganarla.

 En esta temporada llevamos 16 jornadas siendo los segundos, habiendo estado muchas jornadas a una diferencia de entre 2 a 4 puntos del líder. No tener opciones en las últimas jornadas de luchar por la Liga nos parecería una pérdida de algo que hemos tenido cerca y, por tanto, aunque terminemos entre los 4 primeros a 9 puntos del líder como el año pasado, tendremos un mal sabor de boca que sería peor en comparación que el buen sabor de boca que tuvimos el año pasado al final de temporada. Este año sí, durante muchas jornadas hemos creído que esta era nuestra Liga, una oportunidad de cada 20 años e incluso los comentaristas en los medios de comunicación nos han considerado un posible aspirante casi toda la temporada, de tal forma que a pesar de haber hecho una mejor campaña que la anterior y sabiendo lo improbable que es que consigamos la Liga, esta temporada nos parece una pérdida de algo que teníamos al alcance de la mano, mientras que la temporada pasada nos parecía una ganancia haber llegado a estar tan cerca del líder casi hasta las últimas jornadas.

Esta es la diferencia de expectativas a las que me refería, esta temporada hemos llegado a creernos entre los favoritos a ganar esta Liga, mientras que la temporada pasada no. A pesar de que no lo confesamos y siempre decimos que ganar la Liga es muy difícil y es poco probable que podamos lograrlo, en el fondo creíamos/creemos que esta sería/será la nuestra y perder algo que creíamos que teníamos nos resulta más doloroso que lo que nos alegraría ganar algo que no creíamos que pudiéramos tener. Por eso muchos intentan justificar el enfado que tienen de que nos distanciemos del líder criticando al entrenador, al equipo, a la planificación, a los árbitros, etc… En esto nos estaríamos acercando a las aficiones del Madrid o Barcelona, que si no están entre los puestos de cabeza o a pocos puntos del líder, consideran que están en una crisis, pues para ellos ningún resultado es bueno sino el de ganar la competición. Actúan conforme a sus expectativas y reaccionan con aversión a la pérdida. Es la emoción y no los datos objetivos lo que provoca esa diferencia de percepción respecto a la temporada pasada.

Aquí “ni quito ni pongo rey” y no es mi objetivo argumentar a favor de unos u otros, sino simplemente de explicar las emociones que tenemos a estas alturas de la temporada y desear que, al reflexionar sobre ellas, nos tratemos un poco mejor entre sevillistas en las redes.

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