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CARLOS ROMERO 01/10/2021

Si Margaret levantara la cabeza

Decía Jorge Paradela, nuestro flamante director general de negocios del Sevilla FC, en el discurso inaugural de su gestión, que “es algo básico poner en el centro al aficionado de lo que se hace en el club”. Esta visión de hacia dónde deben dirigirse los designios del fútbol, junto a los beneficios intangibles, algo a lo que se refirió también, nos demuestra que ha hilado muy fino y que plantea unas tesis realmente interesantes.

Nos hemos desayunado estos días con la noticia, a colación del bodrio que llaman Superliga, concerniente a que en Inglaterra van a hacer posible que los aficionados recuperen el fútbol que lleva décadas enquistado en un mercantilismo exacerbado. Tal cual. Y no es que uno sea especialmente admirador de la Pérfida Albión, aunque últimamente me lean haciendo referencia a algunas cuestiones futbolísticas y en especial históricas de aquel país, pero hay que reconocer que con estas cuestiones marcan las tendencias y los designios futboleros internacionalmente.

Si existe el paradigma económico basado en lo que viene en llamarse el “aficionado global” (harto difícil si atendemos a las teorías que cuestionan que la economía sea una ciencia) o lo que es lo mismo, una persona enchufada a una televisión en cualquier lugar del mundo, este tiene su máximo exponente en los grandes clubes ingleses, especialmente los componentes del ‘Big Six’, o los seis grandes, como el United, Liverpool, Chelsea, City, Tottenham y Arsenal. Ese camino ya lo tienen recorrido, sólo algunos clubes más son tan seguidos globalmente como estos, auténticas máquinas de hacer dinero, pero llama la atención que sean precisamente ellos los que van a iniciar un camino más participativo de las aficiones locales, conscientes probablemente de que todo tiene un límite, un listón que no es conveniente sobrepasar.

La línea roja ha sido la Superliga como el desencadenante de todo esto, la pandemia de Covid-19 el caldo de cultivo y los ejecutores son la corona inglesa y el gobierno británico. El hecho de que algunos clubes más que centenarios hayan desaparecido en las islas británicas ha impulsado aún más la idea de que el dinero por el dinero no debe ser el centro del fútbol y que este se debe localizar en sus propios aficionados.

En este análisis de lo inglés es muy probable que, con el hecho pandémico, los dirigentes tuviesen la sensación y la tentación de que, llegados a este punto, podrían prescindir de las aficiones locales, más allá que para usarlas de relleno en los planos televisivos en la vuelta a la ‘nueva normalidad’, una especie de atrezo necesario. Pero los aficionados de algunos de estos clubes llamados a ser parte de la Superliga de Florentino, se plantaron con firmeza y doblegaron en la calle y a las puertas de sus estadios a sus dirigentes que tuvieron que capitular, incluso pedir disculpas. Esto supuso un mazazo a sus expectativas ante la nueva realidad postpandemia.

¿En qué se va a traducir todo esto en Reino Unido? Aún no lo sabemos muy bien, pero el gobierno británico tiene sobre la mesa, a instancias de la ‘Football Supporters Association (FSA)’, la organización que agrupa a las aficiones de los clubes de fútbol de Inglaterra y Gales, un proyecto de ley, en el que se habla de una especie de derecho de veto por parte de los aficionados hacia la administración de sus clubes, cuando entiendan que la gestión no es la adecuada y hacen hincapié en la necesidad de la representación de las aficiones ‘incrustadas’ por ley en las estructuras de las instituciones futbolísticas. Las licencias federativas sólo podrán activarse si los clubes demuestran que los aficionados tienen un papel importante en las decisiones del club, en definitiva, un empoderamiento que habían perdido mor de la conversión de los clubes en compañías empresariales. En otro momento hablaremos del caso alemán, mucho más avanzado si cabe.

¿Cómo repercutirá esto en España? Tampoco lo sabemos, depende de si los distintos estratos que conforman el fútbol nacional entienden que el sistema actual sea el adecuado o no, de la capacidad de presión de la patronal y de las aficiones -con una idiosincrasia y un estatus antropo-cultural muy distintos al británico- en los estamentos políticos, pero no tendríamos que irnos muy lejos para encontrar algún precedente parecido, que en principio podría parecer estar alejado de las tesis actuales, en un club que ha sido pionero en muchas cosas en España y en esta también.

Recordaremos cómo una afición, la sevillista, tumbó las resoluciones de la LFP y su pretensión de bajar a Segunda División B al Sevilla FC en agosto de 1995. Sencillamente no tuvieron los arrestos de hacerlo, no fueron capaces de terminar de aplicar su propia normativa, so pena de provocar vuelcos políticos electorales y paralizar la competición judicialmente, esto último es algo que se recuerda poco, pero para eso están los historiadores y sus investigaciones. El pecado de los mandamases de la LFP fue minusvalorar el poder de la afición sevillista en sus decisiones administrativas respecto al Sevilla FC, pecado que a posteriori pagaron caro.

Os confesaré que, a mí, personalmente, me daba cierto regustillo a grandeza que la Superliga contase con el Sevilla FC, como así se ha podido saber a posteriori y creo que el club se negó a formar parte del elenco fundacional en lo que probablemente se bautizará como la “Opción inteligente”, el club sevillista supo leer qué ocurriría -un fracaso más que seguro- amén de no visualizar que fuese una solución para el fútbol y lo innecesario de tensar a su propia afición. La perspectiva histórica dará o quitará razones, pero es un indicio claro del músculo blanquirrojo mantenido en el tiempo desde los albores del presente siglo.

Por el momento, según informaciones recabadas, son varios los movimientos que se realizan en torno al proyecto de ley del deporte, al que ya se están haciendo alegaciones por parte de todas las partes implicadas y en lo tocante a los aficionados, ‘FASFE, Accionistas y Socios del Fútbol Español’, está aportando modificaciones que van en la línea de lo que leemos de Reino Unido estos días. Que el Gobierno las acepte será harina de otro costal, estaría por ver.

Pero no obviemos que el cambio, al que el fútbol no es ajeno, puede ser también producto de los nuevos vientos y la tendencia económica global. Observamos a un presidente de los EEUU como Biden hablando de políticas más sociales, insta a las empresas a pagar más a los trabajadores como elemento base de más crecimiento, en definitiva, encaminadas a defenestrar las políticas ultraliberales lideradas en los años 80 por la Dama de Hierro y su amigo cowboy de películas, Ronald Reagan, que hoy persisten desgraciadamente y así nos va. Es precisa y curiosamente el gobierno británico encabezado por el conservador Jonhson el impulsor del nuevo proyecto de ley, y digo que esto es curioso porque no hablamos de los laboristas, algo que les pegaría más.

Si Margaret levantara la cabeza, cosa poco probable porque desde que llegó al infierno hay una parrillada festiva descomunal y el diablo no prescindiría de ella, lo mejor sería que desistiese porque volvería a fenecer cruelmente del susto.

No sé por qué me ha venido a la cabeza el tema de nuestro Silvio: Marguerita Margueró.

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