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JULIÁN RUIZ 22/09/2021

Los grandes olvidados

A la velocidad que avanza la vida, unido a la inexistente memoria que tiene el mundo del fútbol, quizás sea un buen momento para traer a colación un tema que en el sevillismo ha generado en las últimas décadas múltiples debates de barras de bar, grupos de amigos o más actualmente en las redes sociales, ya fuese en todas las pretemporadas o en cada una de las temporadas por separado, que no es otro que el de la parcela de la preparación física y las lesiones musculares.

Los que peinamos canas y hemos crecido con un Sevilla FC que no era campeón, sabíamos que pasada la Semana Santa el equipo se caía físicamente cuando la Feria de Abril oteaba en el horizonte. Lesiones de tobillos como las de Quique Estebaranz o Lautaro Acosta acababan con la paciencia del más optimista. Y a todo esto había que sumarle el goteo semanal del resto de la plantilla, que hacía que el nivel competitivo de la plantilla disminuyese significativamente.

Se ha hablado muy bien de la llegada de Julen Lopetegui y se le ha encumbrado a los altares porque el equipo gana mucho, aunque sea por la mínima, pero ha tocado plata y se ha consolidado momentáneamente con la cuarta plaza en las dos últimas temporadas. Ni que decir tiene, todo lo que se ha escrito y dicho sobre Monchi, verdadero artífice del Sevilla de los títulos con dos consejos de administración diferentes. El hombre de las plusvalías, el que apabulla con aciertos los pocos errores que comete.

Pero eh aquí que me quiero detener en los que para mí son los grandes olvidados de este Sevilla de Lopetegui y que fue precisamente el técnico vasco el que los trajo a Nervión tras compartir cuerpo técnico con ellos tanto en la Selección Española como en el Real Madrid. Se trata de los preparadores físicos, Pepe Conde y Óscar Caro, que como máximos responsables de la parcela física, han conseguido que en el sevillismo se haya aparcado en los dos últimos años el temido y tan manido tema de las lesiones. Y es que lo han logrado de tal forma que parece que jamás haya habido debate, con lo que aquí nos gusta una discusión.

En la temporada pasada, anótenlo bien, el Sevilla FC fue el club de Primera División (permítanme que sea tradicional en el lenguaje), que menor número de lesiones musculares tuvo. Apenas insignificante el número si bien todos podemos recordar el parón prolongado que sufrieron Acuña y Ocampos, hombre claves para el técnico vasco. Durante la larguísima temporada cargada de partidos que tuvo el equipo andaluz, con una pretemporada exprés y en versión mini, que llegó tras parar poco más de una semana tras levantar la sexta UEFA Europa League en Colonia, los jugadores del equipo de Nervión no destacaron por las lesiones, sino todo lo contrario, fueron los que menos coparon la enfermería en toda la categoría. ¿Casualidad? Yo diría que no, pero se lo podría comprar.

Si volvemos la vista atrás dos temporadas, la primera de Julen en el banquillo, aquella en la que no jugaba Bono ni se le esperaba por la alargada sombra de Vaclik, aquella en la que Ocampos era goleador, sí, la del confinamiento brusco y severo, algo que a nivel personal jamás habría imaginado ni viendo una película, el equipo sevillista fue el que más fuerte volvió al reanudarse la competición tras ese largo parón. Hasta Munir andaba fuerte y fino y era indiscutible en el tramo final liguero. Ese trabajo individual organizado y concienzudo que realizaron los jugadores en sus domicilios bajo la batuta de Pepe Conde y Óscar Caro, hizo que pese a estar ausentes en las gradas, los sevillistas disfrutásemos por televisión de unos jugadores que volvieron como aviones y que pasaban por encima de sus rivales. ¿Casualidad? Ya dicen que dos veces y consecutivas no es ni casualidad ni suerte, sino trabajo y del bueno.

Por eso hablo de trabajo y del bueno, aquel que consiste en prevenir las lesiones, que es una parcela en la que destacan estos dos auténticos cracks, sobre todo si atendemos al currículum de ellos. Es tan importante recuperar bien una lesión que sufre un futbolista para que no haya recaídas o acortar los plazos de espera, como prevenirlas para que no se produzcan, parcela ésta que les hace ser líderes destacados en su trabajo.

Por eso creo que no debe olvidarse el reconocimiento a estos dos pupilos de Lopetegui, que consiguen que el grupo dé el perfil que quiere el técnico de Asteasu: equipo muy intenso, de alta presión e intensidad, que te gana por agotamiento y más aún con cinco sustituciones. La labor que llevan desempeñada estos dos pedazos de profesionales no debe pasar desapercibida, porque cuando nuestros jugadores se lesionan muy poco, los más veteranos sabemos que, tiempo atrás, ésa era la envidia ansiada por cualquier sevillista. Ahora tenemos dos diamantes bien pulidos en la parcela física y hay que saber disfrutarlos.

Por si no lo sabíais, Pepe Conde es gaditano y ya estuvo en la entidad de Eduardo Dato en una amplia etapa anterior. Trabajó como rehabilitador los dos primeros años de Unai Emery en Nervión (2013-2015), desarrollando ya la labor de preparador físico con el de Hondarribia en la 2015-2016. Con la llegada de Sampaoli y todo su cuerpo técnico quedó fuera de la entidad. Posteriormente, en la 2017-2018 pasó una temporada en Osasuna para fichar posteriormente por la Federación Española de Fútbol, haciendo pareja con Óscar Caro a las órdenes de Julen Lopetegui. Desde entonces, el técnico vasco tiene claro que son hombres de su confianza y ha hecho que les acompañen tanto en Madrid como en Sevilla.

Por el contrario el joven Óscar Caro es granadino y tiene el título de entrenador de fútbol UEFA Pro. Eso hace que lo veamos siempre detrás de Julen Lopetegui y Pablo Sanz, cuando lo enfocan las cámaras. Pese a su juventud tiene una amplia y dilatada trayectoria profesional que comenzó en Málaga, ciudad en la que obtuvo el título de entrenador. Tras abandonar la Costa del Sol, desarrolló sus funciones durante un par de años en Doha (Qatar), antes de enrolarse en las filas del Alcorcón y de ahí fue captado por Lopetegui para la Selección Española, el Real Madrid y el Sevilla. El bueno de Óscar Caro obtuvo un brillantísimo expediente académico en la Universidad de Granada, siendo premiado con el mejor expediente de su promoción.

Creo que es justo y obligado este reconocimiento a dos personas muy importantes en la parcela física y deportiva de nuestro amado y querido club. Y conviene hacerlo ahora que se dice que el equipo no carbura o que hay jugadores que parecen fuera de forma, ya sea por la edad, por la rarísima pretemporada que se ha desarrollado con más de una decena de jugadores del filial, por el brote de Covid sufrido al inicio de la campaña, o por cualquier otro motivo. Independientemente de con el prisma que se quiera ver, creo que Pepe Conde y Óscar Caro no deben ser olvidados por el aficionado, puesto que a ellos le debemos la omisión del debate de las lesiones en el Sevilla. Que nunca caigan en el olvido y que dentro de un par de meses se pueda subrayar cada línea de este artículo, que sería una magnífica señal para los más incrédulos.

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