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RAFA VELASCO 21/08/2021

Silencio blanquirrojo

Era una noche calurosa de agosto en Sevilla, con miradas ilusionadas que entraban en el Ramón Sánchez-Pizjuán como si fuera el mismísimo paraíso.

La larga espera, por las circunstancias vividas, convertían el momento en irrepetible y todo se llenaba de magia en las gradas del estadio, que poco a poco se dibujaba de rojo y blanco.

Aunque las limitaciones legislativas encorsetaban a la afición en el reencuentro con su equipo del alma, nada ni nadie pudo con la fuerza de los sevillistas, que cantaron el Himno del Centenario como si no hubiera un mañana.

Pero en este marco de euforia y momento para el recuerdo, por la vuelta a nuestro santuario, nadie podía imaginar que íbamos a vivir unos segundos en los que tocamos el cielo de Sevilla.

La fiel infantería sevillista de pie y en posición de respeto aguardaba para cumplir el minuto de silencio en honor a todos los sevillistas que dejaron este año sus asientos para sacar su abono en el “Tercer anillo” y sonó la marcha “Amarguras” con la cadencia del palio que anda siempre de frente por San Juan de la Palma.

Segundos para la posteridad, segundos de rezos con unos sones que nos acercaron a nuestros familiares y amigos, que en nuestras vidas compartieron con nosotros esta pasión que ya va buscando su 132 cumpleaños.

Mientras sonaba la marcha se vieron lágrimas y se recordaron abrazos de gol en una solemne chicotá, en la que los sentimos con nosotros, en el asiento de al lado.

Se llenó el estadio del Sevillismo más puro y por unos segundos pareció que cambiábamos nuestras posiciones, nosotros estuvimos en el cielo y ellos en nuestros asientos, para llenarlos de energía positiva y darle la bendición a la nueva temporada.

Sublime e inolvidable momento de Sevillanía, por el que quiero felicitar a la persona que tuvo tan brillante idea y al club por llevarla a cabo.

Y desde aquí pediría, si los aficionados lo creen conveniente, que desde ahora los minutos de silencio en el estadio siempre se hagan con los sones de la marcha de Manuel Font de Anta, himno de la Semana Santa de nuestra ciudad.

Sería una inmejorable forma de eternizar este momento, porque nunca un minuto de silencio fue tan eterno.

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