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DAVID MELERO 30/04/2021

Una asignatura pendiente para algunos

Humildad. Característica que consiste en tener consciencia de nuestras virtudes y defectos y obrar en acuerdo a esto. Valor totalmente contrario a la soberbia. No ser arrogante. Obrar bien sobre los demás. A medida que uno adquiere humildad se va haciendo un pequeño hueco en el corazón de los demás.

Porque una persona modesta tiene un rincón reservado en todos los sitios, o al menos, así me lo hicieron saber durante mi niñez. Sin infancia y una buena educación, la humildad no aparece en la vida de nadie, debido a que desde mi perspectiva, este valor no se trabaja, debe inculcarse a partir del primer lloro en los brazos de nuestros progenitores. Como diría José Ángel Buesa, “sólo es grande en la vida el que sabe ser pequeño”.

Como algunas tardes de primavera, me disponía a escuchar diversos podcasts y leer algunos artículos de distintas épocas futbolísticas. Curiosamente y, de manera totalmente fortuita, encontré una columna de Tomás Roncero en el Diario As del año 2017. En ella, el periodista deportivo español analizaba el pase a la final de la Champions del Real Madrid  tras eliminar al Atlético de Madrid. Todo me pareció normal hasta que al final de la columna leí esta frase: “El Madrid no tuvo infancia, nació grande”. Al instante, mi conciencia me hizo apagar el móvil y reflexionar ante tal afirmación.

Equipos “grandes”. Cuando no estás acostumbrado a caer, no valoras tus verdaderos éxitos. A la mínima que algo empieza a fallar, juegas con tu poder económico sin observar a tu alrededor; la discriminación no es palabra tabú en vuestro diccionario. Aceptar la derrota pocas veces es una opción, mirar a tu lado y culpar al ajeno es tu perdición. El fútbol hace tiempo que no es de los aficionados, pero ustedes, quisisteis desterrarlo de nuestros corazones para siempre, y eso JAMÁS podrá ser perdonado. Jugasteis con el sentimiento y el motivo de vivir de algunos, la palabra “fútbol” os sobrepasa.

“Grande es aquel que camina sin pisar a los demás”.

Los valores de la niñez nunca pueden perderse, de hecho, si tus verdaderos seguidores afirman no haber pasado por ella, difícilmente puedes adquirirlos. Años de tu vida donde te caes una y otra vez, sin tener éxito, hasta que de repente un día la vida te sonríe. “Nacer grande” es una verdadera pasada, un orgullo para tus fans, pero a la hora de la verdad, nada es tan bonito como parece. Cuando toca levantar cabeza después de un verdadero fracaso, todo se vuelve más costoso, la mayoría de tus seguidores se aferran a increíbles hazañas conseguidas en el pasado, sin tener cabida la autocrítica. Conocer el sabor de la derrota es un enriquecedor proyecto a largo plazo.

Si hay algún lugar que haya comido tierra una y otra vez, ese es el barrio de Nervión. La tristeza y la derrota estuvieron sobrevolando durante esa maldita época por cada rincón sevillista, sin piedad, pero con la cabeza alta y con sus seguidores al pie del cañón para apoyar a los suyos. Problemas económicos que nos hicieron más fuertes, adversidades que a día de hoy nos sitúan en lo más alto del mercado futbolístico. ¡Ay Monchi de mi vida!

Un canterano nos cambió la vida, un chaval que, con su esfuerzo, sacrificio y su zurda de diamante  colocó al Sevilla FC en la cima. Ese día supimos que nuestra “infancia” tenía punto y final.

El fútbol le debe una al Sevilla FC, el verdadero tapado en la lucha por la Liga. Restan 5 jornadas por dis(fr)putar, tenemos que ir con todo, nadie puede robarnos la ilusión. Nadie la quiere como nosotros, ¡VAMOS, JODER!

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