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La segunda vida de Rakitic

Siempre fui fan de Iván Rakitic, de su parsimonia sublime que nos encandilaba a los sevillistas, contraste antagónico con la sangre hirviendo del indiano Medel, que parecía tener siempre el dedo metido en un enchufe. Aquel Rakitic se asemejaba a un dios rubio que destilaba magia con la derecha y dibujaba luces multicolores en el espacio con la zurda. Siempre cabeza en alto, como un general de la guardia de corps de Napoleón en las batallas de Europa.

Aquel Rakitic que conocimos encajó tan bien a nuestra campiña hispalense, que su vals de Strauss se acopló con la bulería de El Turronero que interpretaba de manera sublime José Antonio Reyes (el niño de Utrera que se nos fue al tercer anillo y nos dejó su talento y su sonrisa), y entre ambos montaron una función que los sevillistas jamás nos cansaremos de tararear. Fútbol de tres dimensiones, enganchado en nuestro corazón blanquirrojo por los siglos de los siglos.

Tras capitanear al Sevilla heroico de noches de apoteosis (KO europeo al rival eterno, gol de M´Bia, primera UEFA de Unai…), Iván Rakitic se marchó al Barcelona para conquistar el Everest del fútbol. Fueron seis años en azulgrana donde el croata tocó el cielo con títulos y gloria.

Pero la gloria en este mundo de la pelota es perecedera, mucho más en un gran dinosaurio y el Sevilla de Monchi, Merlín con mando y plaza en el planeta fútbol, volvió a llamar a su puerta y Rakitic dijo un “si quiero” a corazón abierto, con sus venas sevillistas para un regreso tan triunfal que nos llenó de sueños a los sevillistas.

Los sueños, empero, muchas veces nos turban la paz con toneladas de vinagre y Rakitic comenzó a mostrar una cara que nos encendió las cejas: ya no era aquel caballo alazán que dibujaba lunas con su trote, sino un percherón de galopar cansino y pases medrosos. Su personalidad sobre la hierba se difuminó como una gominola entre parvulitos; más que un mariscal de campo, ahora parece un cabo furrier que se muerde las uñas por miedo a molestar.

¿Dónde se perdió Iván Rakitic de los sevillistas? ¿Quién es el de ahora? Su segunda vida en el Sevilla Fútbol Club me llena de tristeza, porque en nada se parece al jugador que yo conocí y dejó grabado su nombre en el armario de los grandes recuerdos. Yo quiero reivindicarle, bancarlo para siempre, pero ese jugador que ahora lleva el 10 sobre la camiseta blanca no es el que queremos que sea. Y queremos que vuelva. Todos en Nervión queremos que vuelva.

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