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EFE
PEDRO GONZÁLEZ 01/03/2021

La mejor liga del mundo

O al menos eso predica el máximo responsable de LFP, Javier Tebas. Pero para que eso fuera verdad, todos los equipos participantes de La Liga, deberían de tener las mismas oportunidades a la hora de competir.

Ni mucho menos esto es así. Sí es cierto que las diferencias abrumadoras de hace quince años han ido reduciéndose con un reparto más equitativo de los ingresos por televisión, sin nunca olvidar que esto ha sido posible gracias a la revolución que propició D. José María del Nido Benavente primero, y después todos los demás, para que se acabara el duopolio de Madrid y Barça que se llevaban, año tras año, la mayor parte de esos beneficios, agrandando, también cada vez más, la diferencia entre equipos.

¿Cómo se puede pretender que esta mejor Liga del mundo sea equitativa cuando su mayor responsable publicita en todos los medios de comunicación, que a Barça y Madrid hay que “mimarlos”, porque son las referencias que se más se ven allende nuestras fronteras, y, por tanto, más dinero televisivo deja en las arcas de la LFP?

Bajo esta premisa, no es de extrañar que pase lo que ha pasado en el partido del Sevilla F.C., contra uno de los “mimados”, el Barça.

La actuación arbitral del Sr. Hernández Hernández ha sido tan grosera y tan manipuladora contra el Sevilla F.C. que pone de manifiesto que La Liga debe seguir siendo cosa de dos, y que los demás equipos deben aceptar ser invitados de piedra al festín de los poderosos. Eso un año sí y otro también.

Quiénes han estado manifestando que el Sevilla era un candidato a ganar esta Liga, no han sabido ver que la mafia arbitral española sigue actuando a su entera complacencia y sin que ello tenga la debida y contundente respuesta por parte de los demás equipos de La Liga, y sobre todo de la prensa nacional, que ha hablado, muy suavemente y quitando importancia del enorme atropello que vimos el sábado en el Sánchez-Pizjuán.

Cualquiera que haya jugado al fútbol, aún en categorías inferiores, sabe cómo te va minando la moral y el empeño en tu juego, el que el Sr. Colegiado de turno tome rasero distinto para aplicar el mismo tipo de faltas.

Como te empequeñece, como te amilana, el que se corte una disputa de balón con falta en contra y tarjeta en tus jugadas y deje sin castigo las mismas acciones cuando es el equipo contrario el que las comete. La impotencia y la rabia se apoderan de ti y te descentran de tu cometido y estás más pendiente de la actuación arbitral que el desarrollo de tu juego.

Pues eso fue lo que ocurrió el sábado. El árbitro canario tenía bien aprendida la lección y dejó bien claro quién no iba a ganar el partido. Porque una jugada clarísima de expulsión del bien tratado Messi, que agarra por detrás a Koundé en el inicio de un contrataque, es amarilla de libro.

Expulsión y a la calle. Pero, como digo, el Sr. Hernández, sancionó la clamorosa falta y con evidente gestos de no tolerar que nadie cuestionara su decisión, advirtió a los jugadores sevillistas que fueron a reclamársela, que no admitiría protestas. Más evidencia es imposible.

Son tantas y tantas las malas actuaciones arbitrales en los enfrentamientos ante los dos grandes, arbitrando, con descaro, a su favor, determinadas jugadas resolutorias de partidos. Nada más hay que tirar de hemerotecas y videotecas, para comprender la altura de la manipulación de esta Liga.

Es una sinrazón que nadie pueda disputarla con las mismas garantías y el mismo trato que el duopolio.

Es tremendamente aburrido aceptar que esto ocurra año tras año en La Liga. Parece ser que cambiar esto es una tarea utópica. Un plan irrealizable que es aceptado por los demás equipos de la Primera División española, sometidos a la jerárquica decisión de personas que dicen representarlos pero que lo que hacen es hundir cada día más el prestigio de esta Liga y someterlos al papel de actores secundarios “in secula secolorum”.

Da pena tener que aceptar esto sin que, al menos, se produzca una protesta seria y formal ante los estamentos deportivos de este país.

Qué tamaña sinvergonzonería siga perviviendo, con raíces muy profundas, en el estamento arbitral, sin que nadie sea capaz de abanderar la revolución para cambiar el sistema, es absolutamente denigrante y deshonroso para las aficiones de los demás equipos, a los que se les priva de la posibilidad de tener la ilusión de ver a su equipo ganar, alguna vez, “la mejor Liga del mundo”.

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