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JOSÉ MANUEL ARIZA 09/02/2021

La vida de los otros

Saludos.

131 años de la Fundación del Sevilla Foot-ball Club y un título de artículo (disculpen mi asociación permanente con una de mis pasiones) que viene como anillo al dedo: se trata de un guiño a una fantástica película de Florian Henckel von Donnersmarck, Oscar en 2007, con un guion cuasi perfecto, por sus parecidos razonables, para lo que pretendemos narrar.

El pasado 25 de enero, un aluvión de felicitaciones planeó y aterrizó sobre nuestro Club y desde infinidad de sitios, instituciones, clubes y personas (me abstengo de poner el listado porque en éste portal tenemos espacio limitado y porque todos somos conscientes de ello). Fue un día de euforia absoluta para los sevillista: pudimos constatar y certificar algo que ya sabíamos y es que se nos respeta mucho más de lo que pensamos (y pensamos que mucho) especialmente fuera de España. Fuera porque hay “condicionantes” internos que nunca podremos eludir. Prácticamente, todo el mundo del fútbol tuvo la categoría y la clase suficiente como para desearnos un feliz aniversario. Gracias porque como “afectado” algo me toca.

Sin embargo, hubo ausencias clamorosas y silencios estridentes muy cerca. En ésos “campos del silencio” (!) se formaliza una insignificancia institucional que si bien deja un tanto estupefacto, tampoco resulta nuevo: nos conocemos desde hace demasiado tiempo como para sorprendernos.  Esa rabia permanente que no te permite crecer porque tus males los tienes dentro y porque resulta muy infantil achacarle a Otro tus propias carencias.

Hablemos un poco de ellos pero sin insistir demasiado: sería darles un valor que no tienen y que no se han ganado donde se deben ganar éstas cosas.

La permanente y morbosa actitud de vivir pendientes de la vida del Otro (no nos engañemos que nosotros también miramos para el sur y el suroeste aunque desde perspectivas muy muy distintas) termina creando un leitmotiv existencial (imaginario porque el real es doloroso y el Otro te proporciona una vía de escape, una terapia para combatir la depresión) que si no fuera tan divertido, parecería trágico. De hecho, es trágico pensar que hay intervenciones extrasensoriales que hacen al Otro Grande y a ti pequeño; que el azar caprichoso  siempre se alinea con Uno y para ti queda la fatalidad permanente (hacer de ello una divisa es lamentable); que los hados conspiran en tu contra y en forma de flor, de árbitros, de ligas, federaciones y uefas… la mano que mece la cuna.

No importa que unos apenas puedan mostrar algún año importante en toda su historia; que desde el principio mismo hayan caminado al borde del precipicio y cayendo varias veces; con muletas prestadas y que su mejor título sea uno honorífico (presumible) que, además, tiene un valor simbólico que en nada afecta al otro, al deportivo. De hecho, a ése simbolismo se agarran desesperados aunque les suponga más una losa porque detrás hay bien poco para sostenerlo. Y que Nosotros los presentáramos en sociedad, trago amargo para un orgullo mal digerido y peor dirigido… tantos años después que entonces era distinto, otras normas.

Tampoco importa que a unos terceros los viéramos nacer, los enseñáramos a jugar y les diéramos el título de “eterno rival”. La Historia demuestra, salvo algún momento puntual y excepcional, que siempre anduvieron a la zaga y que los tiempos recientes han hecho crecer aún más las distancias, mucho más y sin solución de continuidad. Tampoco importa que campeen en títulos negativos que se silencian (por vergüenza, supongo, porque no debe ser grato) y a los que se pretenden dar una capa (falsa) con otra Pintura para esconderlos. Lo más llamativo (risible si tienes una mínima idea de la Historia) es arrogarse valores sociales (¿políticos?) tan alejados de la realidad que fue su pasado que da grima (aquí, grima, usada como sinónimo de cachondeo). Esto también se esconde proyectando tus miedos a verte tal cual eres y has sido, en el Otro.

Y en viendo sus biografías, lo de buscar enemigos fuera es sintomático, de libro de primero de cualquier disciplina.

Nosotros también miramos la vida de los otros, ciertamente. Yo lo hago, por supuesto. Y aunque como decía arriba desde perspectiva diferente, no deja de ser un ejercicio de “conocimiento” próximo y distal, en la misma forma que observo a otros más alejados aún. Éstos, sin embargo, tan cercanos físicamente que resultaría imposible no notar su presencia, no verlos, escucharlos y leerlos. Porque cuanto más ahondas en sus “cuitas”, más divertimento te producen. Una cosa sí es cierta: la ausencia de pudor que muestran es gratificante en tanto que los define absolutamente. Incluidas las meramente deportivas.

Y si nos reímos de ellos (de muchos que algunos son respetables en la diferencia) es porque ya en encargan de caricaturizarse a sí mismos. Resulta irresistible y lo siento porque debería ser de otra manera.

Termino lamentando que los de más allá tengan varias fechas de cumpleaños que celebrar y de más acá, ni una. Aun así, felicidades así, en general.

Cuidaros (de los otros que de los nuestros nos cuidamos nosotros solos).

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