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Autor
JOSÉ MANUEL ARIZA 23/02/2021

El amor en los tiempos del covid

Saludos.

En 1985, el inconmensurable Gabriel García Márquez publicaba la novela “El amor en los tiempos del cólera”. Una historia maravillosa (amor y dolor, ciertamente y como toda buena pasión que se precie) de un autor intemporal capaz de emocionarnos sin barreras y para siempre. Decía aquel que la inmortalidad es la memoria de los demás.

Nota: prometo que no tengo lazos familiares con el protagonista principal.

Casi un año ya de la aparición del, probablemente, virus más “democrático” de la Historia. Democrático porque a diferencia de otros que se localizaban en colectivos más o menos definidos, éste no distingue entre ricos y pobres, sabios y tontos, famosos y anónimos… Por ello, el esfuerzo mundial para atajarlo está siendo descomunal. Está siendo ése esfuerzo, sin embargo, una muestra lamentable de que cuando se quiere, se puede. La cuestión es para qué y para quién se quiere. Y sobre todo, quiénes quieren.

Un año casi en el que hemos visto caer a familiares, amigos, conocidos… en una sucesión trágica en la que hemos “normalizado” ésa tragedia que se oculta detrás de las cifras. Y con la normalización, llega el relajo y la falta de prudencia (amparados en justificaciones pueriles por su peligrosidad) a la espera del “maná” de la vacuna.

En éste año de exilio forzado de nuestro Estadio, uno llega a comprender mejor a los verdaderos exiliados: los que tuvieron que huir del golpe de estado fascista; los que se fueron y se vinieron para poder comer y los que se van y se vienen ahora para… lo mismo.

Y uno entiende que tu tierra se te pegue al corazón (más que nunca y aun cuando los nacionalismos, de cualquier tamaño, bandera o color, te sean todo lo ajenos que quieras y una frontera te parezca una aberración) en la distancia y que unas sencillas sevillanas escuchadas lejos (incluso a los que aquí nos provoquen cero sentimientos) nos conmuevan. O que un Himno arrebatado, ése que cantas a voz en grito en Tu Estadio con cada partido, ahora, en la distancia “vírica”, te emocione tanto o más en privado porque sueñas con cantarlo Allí rememorando la descarga emocional. La primera vez que volvamos… habrá previa, vía y postvía. Prometido.

Porque tenemos nuestra Fidelidad (nuestra Fermina) particular en Nervión. Una afición rebelde, altiva y orgullosa; sólida, protestona, exigente e incansable… toda una Historia de amor forjada en 131 años y sin la que sería imposible explicar nada. O todo.

Casi un año ya sin pisar nuestra Casa, ése Lugar Maravilloso que nos permite sacar nuestros instintos más primarios, nuestras emociones por consanguinidad, afinidad y porque queremos. Los buenos y alguno malo, ciertamente, que aunque pueda estar “justificado” en algunas ocasiones, no hay mejor insulto que un marcador. Si puede ser abultado, insulto grave. Y si es de burreo… una temporada a la sombra.

Pasión, se llama Pasión (como la del Florentino de García Márquez) y rodeados y asediados por éste cólera del colérico siglo XXI, soportamos una tragedia que, al menos, nos regala momentos de euforia porque nuestro Amor nunca dejó de correspondernos. Encerrados en casa, el Sevilla FC nos dijo que no se olvidaba de nosotros; que nos escuchaba en la distancia; que sabía que sus Fieles estábamos ahí, a corazón abierto, y por ello nunca se detuvo a esperarnos (no moveros de casa que yo os lo llevo) e hizo lo que tenía que hacer: recolectar plata europea. Nos abrió la ventana para que nos entrara un vendaval de alegría entre tanto dolor.

Nos hizo además otra promesa: vamos a jugar para que soportéis mejor ése exilio, para que desde vuestros hogares, en HD, tengáis momentos importantes, ilusión y ganas de volver cuanto antes. Y cuidaros mucho que os queremos aquí a todos, si es posible, de regreso a Casa. Cuidaros que os necesitamos y que os tendremos la comida caliente para cuando volváis, para cuando volvamos.

Porque en ésos 131 años, hemos padecido muchos horrores: inundaciones, sequías, terremotos, epidemias, guerras… hemos bajado a los infiernos muchas veces y siempre nos levantamos, siempre. Aguantamos y nunca nos rendimos en las malas porque lo que más curte en la vida son los tropiezos, las caídas y los errores y por ello, los Triunfos, del tamaño que sean, nos saben mucho mejor, nos saben a Gloria.

Y porque somos agradecidos, en cuanto nos deje el cólera del covid, Allí estaremos como siempre y para siempre. Hasta la muerte.

Cuidaros.

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