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Amarga victoria

Sensación de victoria amarga, 3-0 ante uno de los rivales más duros de la Liga Santander y contentos sí, por el juego desplegado y por lo inapelable del marcador, pero lo ocurrido en la contienda (sólo así puede llamársele) SFC-Getafe de la 22ª jornada del actual CNL nos deja el temor del alcance de la lesión de Ocampos, la imagen de la riña entre banquillos y si ésta va a servir otra vez de carnaza para cierta canalla.

Lo fácil es ensañarse con el togolés, pero no debemos olvidar que, independientemente de lo temeraria de su acción, el central getafense no hace sino seguir las consignas de su entrenador. Sin discusión, la acción merece sanción en el campo y luego la administrativa. Si llega o no tarde y si tiene cierto historial de jugadas peligrosas es otra cuestión que puede agravar o aliviar su castigo. Pienso que, simplemente, Djenné no midió bien esforzándose en lo que Bordalás le habría ordenado y su acción tuvo consecuencias graves. Los sevillistas, por pura coherencia con nuestra historia, no debemos caer ahora en la tentación de poner en la picota al futbolista rival, porque también hemos tenido profesionales que han sido mediáticamente lapidados y no nos ha gustado, y no hace falta dar citas. Lo último que debemos hacer es transformarnos en la versión sevillana de los que desde medios escritos y sonoros nacionales tanto nos vilipendiaron por hechos semejantes, o por mucho menos. Creo que el primero en respirar hondo ha sido el mismo Djenné al saber que la lesión de Ocampos no va a ser tan temible como se esperaba. Que saque la lección oportuna de lo peligrosa de su acción, y ya está.

En cuanto a José Bordalás tengo igual opinión. El marcial alicantino del barrio de Rabasa podrá caernos mejor o peor, y gustarnos más o menos su juego, pero, volviendo a la coherencia, no hace tanto que el SFC tuvo entrenadores que practicaron ese “otro fútbol”, el de “al límite” (y nuestra afición se identificó plenamente con ellos) como única forma de sobrevivir en este planeta prohibido y coto cerrado de tres “predators” que era, y es, es el fútbol español. Nada ganamos con despellejarlo. Tal vez se haya visto obligado esta temporada a acentuar los aspectos negativos de su forma de entender el fútbol, y eso es algo que solo él y su club saben. Cuando a alguno de nuestros técnicos desde la caterva mediática madrileñil se le ponía a caer de un burro lo veíamos muy injusto.

Si Bordalás también tiene o no su historial, creo que eso a los sevillistas no nos compete. A mí, personalmente, no me gustan los entrenadores que corren la banda como un lateral y manotean casi dentro del terreno de juego obstaculizando a los rivales al Marcelino estilo, o están en constantes aspavientos y quejas provocativas. Son sus sistemas, y si el reglamento lo permite o no hay “refferees” que lo impidan, nada se puede hacer. Su camino hasta ahora ha sido ascendente. Si tras esta temporada sigue su progresión o se convierte en un entrenador de 2ª opción, el clásico “revulsivo” para equipos en caída libre, o debe emigrar, el tiempo lo dirá. Su tacticismo en rueda de prensa post-partido intentando desviar la atención hacia Lopetegui y quejarse de cómo la “expulsión injusta” de su central condicionó la marcha del choque no tiene mucha defensa. Él debe saber como nadie que, tal y como se venía desarrollando el juego, el gol sevillista iba a caer más tarde o más temprano. Fruto de un penalti, de un error de su defensa, o de una expulsión dada la agresividad del conjunto del Sur de Madrid. Fue esto último. A lo mejor el resultado hubiera sido más estrecho, pero nada más.

Otra cuestión es la definición de “fútbol al límite”, y sobre todo, quiénes y en qué circunstancias lo consideran aceptable. El actual “leader” de la competición tiene un entrenador que lleva practicando dicho sistema 11 años sin que nadie le tosa. Todos sabemos que en nuestro CNL ha habido, y hay, jugadores en muy determinados equipos especialistas en el “otro juego”, en la provocación y en salir no solo indemnes, sino con la expulsión de un contrario ganada.

Se dice y escribe que la jugada clave fue la entrada de Djenné a Ocampos pues provocó la expulsión del central getafeño y luego la de ambos entrenadores. Desde mi humilde punto de vista creo que fue la gota que colmó el vaso que venía ya llenándose desde la 1ª parte, y seguramente desde partidos atrás en el tiempo. Para mí que todo lo ocurrido desde el minuto uno es responsabilidad del equipo arbitral designado. Se sabía la táctica que nuestro rival iba a traer, si desde el principio MM, el otro alicantino protagonista, y el ponferradino GG en la sala VOR-VAR hubiesen puesto las cosas en su sitio, seguramente no se habría llegado a los desagradables incidentes del minuto 54.

No hace falta recordar aquí la trayectoria que el “benidormer” “Silbato de Oro 2015” tiene con el SFC, y el partido contra el Getafe no fue una excepción. Este árbitro FIFA anuló el gol a Ocampos tras ser avisado por GG desde el VAR. En ninguna imagen aparece la famosa mano del argentino. ¿Predisposición? ¿De cuál de los dos trencillas? Más bien corporativismo entre colegiados. En cualquier caso, un desastre para la pureza y la imparcialidad que se supone en el arbitraje. El “refferée” principal no señaló siquiera falta en la entrada de Djenné, y estaba delante, por 2ª vez le avisó GG desde el VAR. Acudió corriendo desde fondo para atajar el rifirrafe entre banquillos y solo supo aplicar una decisión salomónica con “tics” autoritarios.

El sevillismo debe estar indignado, pero no contra el Getafe, ni contra su técnico ni ninguno de sus profesionales, sino contra el CTA. El Consejo del SFC debe admitir claramente que en el fútbol español existe un grave problema arbitral del que los trencillas de cada jornada no son más que la punta del iceberg. Es un problema endémico de un colectivo mal preparado física, técnica y psicológicamente y controlado además por un CTA críptico que no evoluciona y sin reglas precisas en la designación de equipos arbitrales para cada partido. El VAR solo ha servido para generar más polémica, ente otras cosas por la falta de criterios unificados y porque ha fortalecido en el enjuiciamiento de los lances de cada partido un corporativismo tóxico. Si el SFC y otros clubs de la LFP y RFEF, desean al menos aliviar este problema, deben denunciar esta situación en la Asamblea Anual del mes de Julio, y no con una pataleta cuando nos toque el M.M., G.G. o tantos otros de turno. Debe reclamarse una profesionalización mayor en el arbitraje y una dedicación exclusiva, transparencia desde el CTA en las designaciones y publicación de unos criterios unificados así como de las sanciones para los malos arbitrajes.

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