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PEDRO GONZÁLEZ 13/01/2021

El escalón

Tras la derrota de ayer en el Wanda Metropolitano ante el líder, se constata que nos falta por subir ese escalón, el escalón que nos permita no sólo competir, sino de ser capaces de ganarles a los tres ogros de La Liga.

El dominio infructuoso del Sevilla F.C. de ayer y su buen juego, no valieron para dar un golpe de mano y demostrar que queremos que ese triunvirato de reyes de La Liga, acepte que hay otro pretendiente que quiere luchar por ganarla.

Cierto es que la diferencia la marcan los presupuestos.

Tener mejores plantillas, disponer de la posibilidad de tener jugadores que marquen la diferencia y evitar que esto se eternice en el tiempo, es la meta que deben perseguir los demás equipos de La Liga.

Y queda bastante claro ayer que a nuestro equipo le falta ese complemento que nos haga subir, de una maldita vez, ese escalón que se nos atraganta.

Como quedó bastante claro también que al cuadro de Monchi le falta un delantero que sea capaz de sacarle rendimiento al dominio que ejerce con su juego. Que culmine tanto y tanto dominio en provecho.

Desgraciadamente en el fútbol no gana el que más dominio tiene del balón, sino aquel que es capaz de convertir en gol sus oportunidades.

El que gana el partido es el que mete más goles y no el que más domina. Esta perogrullada parece que no se han entendido bien por muchos entrenadores. El objetivo debe ser marcar goles, no mantener el dominio del balón.

Y el Sevilla, con los tres grandes, anda bastante escaso de ese elemento.

No me gustó para nada el juego del At. Madrid. No ofreció nada más, y posiblemente nada menos, que un equipo que cierra su puerta con cinco defensas, a los que se une la generosa ayuda de los centrocampistas.

El Atleti deja muy pocos espacios para perforar su meta. Y su entrenador, el inteligentísimo Simeone, sabe que dejando su portería a cero, tiene muchas posibilidades de sacarle el rendimiento que espera, cuando es capaz, como ayer, de llegar tres veces y marcar dos goles.

Que su fútbol aburre a las ovejas, pues vale. Pero cuando uno echa la mirada a la clasificación el que está de líder es su equipo y debe lucir una sonrisa socarrona. Ustedes critiquen que yo estoy donde estoy. Y ahí queda eso.

Así que a Monchi le queda por dar el último brochazo al magnífico cuadro que tenemos hoy. De su sapiencia y del trabajo arduo de sus colaboradores depende que, en un futuro próximo, el cuadro se termine con uno o dos jugadores que conviertan nuestra ilusión en realidad.

Y sobre todo, que seamos capaces, a pesar del hándicap enorme que supone la diferencia de ingresos, de poder dar ese salto que nos sitúe en ese escalón que tanto deseamos y podamos luchar, de verdad, por pelearle La Liga a los poderosos de siempre.

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