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Carta al abuelo

Te estrenaste aquella tarde de sol y emociones en el prado holandés donde por primera vez conquistaste Europa. Con mirada arrogante pero limpia, con el blanco inmaculado de tu equipación contrastando el negro de las medias que conocíamos de las fotos del Mercantil o del Reina Victoria. Con la barba blanca de tu centenaria vida, te presentaste allí para decirnos que éramos grandes.

Un poco antes, tras la inenarrable jornada de la Markt Platz, mi hermano que ya vivía al Sevilla en la distancia desde su hogar de Bruselas, se derrumbó en un llanto sin consuelo cuando vio llegar el autobús del equipo navegando sobre bufandas al viento. De golpe, se le vino toda su infancia y su juventud sentado con los primos en la grada alta apretada de Gol Sur, su primer balón rojo y blanco, que no tocaba mal con la izquierda, y el beso de papá tras un gol en las pachangas del Puerto o del Montillo.

Al año siguiente, viajaste hasta la cuna primigenia de Escocia para recordarnos que solo con tanta gloria y tanto fútbol se puede volver a conquistar una copa. No es casualidad que fuera allí, pues hace 131 años unos cuantos jóvenes escoceses, británicos y españoles, decidieron constituir una asociación para jugar al football alrededor de unas cervezas celebrando la fiesta del poeta escocés Robert Burns.

Unos días después, antes de ganar nuestra cuarta Copa de España, te disfrazaste de Rey San Fernando para desearle larga vida al equipo de tus amores, y aquella noche en el Paseo de la Castellana, juramos por escrito no separarnos nunca de tu lado.

Por eso, estuvimos juntos en el viejo estadio de Les Corts, donde pediste respeto y nos llevamos la quinta, trabajando desde la grada tanto como desde el terreno de juego, donde Jesús apuntilló con una escapada y un regate histórico ante De Gea.

En Turín ya nos habías anunciado que el “italian job” no podía escaparse, y allí que te presentaste en tu vespa roja para recordar que habíamos vuelto, y que la victoria, la ambición y el coraje no tienen edad. Y al cielo de la ¨vecchia signora¨ levantamos otra vez, sí otra vez, la plata de tu memoria.

A los pocos días, te asomaste a la grada del viejo Nervión para que nosotros te dijéramos con cariño que los años te hacen más grande, aunque nadie podía imaginar que justo al año siguiente cruzaras el telón de acero para declararnos amor verdadero, en aquel pase medido de José Antonio que Bacca puso en la red.

Y mucho menos que por tercera ocasión consecutiva, sobre la grada recoleta de St. Jakob Park, exclamaras que el campeón está aquí para arrebatarle la copa a todo un Liverpool.

Ahora que esta maldita pandemia se está cebando sin piedad con nuestros abuelos, ahora que nos damos cuenta que os debemos tanto, valga este pequeño homenaje al abuelo que nunca faltó a las grandes citas para rendiros el que tanto os merecéis.

Porque los años te hacen más grande. Nos has dado tanta gloria, tanto fútbol, que te debemos amor verdadero. Larga vida al abuelo que nos recordó que somos grandes, que el respeto solo se gana cuando se entrega la casta y el coraje en cada partido que la vida nos propone. El campeón está aquí, hemos vuelto para quedarnos siempre contigo.

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