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ALEJANDRO CADENAS 23/12/2020

Nuestra idiosincrasia

Oigo últimamente frases como “se nos ha subido la exigencia a la cabeza”, “nos parecemos cada vez más a la afición del Valencia”, “como se ha perdido hay que echar a Lopetegui”, y frases por el estilo.

Y NO, no confundamos al personal. Eso no es verdad. Es cierto que en un partido concreto (o varios) se critica al Entrenador, SÍ, ese mismo que ha ganado otro título y nos ha metido en Champions. Y digo yo ¿por qué no? Naturalmente que el Entrenador se equivoca en algunos partidos, es humano y como tal, como los jugadores o como los aficionados nos equivocamos, él también se equivoca. Pero que el Sevillista critique a su entrenador en un momento puntual, en un partido o cuatro, no significa que no reconozca el meritazo de este entrenador. No significa que no lo quiera, no significa que no reconozca sus muchos aciertos, porque sosegadamente el 95% del Sevillismo, lo reconoce y lo alaba.

El Sevillista tiene el gran problema de que quiere a su equipo como casi nadie, se rebela de que no sea valorado, de que no se reconozcan sus méritos. Le da igual tener a todo el mundo en contra, con los nuestros a su lado, ya nos sobra. Y una derrota para el Sevillista es como clavarle un hierro incandescente en la piel, o un puñal en el corazón, es un sufrimiento de dolor inmenso, es una frustración para todo el fin de semana o la semana entera. Porque lo vive al 110%. Porque es nuestra IDIOSINCRASIA.

Y es en esos momentos, cuando su crítica se hace agria, áspera, contundente y lógicamente en la frustración de la derrota, se vuelve implacable, está como el jabalí herido y arremete con fiereza contra el Entrenador o contra quién sea. Porque su dolor lo lleva a que lo que más quiere, a lo que ama y éste le ha defraudado. Busca desahogo y punto. Porque pasado un par de horas o al día siguiente, su crítica ya se hace más razonada, más liviana, y más centrada. Por tanto, NO CONFUNDAMOS EL MOMENTO CON EL TODO. Las cosas en su justa medida y en su justo punto.

Yo presumo de AFICIÓN, y lo digo con todas las consecuencias. Para mí, la nuestra es inteligente, por encima de todo, INTELIGENTE. Sabe cuando el equipo necesita apoyo, y sabe dárselo, así como sabe, cuando hay que protestar y exigir. Que ¿también a veces nos equivocamos? Pues SÍ. Pero en la globalidad, no cambiaría a nuestra AFICIÓN por ninguna, pero mil veces que naciera, mil veces que me gustaría tener a mis compañeros de sentimiento, al lado mía. Los mismos siempre, porque ya lo han demostrado y lo van a seguir demostrando, saben de futbol, saben hasta guardar silencios que hablan por sí mismo, y saben como tratar a su club y defenderlo. Porque en el contexto global, no tiene comparación y es inigualable e insuperable.

Soy de los que comprende esos momentos, y también comprendo a los que no entienden esa crítica feroz en esos momentos. De verdad que los entiendo, con el paso de los años, os aseguro, que todo se toma con más calma, con más comprensión, y entiende uno mejor, lo que antes no comprendía. Porque sabes perfectamente que el Sevillista que critica a su equipo, jamás lo critica por hacerle daño, por minusvalorarlo. El Sevillista que critica a su equipo, lo hace para otros Sevillistas, para su círculo cercano, para sus iguales, jamás lo veréis criticar a su equipo ante enemigos, o rivales. Sabe muy bien elegir el contexto, el círculo, y el lugar, donde y como ejercer la crítica. Por tanto, tampoco tengamos a veces la piel tan fina para nuestros compañeros que se desahogan y razonan su punto de vista. La comprensión debe imperar.

Resumiendo, que al fin y al cabo, pienso que la inmensa mayoría del Sevillismo, sabe y reconoce los méritos y virtudes de los nuestros. Y que puntualmente, puede perder los nervios. Pero que TODOS estamos orgullosísimos de nuestros títulos, que sabemos valorarlos, que sabemos la época que estamos viviendo (lo dice uno que se llevó 40 años sin ver nada), que valoramos, y mucho, todo lo que se está consiguiendo y donde estamos situados a nivel europeo y mundial. Pero somos como somos, y nadie nos va a cambiar, sencillamente es nuestra IDIOSINCRASIA.

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