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Delantero centro, médico y… náufrago

Cuentan las lenguas antiguas, que a principios del siglo XX, jugó como delantero centro del Sevilla FC Francisco Zapata Castañeda (nacido en 1.890), hermano de Fermín y de Manuel Zapata Castañeda, quienes fueran también jugadores de nuestro club.  Fermín llegaría a ser el socio número 1 en 1.958 y podemos verlo incluido en algunas fotos de alienaciones históricas (entre 1.905 y 1.910) en la página web del Sevilla.

Manuel Zapata formó además parte de la directiva que, con José Luis Gallegos Arnosa a la cabeza, redactó y aprobó los estatutos del Sevilla y que inscribió al club en el Registro de Asociaciones el 14 de octubre de 1905. Llegó a ser vicepresidente con la directiva de José María Miró Trepat, siendo también Manuel miembro de la misma. Manuel formaría parte de otras directivas, como por ejemplo la de Piñar y Pickman.

Francisco, mientras tanto, había estudiado medicina en la Universidad de Sevilla y una vez finalizado sus estudios, pasó a trabajar como médico en transatlánticos de la compañía española Pinillos, Izquierdo y Cía.

En la temporada 1916/17 el Sevilla FC sería Campeón de Andalucía, y nuestro doctor de indudable abolengo sevillista, realizaba su viaje número 13 como médico del crucero de lujo Príncipe de Asturias.

El Príncipe de Asturias tenía 140 metros de eslora, 18 metros de manga y casi 13 metros de calado, desplazando hasta 16.500 toneladas de carga y era la joya de la corona de los trasatlánticos de lujo de la compañía Pinillos. Este buque fue construido en los astilleros de Glasgow y botado el 30 de Abril de 1.914, dieciséis días después del hundimiento del Titanic.

Se trataba pues de un enorme buque que aunaba el lujo y los mayores avances técnicos de la época. Podía transportar casi 1.900 viajeros, siendo 150 de primera clase, 120 en segunda clase, otros 120 en segunda clase económica y 1.500 en los sollados del buque, en enormes salas con literas destinadas a los emigrantes. Hay que recordar que entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX se produjo el mayor movimiento migratorio de ciudadanos europeos a Norteamérica y Sudamérica.

El barco estaba dotado de un pequeño hospital, con un quirófano, farmacia e incluso salas de aislamiento para enfermedades contagiosas. Al frente del mismo estaba el doctor Zapata, que para 1.916 contaba con 26 años.

El buque hacía la ruta entre Barcelona y Buenos Aires, haciendo escala en Valencia, Almería, Málaga, Cádiz, Las Palmas de Gran Canaria, Santos (Brasil) y Montevideo. Había partido de Barcelona el 17 de Febrero de 1.916 y la noche del 4 de Marzo se celebró a bordo una fiesta de Carnaval para los pasajeros, cuando ya se encontraban frente a las costas de Brasil.

Sobre las 4 de la madrugada de esa misma noche, y con el capitán Lotina en el puente de mando, la niebla era intensa y el barco comenzó a tocar la sirena prevista para esas circunstancias. Esperaban poder avistar el faro de Punta de Bois, pero las condiciones de visibilidad eran nulas. A las 4:14 un relámpago permite ver al capitán, con enorme sobresalto, que se encontraban extremadamente cerca de costa de la isla brasileña Ilhabella y ordena navegar atrás a toda máquina. Eran las 14:15 cuando se escuchó un pavoroso estruendo a bordo, que respondía a la colisión con una masa pétrea que quebró la panza del buque en unos 40 metros. No dio tiempo ni a arriar los botes salvavidas, el barco acabaría hundiéndose completamente en unos cinco minutos.

Francisco Zapata se encontraba en su camarote descansando cuando escuchó el estruendo. Inmediatamente abrió la puerta y se encontró al capitán Lotina que pasaba corriendo y que le dijo: “hijo mío, estamos perdidos ¡pobre gente!”. Estas fueron sus últimas palabras y la última vez que alguien lo vio con vida. El médico salió corriendo de su camarote en paños menores e intentó desatar uno de los botes salvavidas cercano a su cabina, el número 17, pero una ola se lo arrebató y se lo llevó al mar antes de que pudiera utilizarlo. En ese momento se derrumbó una chimenea que le hirió el hombro y el brazo izquierdo y a la desesperada Francisco se lanzó al mar. Fortuitamente se agarró a la puerta de una cabina que encontró flotando y se alejó cuanto pudo del barco que se hundía a gran velocidad.

El bodeguero del bar de segunda clase, Buenaventura Rosés, de 31 años, intentaba arriar uno de los botes salvavidas cuando se lo arrebató el mar y la misma ola lo sumergió en las frías aguas de Atlántico. Se aferró a una tabla y al alba vio que uno de los botes salvavidas, el Nº 17, que había arrancado del barco el oleaje y que sería el único que no se hundió con el buque, se encontraba flotando vacío a unos 20 metros. A pesar del fuerte oleaje se lanzó al agua y consiguió llegar nadando al bote y una vez dentro, lo dirigió para recoger a otros náufragos, entre ellos al segundo oficial de a bordo, Rufino Onzaín y Urtiaga, que tenía 24 años cuando ocurrió el naufragio. Consiguió arribar con el bote hasta la playa de Valle Sereno. Dejó allí a los náufragos y se adentró de nuevo en el mar junto con Rufino. Al rebasar en este segundo viaje la Ponta de Piraburas, encontró a flote entre otros a nuestro doctor, llevándolos a la playa. Este bote hizo varios viajes para recoger a los náufragos que aún estaban flotando vivos en el mar y logró salvar más de 120 vidas. Solamente se salvaron de la catástrofe 147 personas, de los que sólo seis eran oficiales del barco, uno de ellos el doctor Zapata.

El vapor francés Vega recogió a los supervivientes y los llevó a la ciudad de Santos, donde se hospedó a nuestro doctor en el hotel Praia Grande, recibiendo allí el cuidado necesario por sus heridas. Al hotel acudieron a visitarlo el cónsul español, una comisión de la Sociedad de Medicina y Cirugía de Sâo Paulo e incluso un famoso político y literato, Afonso Arinos, del que el doctor se había hecho amigo en un viaje anterior en el Príncipe de Asturias a raíz de una enfermedad del político que había sido tratada por Francisco. Además acudieron a entrevistarle varios reporteros de medios brasileños. Uno de ellos lo describe así:

“Es un mozo joven y simpático; alto, de cuerpo lleno, moreno, de una bella cabellera negra y lisa y rostro afeitado. En el momento en que lo visitamos se encontraba más o menos tranquilo, rehecho del gran golpe moral. Hasta ayer, después del siniestro, no había conseguido conciliar el sueño (…) El doctor Francisco Zapata, que es un caballero finísimo, se graduó en Medicina en Sevilla, de donde es hijo y donde tiene a su familia”

Y así fue como un delantero centro de las primeras alineaciones del Sevilla se vio implicado y salvó la vida, en el que se ha considerado el mayor desastre de la marina mercante española, habiendo sido tildado frecuentemente como el Titanic español, por los paralelismos que presenta con aquel famoso hundimiento.

En 2016, coincidiendo con el centenario de la catástrofe, ABC dedicó un artículo a los paralelismos de los hundimientos del Titanic y el Príncipe de Asturias, y recogió de esta forma un resumen de las rocambolescas teorías que en su época se habían manejado para explicar cómo pudo acaecer el hundimiento del buque español, que como el propio Titanic, se consideraba insumergible:

“Desde las [teorías] que hablan de la irresponsabilidad del capitán y la tripulación, borrachos por la fiesta de carnaval que se celebraba en los salones del barco -teoría en la que no creo en absoluto-; hasta las que dicen que las estatuas que llevaba el barco para el Monumento de los Españoles de Buenos Aires estaban malditas. Hay quien ha hablado de un ataque de un submarino alemán o un barco inglés por una gran cantidad de oro que supuestamente viajaba en las bodegas, quien comenta que un cargamento de metales habría anulado el funcionamiento de los instrumentos, quien alega que la zona en la que se produjo el naufragio es una especie de Triángulo de las Bermudas… No faltan teorías para todos los gustos”

En cualquier caso, suponemos que esta experiencia, para más inri en su viaje número 13, debió dejar a nuestro doctor sevillista sin más ganas de aventuras marítimas. El caso es que emigró a México y fundó los Laboratorios del Dr. Zapata. Este laboratorio destacó por la gran cantidad de científicos españoles del ámbito de la bacteriología, la química orgánica y la bioquímica, que acogió a su llegada como exiliados a México tras la guerra civil, y actualmente sigue existiendo. Francisco murió en 1.965 en México y suponemos que siguió ávidamente la trayectoria de su Sevilla FC durante sus años de azarosa existencia.

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