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DAVID MELERO 12/11/2020

Nada es como era

De pequeños somos tan ilusos que pensamos que la vida “de mayor” será más grata en comparación con nuestra añorada infancia. Lo teníamos todo pero “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.

Personalmente me apetecía compartir mis experiencias futbolísticas que a día de hoy recuerdo con nostalgia. Natural de un pueblo de Cádiz, Barbate, sí, BARBATE, un pueblo encasillado y maltratado por el ignorante que se deja llevar por voces ajenas. Visitarlo no tiene precio. En este pequeño lugar marinero disfruté de mi infancia, concretamente en unas explanadas cerca de mi hogar, en definitiva, mi campo de fútbol era el aparcamiento de una gran superficie comercial cerrada. Dos porterías, una pintada en la pared de la fachada del comercio, otra, a cincuenta metros hecha con dos piedras que permanecieron intactas durante diez años.

En esa época no había ningún tipo de pudor a partirse un hueso o destrozarse las rodillas, solo valía disfrutar hasta la caída del sol. Quizás no fuera la forma adecuada de pasar el tiempo, pero sin lugar a dudas era la más divertida.

Como sevillista y por lo tanto, “bicho raro” en un pueblo de pocos habitantes, me tocaba defender a capa y espada a los míos. A la hora de empezar los partidos en “nuestro Estadio de Maracaná”, cada uno, como de costumbre, solía adjudicarse un héroe de su infancia. Salían nombres como Ronaldinho, Ronaldo, Raúl, Roberto Carlos… pero un servidor siempre pensaba en rojiblanco. Contra todo pronóstico defendía el arco como Palop, corría sin descanso por la banda como Puerta y al igual que Frédéric Kanouté, anotaba goles y goles. Nada más lejos de la realidad.

Todo ha cambiado. Plazas deseosas de ambiente contra niños pegados a elementos tecnológicos. Mi particular pésame a los jóvenes que no pudieron disfrutar de tales momentos infinitos.

La falta de fútbol callejero ha hecho mella en el balompié de élite. Los excesivos entrenamientos de las técnicas de un futbolista están haciendo del fútbol una actividad metódica. Mucho control y pase. Echamos en falta el descaro, la poca vergüenza, el toque picante que aviva el deporte rey, encarar al contrincante sin miedo, superar al rival de la forma más atávica.

Un balón descosido siendo pateado por un joven que aprovecha los últimos rayos de luz sobre su particular campo de fútbol. Pese a que ahora es difícil ver esta imagen recreada en las calles de nuestros pueblos, observar en momentos puntuales a pequeños soñadores disfrutar de esa preciosa manera, emociona.

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