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Kiko Hurtado
PEDRO MONAGO 16/11/2020

Equilibrio

Decía un buen amigo hace unos días que había visto al Sevilla, en su primera parte contra Osasuna, con desidia. En general piensa (y bastante gente se suma a esa opinión en las redes sociales) que el equipo sale como desmotivado en los partidos de Liga, a diferencia de lo que pasa entre semana en los de UCL. A mí, que de fútbol entiendo lo justo, me cuesta creer que un jugador salga al campo desmotivado (si bien entiendo que es posible que haya partidos que le hace más ilusión jugarlos que otros) y por eso intento encontrar una explicación distinta.

No hace falta reiterar que, en un año de por sí muy extraño (por ser suave), el Sevilla se encuentra en una situación especialmente extraordinaria, debido a que la consecución de la UEL supuso que fuera el último en terminar de competir y el primero en empezar a hacerlo, sin prácticamente pretemporada. No tengo la menor idea de cómo lo harán, pero estoy seguro de que el cuerpo técnico y sus preparadores físicos tienen un plan para que esas circunstancias excepcionales se noten lo menos posible y dentro de ese plan estará sin duda que Lopetegui vaya haciendo rotaciones.

En este punto los aficionados no nos ponemos de acuerdo nunca, porque hay quien entiende esas rotaciones, pero también quien se acoge a la máxima “los mejores siempre en el campo”. Por mi parte, creo que es imposible aplicar esa máxima (y, de hecho, cuando por la razón que sea se lleva a cabo nos encontramos con lo que le ha pasado a Navas) y que a lo largo de la temporada es necesario ir dando descansos selectivos, porque estamos en una carrera de fondo.

Dicho esto, la siguiente cuestión es cuando rotar, si en los partidos de Liga o en los de UCL y tampoco en esto nos ponemos de acuerdo, porque se enfrentan la teoría de “la Liga es lo que te da de comer” (qué nos gusta a los aficionados al fútbol una sentencia) con la de intentar llegar lo más lejos posible en la máxima competición continental.

En mi opinión, en estas cuestiones, como en casi todas, hay que huir de las posturas extremas (mi máxima favorita es ni calvo ni con cien pelucas) porque una temporada es algo vivo, mutable, a lo que hay que ir adaptándose a medida que avanza. De entrada, como principio, hacerlo bien en UCL es para mí prioritario, no solo porque no tiene sentido tener como objetivo en Liga clasificarte para esa competición y luego relegarla a un segundo plano cuando la juegas, sino porque desde el punto de vista económico es absolutamente clave (quizás más en las circunstancias de incertidumbre actuales) conseguir el máximo de ingresos por esa vía. Ahora que se acerca la Junta General de Accionistas y que tenemos a nuestra disposición las Cuentas Anuales del ejercicio 2019/2020, es bueno recordar que las cuentas de una sociedad nos hablan (de hecho había pensado escribir sobre ello y abandoné la idea por cierta pereza en cuanto a posibles interactuaciones posteriores) y una de las cosas que nos dicen las del ejercicio cerrado en junio es que los ingresos por competiciones europeas son fundamentales para la viabilidad del proyecto.

Resulta obvio, entonces, que un primer objetivo es pasar la fase de grupo e incluso conseguir el máximo de victorias posibles, teniendo en cuenta que en la primera fase te encuentras, en teoría, con los rivales más flojos. Pero esto no quiere decir que la Liga no sea importante, porque, a su vez, es la que te dará la clasificación para UCL en el próximo ejercicio.

¿Qué hacer entonces? Pues creo que lo que intenta hacer el técnico, ir buscando el equilibrio, priorizando los primeros partidos de la fase de grupo y luego (imagino), una vez encarrilada la clasificación, inclinar la balanza de las rotaciones hacia esa clasificación y priorizar (los buenos al campo) en Liga. Obviamente la idea no es tener una mala racha como la que hemos sufrido recientemente, sino buscar el punto en el que, priorizando una competición, se mantenga viva la otra. Ocurre, sin embargo, que esto es fútbol, no matemáticas y que no todo sale como uno quiere, pero hay que arriesgar, sobre todo contando con que quedan más de 30 partidos y muchas circunstancias inciertas por venir. Mientras tanto, por mi parte, confianza plena.

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