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FERNANDO GALLEGO 19/11/2020

El líder callado

Recientemente decía algún incauto que la Historia es inamovible. Atrevida ignorancia.

Sólo hace falta consultar el once del Sevilla FC para darse cuenta de que tal aseveración es totalmente errónea, pues tiene el club blanquirrojo en la banda derecha un chaval (sí, chaval, porque en nuestro imaginario será siempre un niño) que cada vez que se enfunda la casaca inmaculada bate el récord -su propio récord- de número de partidos oficiales defendiendo al club de Nervión. Y así será hasta que él diga basta. Aunque a saber cuándo será eso, pues hasta los más jóvenes, como Carlos Fernández, vaticinan su retirada antes que la del palaciego.

Jesús nunca necesitó un micrófono por delante para acaparar la atención y poner los focos sobre él. No fue jamás su preocupación caer en gracia y ganarse el aplauso fácil, pues siempre ha sabido que su oficio lo tenía en las piernas y no en la oratoria. Y es que, como le pasaba a José Antonio, juega mejor que habla; y a nadie le ha importado que sea así, como tampoco en el pasado se le pidió a Garrincha ser Séneca ni a Cruyff Chaplin. Puede estar tranquilo: cuando estuvo en la foto fue por lo sucedido en el césped, y hasta ahora parece que no le ha ido mal.

Reúne en sí alegría y el desparpajo de la tierra. También tiene el gracejo sutil de la Escuela Sevillista de principios del XX, o eso quiero imaginar cada vez que leo una crónica en la que narran lo que hacían Spencer o Brand. Navas abandera la sencillez, que no es simpleza ni necedad, sino virtud del que sabe los límites de su rol y jamás tuvo un mal gesto para rival o compañero. El deporte lo ha entendido siempre como lo que es: sana competición.

Tímido como en el primer día de colegio, colecciona tantos halagos que alguno se atreve incluso a decir -no sabemos si exagerando- que es el más hablador del vestuario. Cuesta creerlo, y más conociendo lo que a Juan Manuel Ávila le costó arrancarle cada frase para escribir su biografía. De lo que no cabe duda es que es su forma de entender el liderazgo es la de predicar con el ejemplo, y su máxima es el esfuerzo. A veces podrán no salir las cosas, pero cabe esperar su constante entrega. Queda claro con él, porque es el mejor modelo de ello, que no hace falta dar voces para ser capitán y que te respeten.

Esa paciencia infinita por llegar hasta la línea y repetir continuamente su jugada nos ha llevado a la gloria, y no una, sino en varias ocasiones. Pónganse los resúmenes. Busquen el que quieran: Eindhoven, Glasgow, Barcelona… Y ahí estará, podrán ver continuamente la misma maldita jugada una y otra vez del que “no sabe centrar”. La carrera en diagonal con la pelota amarrada a la bota; la pisada para cambiar de dirección o de ritmo; y el abrazo del compañero tras el gol con una sonrisa tan amplia que parece agradecer haber recibido un billete de lotería premiado. ¡Qué feliz nos has hecho a tantos!

Disfrútenlo, diviértanse viéndolo. Algún día él seguirá corriendo la banda y seremos nosotros los que no estemos. No lo duden.

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