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Fidelidad y evolución

Fidelidad no significa inmovilismo. La “fides” latina hace referencia a la confianza, a la lealtad, en definitiva a la fe en unos valores, en una forma de actuar, en una creencia. Normalmente alimentada por resultados positivos, no siempre se ve acompañada de éstos. La “fe del carbonero” ensalza precisamente la adhesión a una convicción y la coherencia con unos principios, para las que no es necesaria mucha ciencia, que prevalece independientemente del destino adonde conduzca.

Cuando la fidelidad es ampliamente correspondida por los resultados, es muy difícil dar el siguiente paso. Se requiere confianza, estabilidad, unidad, audacia y una dosis de ambición lo suficientemente desmedida, pero medidamente orientada, para acometer la subida al siguiente escalón. Digo bien, solo un escalón, solo así se llega hasta arriba. Saltando varios a la vez, el riesgo de caer escaleras abajo crece exponencialmente.

Faltarían otros ingredientes: el trabajo, la constancia, el equipo y la fortuna, cuya mejor definición encontramos en esa que sugiere que la suerte no es más que el cuidado minucioso de todos los detalles. Ahora sí tenemos todo, ahora podemos y debemos subir un peldaño.

Cerrado el mercado de fichajes, varias señales nos indican que nos disponemos a seguir creciendo, a subir por esta compleja montaña del fútbol y la alta competición:

  • La permanencia en la plantilla de los profesionales clave sobre los que se han construido los éxitos deportivos de la temporada recién finalizada;
  • La consecución de la sexta Copa de la UEFA Europa League, la clasificación para disputar la fase de grupos de la UEFA Champions League, la cuarta plaza en el duro y exigente Campeonato Nacional de Liga, y los flujos de ingresos que estos resultados garantizan;
  • La consolidación de un técnico que ha logrado en un plazo admirable, imponer un estilo y un esquema que permite obtener lo mejor de cada componente de la plantilla, bajo principios que nos definen: exigencia, intensidad, casta y coraje, ofreciendo una imagen de cohesión, robustez y circulación como pocas veces hemos visto;
  • La dirección deportiva, que añade a una metodología contrastada para identificar talento, hacerlo crecer, crear valor y vender para volver a fichar, la inoculación del gen de la entrega y el triunfo nada más bajar del avión a cualquiera que llega para defender la camiseta.
  • El extraordinario trabajo del equipo de preparadores físicos, que han impuesto un elevado estándar de forma, resistencia y fondo, claves en la competición, en el fútbol moderno y en un calendario más tensionado de lo recomendable;
  • El inmenso valor del intangible conseguido en competencias críticas como la motivación individual, el compañerismo, el orgullo de pertenencia, la autoexigencia, la familiaridad y el compromiso;
  • El respeto, sobre el que ya escribí, ese hito tan sencillo pero fundamental para crecer, ganado por fin y a pulso tras 130 años de historia viva, que requiere del rival un esfuerzo adicional y que siempre suma;
  • La organización, una estructura engrasada en la que valiosos profesionales responden a perfiles de una compañía de alto rendimiento, con esquemas de competencias, relacionales y de desarrollo propios de la nueva gestión de recursos humanos y financieros, con una visión internacional y empujando una marca cada vez más valiosa;
  • El compromiso social que va más allá de devolver a la sociedad lo que se obtiene de ella, con una Fundación que debería avanzar en sus programas, visibilidad y presencia.
  • La afición, ese activo sin el que nada tendría sentido, un colectivo que siente latir de forma sincronizada el bombeo imparable, alegre, identitario y familiar de un escudo, de una bandera, de una memoria, de una personalidad que nos une en la complicidad del sevillismo, ese que nos hace emocionarnos cuando salta al campo el equipo, ese que nos lleva por Europa en volandas de amistad, ese que nos ha regalado vivir momentos únicos con nuestros padres, con nuestros hijos y nietos.

Los mimbres están, pero los riesgos también. Y siempre hay que medirlos y saberlos gestionar para poder evitarlos o al menos reducirlos. Esta ola de éxitos deportivos, este proyecto empresarial consistente, esta marca reconocida, atrae y no es casualidad, la atención creciente de inversores ajenos al entorno del Club, como ocurre en todo el mundo y especialmente a raíz de la generación de retornos financieros que igualan y superan rentabilidades obtenidas por otros activos en el vasto universo del mercado de capitales.

Y aunque no hay razón inicial para concluir un conflicto de intereses entre una rentable inversión financiera y un exitoso proyecto deportivo, lo cierto es que algunos ejemplos en el fútbol doméstico y europeo nos indican que no siempre se gana cuando se invierte, que debe existir detrás un propósito, la fidelidad a unos valores, la ambición de crecer sobre lo construido, peldaño a peldaño, sin renunciar a nada pero siendo conscientes de dónde venimos, y sobre todo, incorporando en el ejercicio la humildad, el sentimiento, la esencia y la patria que es el sevillismo y nuestro Sevilla F.C.

Estamos preparados, demos el siguiente paso, subamos el siguiente escalón, pero hagámoslo sin perder el equilibrio.

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