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JOSÉ MANUEL ARIZA 04/10/2020

El sueño eterno

Mut, Santín, Campanal, Valero, Ruiz Sosa, Achucarro (sin tilde en la “u” y el tónico en la segunda “a”, por favor, que me lo dijo él mismo) Agüero, Diéguez, Antoniet, Pereda y Szalay… recitábamos de corrido de niños, cuando despertamos al sevillismo y tuvimos capacidad para memorizar once nombres (que ya éramos palanganas antes de tener memoria) para cantar nuestros guerreros y ponerles caras a todos y cada uno de ellos. Mejor ponerles cromos que entonces y por mucho que algunos puedan sorprenderse hoy, no nos llegaba todavía la televisión y teníamos escaso o nulo acceso a la Hoja del Lunes. Y el periódico de las grapas, más lejano aún. Cuando llegó la tele en blanco y negro (sobre todo gris, añado) solo Madrid y muy poquísimo más. Casi como ahora pero a lo bestia que para eso era el equipo del régimen. Como ahora.

Eran onces largos en el tiempo y que cambiaban poco en años con, quizás, algún nombre nuevo o dos la siguiente temporada, la marcha de alguno a otras tierras y equipos con más posibles y el ascenso de un suplente a titular que rápidamente era incorporado al recitario infantil colectivo.

Tan largos como aquellas décadas tristes, monótonas, duras y hasta deprimentes. Aguantamos porque era, es y será Hasta la Muerte.

Pero apenas iniciado el segundo milenio (DC, claro) llegaron los magos. Celebramos un Centenario de la Fundación que no lo era (como bien supimos poco después) y que sin embargo, nos trazó un rumbo distinto: dejamos de mirar la costa para otear el horizonte  y venciendo borrascas, ciclones, tifones y galernas, descubrir y conquistar nuevas tierras y un nuevo continente (que ya era viejo cuando llegamos) pero que a nosotros nos pareció la Revelación, el Dominio, un Mundo amplio y Maravilloso pletórico de riquezas. El no Centenario nos puso Música plateada y de una hermosura tal que se quedó para siempre, para navegar con notas arrebatadas hasta los confines como contaban las lenguas antiguas.

Pues ésos tres magos (Roberto, Joaquín y Ramón) eligieron al tercero (dos contra uno, mayoría, pero que aceptó encantado el reto) para que compusiera un puzle gigantesco y el que fuera cancerbero, ocupó todo su tiempo en encajar las piezas y formular los conjuros en el sitio justo hasta lograr el Bálsamo de Plata (el de Fierabrás era más antiguo y aún no había fútbol). Redomas, retortas, damajuanas… tomillo, lavanda, albahaca, salvia…

Agazapados 116 años aunque dueños absolutos de la gran parcela del Sur (con algún otro caso puntual y aislado que lo sigue siendo), despertamos a un amanecer luminoso para convencernos que ahora sí, o sí, el mundo europeo es ancho y que se pueden recolectar metales preciosos si das con la veta y empleas las barrenas adecuadas.

Y tuvimos que aprendernos onces nuevos cada año y la plata no cesaba de llegar porque la Plata se aprendió la Ruta de vuelta. La memoria de las alineaciones fue sustituida (en un baile sin fin, eterno) por nombres extraños y mal pronunciados de jugadores, de clubes lejanos, de viajes, aviones y trenes… dejando un reguero de víctimas en las contiendas. De sedes, de finales, de copas… que nos enseñaron geografía continental en vivo, en persona y en directo. Patear para ganar y llegar para volver volando con alas en los corazones.

Y Ramón, el mago, componiendo puzles y sortilegios año si año también, llega un momento en que nos permitimos, osados que somos, decirle NO a ofertas que antaño nos hubiera parecido escandalosas, alucinantes, muy fuera de “nuestro” mercado. El status imprime mínimos y cuando la necesidad no te ahoga porque has aseado la Casa perfectamente, sueltas un NO con cara de póker. Sube la apuesta, Sam, que tengo seis Damas y un comodín en la manga.

“El club lleva haciendo ventas importantes desde hace 20 años. Y eso nos ha traído 10 títulos, por lo que no vamos a cambiar nuestro modelo”, dice el Mago componedor y que es la traducción exacta de: si el encantamiento funciona, no lo toques. Y funciona. A fe mía que funciona y yo lo he visto, sentido, cantado y vivido. Suerte que no tuvo quien me hizo palangana.

El Componedor encajó piezas y mezcló las pócimas (alguna no, por cierto, en éste puzle gigantesco) pero lo importante era la composición final, el cuadro total, el rompecabezas mágico fijado en su marco eterno. Porque el Marlowe de San Fernando se quedó con las más bellas, con las diosas argentinas.

Luego llegaron nuevos magos y el sueño se perpetuó, se hizo eterno porque un día se abrió la Puerta a la Gloria y entró un vendaval de aire fresco que nos levantó en volandas por siempre.

Reconocidos en todo el mundo (con lamentables, infantiloides y risibles excepciones locales, más fruto de carencias propias y de deméritos) el Sello Sevilla FC se ha convertido en Marca Internacional de Alto Valor Añadido.

La “mala suerte” en los sorteos la hemos proyectado en los otros. Miedo, sienten miedo.

Y una inmensa FLOR mágica, sabiamente cultivada en Nervión, en un aquelarre inagotable de Color, Olor y Sabor para siempre. Eterno sueño que se cumple.

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