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CARLOS ROMERO 08/10/2020

El Sevilla FC, y la generación del 27

La conocida ‘Parábola del elefante’ es de origen hindú, y nos cuenta cómo unos ancianos ciegos arden en deseos de saber cómo es un elefante, pues nunca lo vieron. Por el poblado pasaba una caravana de comercio, con la particularidad de que traían un elefante y los ancianos pidieron permiso al dueño para palparlo y así hacerse una idea de cómo es.

Uno tocó la pata del elefante, y se dijo para sí mismo que un elefante era como un gran cilindro vertical. Otro palpó la trompa, y pensó que era como una serpiente; el siguiente le acarició una oreja, y se lo imaginó como un gran abanico. En realidad, se marcharon del lugar sin saber cómo era realmente un elefante y su morfología completa. Es una parábola que se utiliza para demostrar la incapacidad o dificultad del hombre para conocer la totalidad de la realidad.

Salvando las distancias, nos puede servir de introducción para reflexionar sobre la dimensión que adquiere el Sevilla FC, no ya por los éxitos de los últimos años cargados de centenares de kilos de plata, en el que este club no sólo se ha labrado un lugar en la élite -por derecho propio- y en el panorama futbolístico internacional, sino como excelso embajador de una ciudad que tiene una proyección universal indiscutible desde hace siglos. Ya lo dijo nuestro presidente Miró Trepat allá por 1913, “…y la admiración de los demás es nuestro premio”, pero todo ese éxito podría traducirse en una oportunidad perdida con esto de la ley no escrita de las equidistancias y los contrapesos por ser una ciudad dual en lo futbolístico, (casi en todo realmente) y la cuasi obligación de tratar por igual lo que no lo es. No se puede ser profeta en tierra propia parece ser.

Pero esa dimensión de la que hablamos no se traduce únicamente en gestas de tiempos recientes, sólo estaríamos palpando la oreja del elefante, la grandeza se remonta prácticamente al comienzo de los tiempos de la esferomaquia sevillana con muchos hechos que analizaremos en otras ocasiones, pero hay uno que es digno de mención y de recuerdo, un episodio que forma parte de la realidad total del Sevilla FC.

Teniendo en cuenta que, antropológicamente hablando, el fútbol forma parte cultural del sapiens-sapiens, muchos dirán desde otras concepciones que fútbol y cultura no casan demasiado, pero, ¿y si afirmamos que la aportación del Sevilla FC a la cultura ha sido mayúscula? Algunos me tildarán de loco. Algo de razón tendrán.

En anteriores artículos hablamos del carácter social de la sociedad sevillista, de regeneracionismo, de su aportación a la transformación de una ciudad sumida en la depresión a principios del siglo XX, y ahora es cuando toca hablar de un personaje poliédrico que fue presidente blanquirrojo, pero que fue mucho más.

Manuel Blasco Garzón, nació en Sevilla en 1885, masón, político, brillante orador, y como casi todos nuestros personajes sevillistas natos decimonónicos, lo hizo en una familia acomodada. Estudió Derecho en la Universidad de Sevilla, licenciándose en 1905 con premio extraordinario, y su compromiso con los más desfavorecidos fue patente desde joven en Blasco, en 1921 organiza en el Palacio de San Telmo un hospital de sangre para aliviar a los heridos en el desastre de la batalla hispano marroquí que se produce en Annual (Marruecos). Un hospital de sangre era un hospital provisional que se ponía en marcha en un sitio estratégico para atender más fácil y eficientemente a heridos de conflictos bélicos.

Además de ser director de la Real Academia de Buenas Letras, presidente del Colegio de Abogados, lo fue del Aeroclub de Andalucía y del Club Rotario de Sevilla, perteneciendo a la Sociedad Económica de Amigos del País, amén de ser un reconocido cofrade, y del Ateneo de Sevilla.

Durante su mandato en el Ateneo se propuso llevar la cultura a todos los rincones de Sevilla. Muestra de ello fue la salida a las casas de vecinos para hacer partícipes de la cultura a aquellos que ni soñaban, tal vez, con poder acercarse a ella. Blasco Garzón pretendía desde su cargo, llevar el nivel cultural a los barrios y contribuir a la educación de los ciudadanos, ayudando a la lucha contra el analfabetismo. Un proyecto sin igual en la época.

En el terreno político, republicano, presentó su candidatura a las Cortes por el distrito electoral de Estepa en las elecciones de 1923, logrando sacar 10.833 votos y obteniendo acta de diputado.

Fue concejal del Ayuntamiento de Sevilla, ejerciendo de alcalde interino en varias ocasiones; diputado por Sevilla en Cortes con la izquierda liberal en 1923; y una vez constituida la Segunda República, se presentó a las elecciones con el Partido Republicano Liberal en 1933, y por la Unión Republicana en 1936. Alcanzó el máximo en política al ser ministro de Comunicaciones y Marina Mercante, y después ocupar la cartera de Justicia.

Durante la dictadura de Primo de Rivera se mantuvo alejado de la política, centrándose más en la actividad de carácter cultural. Llegó a la presidencia del Sevilla FC en 1924, y trajo bajo el brazo cambios importantes que apuntalarían las infraestructuras del club blanquirrojo. Quizás muchos no sepan que Ramón Sánchez-Pizjuán fue portero del Sevilla FC, debutó con el primer equipo en 1918 en un partido amistoso en Portugal, pero Paco Alba, presidente en aquel momento le diría algo así como: “Ramoncito, hijo, lo tuyo son los estudios, eres un chaval inteligente, así que aprovéchalo”. Era un portero malísimo.

Sánchez-Pizjuán, apellido compuesto indisoluble donde los haya, le hizo caso, terminó sus estudios, y Manuel Blasco Garzón lo rescató para que formara parte de la directiva sevillista como secretario. A buen seguro no sabía la que liaría con los años aquel jovencísimo abogado en el fútbol español, y a las altas cotas que llevaría al Sevilla FC, pero ya apuntaba formas. Curiosa la similitud, quizá por aquello del dicho de que la historia se repite, que un portero vuelve o perdura en el tiempo para hacer más grande al club sevillista, yo no perdería de vista a otros guardametas en el futuro, especialmente si son malos.

De la misma forma, Blasco puso en marcha lo que podríamos considerar los primeros servicios médicos del club, con su amigo y médico José Manuel Puelles de los Santos a la cabeza, y dotó al estadio de la Avenida de la Reina Victoria, (actual Avenida de la Palmera) de los habitáculos necesarios para estos servicios. Por supuesto, campeonó en la Copa de Andalucía, aumentando el palmarés.

Llegados a estas alturas, y observando el currículum del personaje, sería muy complicado mejorar el plantel que os estamos presentando, pero aún nos queda la guinda del pastel.

Siendo presidente del Ateneo de Sevilla, Manuel Blasco Garzón fue el máximo responsable, junto a José María Romero Martínez, miembro del Ateneo igualmente, de la organización de los actos y ciclo de conferencias en homenaje a Góngora, y convirtió a la ciudad en la capital poética de España. Este acto dio pie a lo que se llamó desde ese momento ‘La generación del 27’; Lorca, Salinas, Altolaguirre, Alberti, Cernuda, Aleixandre, Gerardo Diego, Dámaso Alonso y otros tantos, formaron parte de este grupo de poetas que bien es conocido por todos y en el que no abundaremos por motivos obvios.

De izquierda a Derecha, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabas, Mauricio Bacarisse, José M. Platero, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso, y Gerardo Diego en el Ateneo de Sevilla. Foto Archivo Histórico.

De izquierda a Derecha, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabas, Mauricio Bacarisse, José M. Platero, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso, y Gerardo Diego en el Ateneo de Sevilla. Foto Archivo Histórico.

 

Un presidente sevillista, entre otras muchas cosas como hemos podido comprobar, fue el responsable de este hecho histórico tan importante para la literatura universal, para gloria de Sevilla y de sus habitantes. Es muy complejo que un personaje del calado y de la dimensión de Blasco vuelva a repetirse, tuvo suerte de presidir el club sevillista, y el Sevilla FC tuvo el honor de ser dirigido por él.

A Blasco le pilló el alzamiento fascista de 1936 en Madrid, siendo ministro de Justicia, cuestión esta que le pudo salvar de ser fusilado, ya que en Sevilla el golpe fue muy temprano. Se exilió en Buenos Aires, Argentina, y en 1939 pasaría a ocupar el cargo de cónsul general de España del gobierno republicano en el exilio.  Miembro del Centro Republicano Español en la capital argentina, sería director durante varios años de la revista España Republicana -órgano de la institución- también colaboraría frecuentemente con el diario Crítica.

Nunca volvió a ver su Sevilla querida, ni su Sevilla FC, ni su hermandad del Silencio cuya cuota siguió pagando religiosamente, nunca mejor dicho, desde el exilio. Fue relegado al olvido forzoso por su condición política, y falleció el 21 de noviembre de 1954.

El Sevilla FC solicitó al Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla en 2013 que Blasco Garzón formase parte del callejero sevillano. Aún recuerdo cómo tuve que salir de mi clase de Antropología Social y Cultural en el Rectorado, camino del Ayuntamiento para, junto al presidente José María del Nido explicar a Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla en aquel momento, la importancia de este polifacético personaje, y solicitar formalmente una calle en Sevilla para él.

Finalmente le fue concedida, y en mi humilde opinión, si de mí hubiese dependido, le habría dado una más importante, pero a buen seguro los habitantes de esa calle se sienten orgullosos al saber quién fue y lo que representó.

No sabemos si este episodio blanquirrojo es una pata, una oreja, o la trompa del elefante. Lo que sí sabemos es que forma parte del todo y de la verdadera dimensión del Sevilla FC, que conocemos en su totalidad porque la historia nos da esa perspectiva necesaria y suficiente para vislumbrarla, de ahí su necesidad. Quien no sea capaz de verla será porque no quiere, porque contarla, la contamos.

Gloria y honor a Manuel Blasco Garzón.

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