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JOSÉ MANUEL ARIZA 11/09/2020

El caos y el cosmos

Saludos.

«Antes del mar y de la tierra y del cielo que todo lo cubre, en toda la extensión del orbe era uno solo el aspecto que ofrecía la naturaleza. Se le llamó Caos: era una masa confusa y desordenada, no más que un peso inerte y un amontonamiento de semillas mal unidas y discordantes» (Ovidio, Met. I, 5-sg.).

Y en la Odisea, cuando Ulises, por fin, se dispone a partir hacia Ítaca del país de los feacios, se lee: τοὶ δὲ καθῖζον ἐπὶ κληῗσιν ἕκαστοι κόσμῳ “y cada cual se sentó en los bancos en orden” (Od. XIII, 77), esto es, cada uno se sentó en el lugar que le correspondía.

Pitágoras y Heráclito, en el siglo VI antes de nuestra era, ya hablaban caos (χάος) y de cosmos (κόσμος). Definido de una forma tan sencilla que hasta yo lo entiendo, el primero sería el desorden (confusión, desconcierto…) y el segundo, lo contrario (claridad, coherencia…)

El 2020 está siendo un año caótico (de caos) porque un bichito microscópico (los primeros en llegar al planeta parece que tenían ése tamaño aproximadamente) ha desarbolado al mundo entero y ha puesto en evidencia, como nunca, que no hay enemigo pequeño: nos ha desordenado totalmente. Se dice que la fortaleza de tu enemigo hace tu victoria más importante, más valiosa. En viendo el tamaño del gusarapo, uno se pregunta si siendo tan chico… ¿cómo cuesta tanto vencerlo?

Nosotros, contemporáneos con la edad suficiente, hemos vivido una fase de la Historia de la Humanidad realmente excepcional: hemos visto llegar a la Luna; llegar la televisión, Internet, el 5G, llevar un potentísimo ordenador en el bolsillo y poder comunicarnos en tiempo real con alguien en el otro extremo del globo; hemos visto un cambio de siglo y de milenio y tenemos la posibilidad de viajar por todo el mundo en cuestión de horas; se han vencido a otros bichitos que causaban mortandades espeluznantes en otros tiempos aunque nunca pudimos con los peores: el hambre y la pobreza (contra éstos no parece interesar la vacuna).

Pues ante tanto desarrollo técnico y científico, el más pequeñajo es el que causa mayor destrozo.

Nosotros también, sevillistas contemporáneos, hemos visto el infierno y el cielo; hemos catado un poco de la sopa de Pedro Botero (sin llegar a hartarnos porque el mejunje está asqueroso y no se le desea a casi nadie); hemos vivido décadas en gris cuando un puntito de color nos hacía explotar de alegría hasta que por fin, hemos probado caos y cosmos y hemos decidido que es mejor instalarse en la idea universal, en el cielo argentado… que es incomparable revestirse con armadura de plata (de seis o siete capas mínimo) para campear allende la aldea y dejar huellas de calor, sones y colores imborrables por el continente.

Aunque, lamentablemente, hemos tenido que ver a nuestro Equipo en HD y con las gradas vacías en un sprint final sobresaliente, por mor de otro bicho más grande.

Éste año maldito, en el que la Marca España del fútbol ha sufrido un desastre equiparable a la pandemia en lo deportivo, solo una luz nos ilumina y solo un Equipo usó la cosmética (de cosmos) para tapar las arrugas, los desconchones y las grietas de la “mejor Liga del mundo”; para dejar en evidencia que la “aristocracia” de nuestro balón se sustenta en una gran mentira, en un artificio hediondo e interesado para premiar, asimétrica y generosamente, a dos o tres en detrimento del resto aunque suspendan el curso (aquí no vale la cultura del esfuerzo porque tienen el premio asegurado). Y ha tenido que venir un “burgués” para ordenar el camarote, adecentar la casa y para presentar unos deberes impecables, de nota muy alta; para demostrar brillantemente que aquí abajo, los denostados palanganas (solo se odia a quien se teme) han sustentado por sí solos la parafernalia hispana dejando en evidencia a los señoritos ricachones, a los amos del cortijo.

Bien poco que me importa lo que “vendan” por ahí que mi universo está en Nervión.

Nos subimos a las barbas de gente importante (Davides contra Goliatses) y con enjundia futbolera, muchísima pasta y con historiales tremendos en lo del balón para decirles: somos los Reyes del Sur y tus euros no pueden conmigo porque yo soy el Sevilla Football Club, de la Ciudad Cosmopolita de la Giralda que mira orgullosa. Que las finales no se juegan y que me importa un comino cómo te llames: te gano y punto y Copa.

Y el Cosmos, en el año del Caos, se vistió de blanco y rojo.

Cuidaros.

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