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MIGUEL CANALES 23/08/2020

Con Julen Lopetegui, me equivoqué

Debo reconocerlo, me equivoqué con Julen Lopetegui. Pero mi valoración previa no estaba marcada por prejuicios de sus situaciones fuera de los terrenos de juego. Esas ni me importaron en un principio y menos me importan ahora. No estuve en esa corriente del sevillismo que tenía la mosca detrás de la oreja por los acontecimientos que ocurrieron alrededor de selección española y Real Madrid. Mi perspectiva sobre Lopetequi estaba motivada por lo que había visto de él como entrenador.

En el verano pasado hice un análisis bastante profundo del modelo de juego de Julen a lo largo de su paso principalmente por Real Madrid y Oporto, de donde eran más extrapolables las conclusiones sobre lo que podría ofrecer en el Sevilla como técnico ( en el siguiente enlace puede encontrar el lector el trabajo realizado ¿Cómo defenderá Lopetegui en el Sevilla?). Para ello vi no menos de 20 partidos, todos los del Real Madrid, varios en Europa y liga portuguesa con el Oporto y alguno más de la selección española que él dirigió.

No me gusta nunca hablar de lo que no conozco y menos dejarme llevar por las emociones sin conocimiento. Todavía menos cuando hablo de fútbol. Así que me puse manos a la obra para conocer más a fondo al Julen entrenador-sobre todo estratega- antes de dejarme llevar por las ideas previas que tenía de él en mi memoria no tan cercana. Lo que me encontré no me llenaba en clave sevillista.

Tenía serias dudas, como se desprende en el análisis enlazado, sobre qué plantearía defensivamente en el Sevilla y si sería capaz de encontrar solidez defensiva a través de la transición defensiva-al pasar de ataque a defensa- porque había sido su caballo de batalla en los clubs que había entrenado.  Tampoco era un enamorado de su modelo de juego ofensivo, basado más meter muchos centros laterales y generar superioridades por fuera que en otra cosa. Mucho balón, fútbol control y muchos centros laterales, ciertos problemas defensivos tras la pérdida, algunas rachas negativas relativamente largas donde le costaba sacar al equipo de inercias no ganadoras estaban ahí también. Tampoco le veía un entrenador demasiado dado a salir de su posicionamiento 1-4-3-3, salvo situaciones puntuales donde si tiraba de línea de 3 en defensa, o metía doble 9 cuando los partidos se le ponían en contra en las segundas partes. Lo veía un entrenador rígido, poco dado a modificar sus ideas y con un estilo de juego demasiado marcado, no muy adaptable.

En contrapeso a esto también valoraba sus inicios de temporada en los equipos. Oporto y Real Madrid comenzaron las temporadas con él como tiros. Su paso por la selección española fue más que notable y tenía un partido suyo con España que me había marcado. Fue el España-Italia donde, después de muchos años, veíamos a España replegar a campo propio y defender en su área sin utilizar el tikinaccio que se convirtió en marca registrada del combinado nacional durante muchos años. (Véase este artículo de Ecos del Balón para conocer este aspecto “Lopetegui es otra cosa”). Esto si me había puesto en alerta porque rompía muchos preceptos y moldes. También de los que tenía sobre él.

Después de todo este análisis tiraba en mí la parte más emocional. Queramos o no, nuestra valoración no es 100% analítica y los gustos marcan mucho la pauta en las valoraciones que hacemos. El fútbol de Lopetegui no me satisfacía del todo. Quizá mi paladar se ha vuelto más sibarita y ahora vivo más alejado del fútbol. No veo tanto y busco aquello que me da sensaciones. Soy más de ver equipos o jugadores que me satisfacen que de ver mucho de la manera que sea como antaño.

Pensaba, también, que el Sevilla necesitaba un fútbol más pragmático para reconstruirse y encontrar estabilidad en el banquillo tras dos años con demasiado terremoto en el vestuario de Nervión. Lopetegui te daba mucha posesión, fútbol con control pero con una puerta abierta a recibir contragolpes que había sido el talón de Aquiles principal del Sevilla de las dos últimas temporadas. No lo veía como un entrenador que hiciera un equipo de granito y duro atrás desde el que empezar a definirse.

Comenzó la temporada y la pauta de lo que esperaba se daba casi al 100%. Equipo de mucho control, bandas y más bandas con mucho centro lateral y racha inicial de resultados positiva. Clavaba lo esperado por él, pero sin enamorarme. Era en las derrotas, como la de Eibar, o en los partidos donde se salía del guion como contra el Qarabag de visitante donde yo veía el mejor Sevilla. Los primeros 45 minutos en Mendizorroza y los últimos 30 en  Rusia fueron totalmente diferentes al resto de los partidos de los primeros 3 meses. El equipo renunciaba al control tiránico de la pelota y corría. Y además corría como los ángeles ante equipos volcados. Fueron gotas en el desierto dentro de un patrón muy cerrado. Partidos con mucho control hasta el 1-0-en algún caso se llevaba hasta el 2-0-para replegar a campo propio, hacerse fuerte en área y resistir. El equipo hacía un trabajo de funcionariado, ganaba muchos más que perdía y se iba haciendo fuerte defensivamente.

Como comenta en muchas ocasiones el analista Miguel Quintana, el Sevilla se construía como un equipo de cantidad por encima de calidad. Llegaba mucho pero no muy claro y le llegaban poco pero generalmente con claridad.

Sin embargo, los parones competitivos marcaron la diferencia. Después de las vacaciones navideñas llegó la visita el Bernabeu. Ahí vimos un Sevilla distinto en cuanto a su concepto de juego. Empezó a escalonarse mucho más en la salida de balón, a encontrar muchos más jugadores por dentro y a intentar un  juego más equilibrado en cuanto a reparto espacial. Hace un muy buen partido pese a la derrota e intenta introducir cambios para hacerse menos previsible. Aquello tiene continuidad contra el Levante y el equipo ataca mucho más los picos de área que la línea de fondo. Se gana 3-1 en uno de los partidos, hasta ese momento, donde el ataque fluye más. El equipo corre más y busca más juego interior.

Sin embargo aquello no tiene continuidad. Comienza una mala racha de resultados, y aquí vienen a mi memoria los tiempos pasados de Lopetegui en Oporto y Madrid. La racha de resultados se cae después de un gran arranque. Llegan las dos competiciones, jugar cada 3 días, la necesidad de rotaciones. Ello lleva a  5 partidos sin ganar, eliminación de Copa, eliminatoria casi al cara o cruz contra los rumanos del Cluj. Son los peores momentos de Lopetegui que sigue calcando lo que intuía de él, visto su recorrido previo a Sevilla.

Veo que ha habido los llamados “brotes verdes”, situaciones-incluso en las derrotas-que yo valoro más que las victorias. Julen ha buscado darle al equipo otras cosas y han funcionado pese a las derrotas- Eibar o Madrid-. Pero no han tenido continuidad. En ese momento de la temporada el modelo de juego se ha atascado y ya no lo están sosteniendo los resultados. El más arriba y menos abajo, lo empieza a decantar más la calidad que la cantidad. Suenan alarmas en el sevillismo y en mi pensamiento se repite. Se veía venir.

Hasta aquí “mi relación” con Lopetegui es de subis-bajis. Veo cosas, pero no se implantan. El guión es al 90% el mismo. Dominio y muchas llegadas por fuerza y empuje, recibir pocas ocasiones pero claras y resultados ajustados. A favor o en contra. Muchos partidos decididos por detalles y no tanto por diferencia de categoría tanto a favor como en contra. Empiezo a creer que Julen puede cambiar cosas de su marcado ideario pero vuelven a no tener continuidad. Creo y dejo de creer.

Getafe y Atlético de Madrid vuelven a sostener al equipo. Aquí Julen ha roto uno de mis prejuicios. El equipo no se le ha terminado de caer como yo creía-visto su recorrido previo a Seviilla- Y le da la vuelta a una situación muy complicada para él y para el Sevilla contra mi “pronóstico” previo. Y llega el confinamiento. Todo se para y a la vuelta, Lopetegui si se corona. Cambia radicalmente mi percepción sobre él. Otra vez es un parón el que le lleva a darle una vuelta de tuerca, dentro de sus ideas de base, al equipo. Si antes era un equipo competitivo, ahora sí que se hace de granito y empieza a dejar atrás vicios.

La vuelta a la competición contra el Betis no deja tantas diferencias, control, dominio, balón parado, 2-0 a favor y repliegue intensivo para volver a intentar dejar al rival con las mínimas ocasiones posibles. Hay algún susto y el equipo repite patrón de muchos partidos. Villarreal es otro ejemplo de la dirección de campo de Lopetegui, bastante buena a lo largo del año, pero llevada al extremo tras el reinicio competitivo. Tras una primera parte anodina de control estéril, Julen modifica el modelo de juego y sobrecarga en bandas-sobre todo derecha- su ataque. Y vemos un Sevilla que ataca mucho mejor que en la línea media de sus partidos( ¿quizá los mejores ofensivos de la temporada en la segunda parte?)

A partir de ahí, partido medio contra el Valladolid, marcado por la pauta general que lleva al 1-1  Y la transformación en equipo metalúrgico absoluto que diría el gran Martín Perarnau. Si la transición defensiva durante todo el año ha sido buena-ahí radicaba mi gran duda con Lopetegui- a partir de Julio adquiere otra dimensión. El triángulo Fernando- Kounde- Diego Carlos lleva al Sevilla a prescindir cada vez más del repliegue a campo propio.

Al equipo le sigue costando más o menos atacar, sigue siendo muy dependiente del balón parado, no termina de ser brillante. Pero alcanza otro nivel de competitividad y control. Defiende mucho menos en área y empieza a renunciar al repliegue intensivo como marca clara. Ahora si que es una roca como demuestra que gana 9 partidos y empata sólo 1 a cero contra la Real Sociedad. Ha dado un paso adelante y tiene una determinación mucho mayor.

La temporada termina viéndose en los partidos  de Europa League que puede sostenerse con problemas en su transición defensiva-como muestran los Wolves de Nuno, el United de Soljskaer o Inter de Conte- y ya no es Ocampos-Navas dependiente en ataque. En los últimos 4 partidos de la temporada no asume que tiene que replegar cuando está con marcador a favor a sostener resultados en área propia y es capaz de darle la vuelta a resultados adversos. Esos aspectos han marcado gran parte de la temporada y estaban grabados a fuego en el insconsciente colectivo sevillista. Minuto 70 ganando, suponía defender si o si en área propia, y gol rival antes del sevillista llevaban a una lucha titánica por darle vuelta al marcador.

Lopetegui no solo ha conseguido que su equipo le crea, también ha roto los problemas que tenía el equipo y ha conseguido en el tramo final del año que tenga más argumentos competitivos de los que tenía. Y que pueda sostenerse al máximo nivel competitivo-e incluso aumentarlo- sin lo que parecían ser sus pilares básicos, el rendimiento de Diego Carlos y Ocampos que llegaron muy justos físicamente al final del curso.

Por todo esto tengo que decir, que sí, que Lopetegui me ha cambiado la percepción que tenía de él. Ha tenido sus momentos de fortuna que necesitan todos los grandes equipos para ser recordados como campeones. Más allá de los brotes verdes que hablábamos, me convencido por la capacidad de controlar los partidos- salvo esos minutos terribles del United en semifinales-.

Ha pasado a estar, con las diferencias que conllevan, en ese conjunto de entrenadores como Capello, Lippi o Mourinho para mi. Entrenadores con una capacidad para controlar partidos y trabajarlos emocionalmente desde sus jugadores. Que , en muchas ocasiones, no practicaban un fútbol brillante pero de los que podías esperar que a sus equipos los tenías que matar tres veces cuando perdían el control del juego porque luego tenían algo más para volver a los partidos. Julen no ha tenido los jugadores en Sevilla que estos tres entrenadores tuvieron en su carrera. Pero me ha llegado a convencer que tiene la capacidad para controlarlos como hacían esos técnicos en los mejores momentos de su carrera. Desde otra forma, pero con el mismo fondo.

Capacidad para sufrir, competir y controlar los partidos, dirección de campo, motivación grupal. Y una transición defensiva muy potente-pese a los penaltis en los 3 últimos partidos de Europa League-. Para mi los grandes equipos, salvo salvajadas ofensivas, se sostienen en esto. En su capacidad para no conceder contraataques a los rivales. Ahí Lopetegui se ha lucido-algo que me presentaba muchas dudas- y desde ahí ha construido una máquina competitiva. Ojalá le sumo esos brotes verdes de los que hemos hablado en el análisis- Eibar, Qarabag, R. Madrid, Levante, Villarreal- de manera más asidua. Porque entonces, cuidado. Este equipo sería, incluso, muy divertido de ver. Aunque para la mayoría lo divertido sea “solo” ganar.

 

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