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RAFAEL CÁCERES 12/05/2020

¿Poderoso caballero es don dinero?

Palabras como coronavirus, confinamiento, Covid19, distancia social o desescalada y ‘palabros’ como gotículas, seroprevalencia o hidroxicloroquina, han pasado a integrarse en nuestro reciente vocabulario habitual.

Esta maldita pandemia que nadie había vivido, está demostrando la vulnerabilidad del mundo tal como lo entendíamos. Un ‘bicho’ microscópico, tan endeble que muere tan solo con agua y jabón, ha demostrado los estragos que puede causar sin entender de fronteras, edades, religión, sexo… Nos iguala a todos aunque caprichosamente es letal con algunos y benevolente con otros.

El fútbol, tan rico en millones de euros, también ha hincado la cerviz ante el ‘bicho’ de marras. Son muchos millones de billetes los que se juegan en este partido y muchas las vidas (y medios de vida) que andan en juego.

El fútbol es pasión, es sentimiento desmedido por tu equipo, es colorido y animación, palmas y cánticos, banderas y bufandas, himno y clamor. Sin aficionados, sin seguidores no hay fútbol.

Pero el fútbol profesional también es una industria que por sí sola genera en España 15.688 millones de euros, un 1’37% del PIB anual y emplea a 185.000 personas, a lo que habría que añadir otros 4.000 millones indirectos (hostelería, merchandaising, hoteles, agencias de viaje…).

Y en esa diatriba van saliendo comunicados, artículos, opiniones que defienden la primera idea: la de la pasión, el colorido y la animación. Aparecen frases como “el fútbol no es nada sin aficionados”, “No al fútbol a puerta cerrada”o “No al fútbol negocio”. Quienes así se expresan, entienden que cuanto mayor sea el presupuesto, se pueden fichar mejores jugadores, luchar por objetivos más altos y, en definitiva, estar en la élite, pero anteponen la presencia de la afición en la grada al interés económico.

Frente a esta corriente de opinión, se encuentra por otro lado, una segunda idea, defendida por los próceres del fútbol patrio, a quienes también agradaría tener pobladas las gradas, pero anteponen los intereses económicos a cualquier otra cuestión. Quieren que esto se reanude cuanto antes, aunque sea a puerta cerrada, sin tener en cuenta que, lo primero es acabar con la enfermedad y después ya vendrá lo demás.

Ambas posturas tienen sus pros y sus contras.

Quienes defiende a ultranza las gradas con aficionados y si no no hay fútbol, no están pensando en la gente mayor o sin abono, que no puede ir al fútbol, personas deseando de ver ya a su equipo, y sólo pueden sentir sus colores a través de la TV. Tampoco valoran los puestos de trabajo de los empleados del fútbol.

Pero quiénes ven el fútbol desde el punto de vista de las empresas que generan riqueza, sueldos estratosféricos o suculentos dividendos, no están pensando en los aficionados que han pagado su carnet y se les hurta la posibilidad de alentar, sufrir o disfrutar de su equipo desde su estadio, en muchos casos, su segunda casa.

Parece que el dichoso virus ha venido para quedarse y, hasta que no haya medicamento y/o vacuna que nos proteja, no vamos a ver las gradas como siempre fueron. Entre partidos a puerta cerrada o estadios llenos, habría que arbitrar desde ya, de manera transitoria, otras medidas para que pueda asistir 1/3 o la mitad del aforo, con acceso a través de túneles de ozono y uso de medidas de protección como geles desinfectantes, guantes, mascarillas, asientos señalizados… El fútbol se practica al aire libre y, si otros sectores lo pueden hacer, el fútbol también tendría que ir por esa línea.

No veo a los dirigentes del fútbol planteando desde ya estas cuestiones, comprometiéndose a garantizar la seguridad de los aficionados y sí, muy preocupados por la de técnicos y jugadores. Por lo que se observa, parece que el único interés es reanudar cuanto antes la competición. Entre las dos tendencias, se va imponiendo la segunda: hay que reanudar la competición, aunque sea a puerta cerrada.

Aun así, la perspectiva se antoja compleja. Ya son varios los jugadores que no van a poder iniciar los entrenamientos por haber dado positivo en los test. La cosa se complicaría si esto ocurriera cuando ya estén entrenando en grupo, puesto que todos tendrían que quedar aislados durante al menos quince días. Más grave será si ocurriera una vez reanudada la competición. El aislamiento sería para los dos equipos y, teniendo en cuenta que se quiere jugar cada tres días, se perderían cinco jornadas cada uno, sin margen de recuperarlas.

Sí complicado es reanudar la jornada 28, más difícil se ve completar las 38. Entonces sí que se plantearía un grave dilema con la clasificación.

Habrían hecho un pan como unas tortas.

Por muchos test que se hagan, por mucho interés económico que haya, por mucho dinero que haya en juego y por muy poderoso caballero que sea don dinero, el virus está ahí. El fútbol es un deporte de mucho contacto. El insignificante ‘bicho’ y su cruda realidad pueden acabar imponiéndose al interés y a la voluntad.

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