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Autor
JOSÉ MANUEL ARIZA 12/04/2020

Vivir sin fútbol

Saludos.

¿Cuántas veces hemos repetido ésa preciosa cantinela de “a mí no me gusta el fútbol, a mí lo que me gusta es el Sevilla FC”? A nosotros nos encanta.

Es una declaración de principios tales que “Escudo, Bandera y Afición”; “hasta la muerte”; “vuelan, vuelan banderas”; “la Giralda de nuestra ciudad, verá solo un Equipo ganar”; “te sigo a todas partes yo te quiero”; “amarás siempre a tus colores”; “recorremos kilómetros”; “sale el sol por la mañana”; “contigo siempre estaremos”; “somos ultras del Sevilla…” y otras tantas, que podrían caber aquí perfectamente, en ésa larguísima lista de cánticos salidos del corazón blanco y rojo, de ésa sinfonía de pasión que nos dejamos cada partido, cada gol, cada copa.

¿Cuántas veces hemos arrugado el entrecejo cuando llega un “parón de selecciones”? Y no solo el ceño que la lengua también se nos ha disparado, para cagarnos en un todo amplio y generoso, porque se nos detiene nuestra regularidad sevillista para que otro equipo, que nos interesa tirando a poco (en general) tenga su espacio robándonos el nuestro… para que pretendan que sintamos que hay un interés superior en una afición que solo tiene un Interés y que después de éste Interés no hay otros intereses.

¿Cuánto de largo se nos hacen los veranos sin fútbol? ¿Inacabables? ¿Insoportables? ¿Es posible que sean los algo más de dos meses (mentalmente de cuatro) que padezcamos cada año, cada temporada? ¿Entendemos entonces lo que los drogatas llaman mono? ¿Y monazo?

Largo (y cálido) verano en el andamos buscando unas vacaciones que nos restituyan de los muchos meses de trabajo; en el que nos pavoneamos por ahí mostrando nuestros escudos (con sus títulos anexos en la imaginación del que mira con envidia porque sus expresiones y gestos los delatan); en el que hacemos un profundo chequeo de lo que debe salir, de lo que debe quedarse y sobre todo, de lo que debe llegar. Por suerte o por desgracia, eso no depende de nosotros y todos nuestros sesudos análisis de las bondades de ése o aquel otro, se quedan casi siempre es bonitos textos. Si no llega el deseado, igual le damos un añito más, un verano próximo a ver si ésta vez acertamos que muchos tiene fecha de obsolescencia programada, recuerden.

Largo (y cálido) verano de pasar otra página (no cumplimos años, cumplimos temporadas) a la que pondremos marco dorado o solo marco; que guardaremos en nuestros corazones ya para siempre pero que dejaremos sitio para la que llega porque tenemos corazones muy grandes.

Largo, larguísimo verano sin fútbol que soportamos con las promesas de nuevas emociones sin fin. Nuevos desafíos, nuevas caras, nuevas apuestas a ver qué, quién, cómo y desde dónde llega ése tipo. Nombres impronunciables (no importa porque enseguida los abducimos y los renombramos al modo propio ¿verdad Rinat Rafaé?), de mirar videos de YouTube (engañosos videos por parciales) para hacernos una idea elemental de ése chaval que antes de firmar pocos conocíamos. O damos con alguien que si lo había visto jugar y nos bebemos sus opiniones como incitantes promesas de festín.

Pero llegó el bicho desde China (creo) para quedarse y nos recogió en casa a la inmensa mayoría. En la casa propia que no la Casa. Pues había, ésta vez sí, un interés superior a nuestra pasión propia: la Vida.

Y de pronto descubrimos que se puede vivir sin Sevilla FC, sin juntarnos tres o cuatro decenas de miles en el Sánchez-Pizjuan, apretaditos (ahora sentimos repelús de que te llegue el bichito por un lado, por otro, por detrás o desde el de delante). Arrebujaditos con los tuyos (con los de años respirando la misma magia, las mismas esencias) que se te hace cuesta arriba…  lo de “hasta la muerte” iba en otra dimensión.

Pero apretamos los dientes, nunca nos rendimos, soñando con el primer día que volvamos a nuestra Casa con emoción contenida, cuando toque tocarnos, cantar gol con abrazo de gol que, probablemente, será un primer abrazo de gol de final. Una de ellas cualquiera. ¡Y ésas previas maravillosas de nervios contenidos, o no, con los tuyos, con los que admiras, con los que compartes ésa razonable sinrazón bien sintonizada! Y ya convenientemente adobados, colmillos al aire y saliva en las comisuras, al Campo, al Estadio, a la Casa Nuestra para engullirnos al de turno, crudo. Bueno, quizás en modo churrasco poco hecho, que sangre un poco.

Podemos vivir sin Sevilla FC… mal, muy mal. Nos sentimos estafados por la vida, por el destino, por los hados que nos hurtan esta ilusionante temporada de un Equipo que con sus claroscuros, estaba ahí arriba, a tiro de piedra de la Europa de los muy ricos. Todo un mundo por descubrir.

Podemos vivir sin Sevilla FC pero poco.

¡Y pobre del que quiera robarnos la ilusión!

Cuidaros.

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