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1914. Biblioteca Nacional de Francia
CARLOS ROMERO 11/04/2020

Fútbol en tiempos de guerra

Vistos y sufridos los tiempos que vivimos, nos retrotrae a pensar que no es la primera vez que se paralizan las competiciones oficiales en España. El 18 de julio de 1936, sábado, se materializa el golpe de los sublevados en Sevilla, con Gonzalo Queípo de Llano como cabeza visible, y José Cuesta Monereo, fundador del Real Betis Balompié curiosamente, como mano derecha de Queípo, organizador y cerebro de la operación. El Sevilla FC amateur se disponía aquel día a celebrar la consecución del Campeonato de España en el restaurante de un famoso hotel sevillano, evento este que no llegó a celebrarse por motivos obvios.

Sevilla fue una de las primeras ciudades que cayeron en la Guerra Civil, el fútbol quedó paralizado inmediatamente, y tendría que transcurrir mucho tiempo para que las competiciones oficiales pudieran volver a ponerse en marcha nuevamente en el país. El Sevilla FC estuvo a punto de descender por primera vez en Liga, salvándose in extremis aquella temporada de 1935/36 previa a la guerra, teniendo en cuenta que la anterior fue campeón de copa.

Los jugadores blanquirrojos se alinearon con uno u otro bando contendiente: Euskalduna y Epelde, jugadores sevillistas, lucharon como gudaris a favor de la República. Una vez hechos prisioneros fueron internados en campos de trabajo. Epelde en un campo de Zamora y Euskalduna en Jerez de la Frontera en uno de los famosos batallones de trabajo. Fede estuvo como miliciano en el País Vasco, Segura, el medio centro del Sevilla, estuvo hasta su conquista en la Málaga Republicana. Tache, el que fuera máximo goleador en la temporada 1935/36, se enroló con el Barcelona en su viaje a Sudamérica, y se exilió en México, y Campanal, recién casado en ese verano, escapó con su señora por el pasillo de Tomares hacia Asturias, donde luchó como miliciano Republicano.

De parte nacional teníamos a Raimundo Blanco y a Luis Tejada, este último, que por su condición de ingeniero fue de los primeros movilizados y destinado a ferrocarriles, un puesto sin armas pues su familia de carácter progresista era poco afecta al nuevo régimen. También Guillermo Eizaguirre se alistó como voluntario en bando nacional, posiblemente motivado por el atentado anarquista que estuvo a punto de costarle la vida a su padre. Fue herido varias veces en el frente, llegando a ostentar el grado de capitán de la Legión. Al igual que estos, otros jugadores sevillistas, tanto del primero como del segundo equipo, fueron movilizados a distintas unidades militares de uno u otro bando.

Difícil papeleta pues para Ramón Sánchez-Pizjuán, que debía mantener la institución sevillista lo más cohesionada posible, con una buena parte de la plantilla desaparecida, y con el hándicap de que las nuevas autoridades necesitaban que el fútbol se pusiese en marcha cuanto antes para dar sensación de normalidad, aplicando la política de pan y circo que tan buenos resultados les dieron siempre.

Don Ramón nunca fue bien visto por el nuevo régimen militar, en primer lugar, por su talante democrático como liberal, no en vano se presentó a las últimas elecciones republicanas alineado con un partido que no logró representación parlamentaria. Y, en segundo lugar, por esa “manía” suya de mantener la costumbre de que fuesen los sevillistas los que eligiesen a su presidente en asamblea de socios, cosa poco afecta a los fascistas y falangistas gobernantes, que comenzaron a nombrar a dedo a todos los presidentes de los clubes futbolísticos.

A diferencia de algunos de mis compañeros, que mantienen otras teorías seguramente mejor fundadas y sabias que las mías, yo pienso que Sánchez-Pizjuán fue realmente desterrado a Madrid a pesar de ser nombrado por Moscardó como vicepresidente de la Federación Española de Fútbol. Esto en realidad suponía la separación de su Sevilla FC en 1940, en la capital estaba más controlado, y no volvería hasta bastantes años después, sólo cuando pudo ser elegido por sus socios democráticamente, cosa que hizo, a pesar del régimen, en 1948. Todas estas “cositas” le costarían algunas desafecciones y amenazas, incluso sugiriendo un juicio sumarísimo y posterior fusilamiento por parte de algún mando, pero don Ramón se salió con la suya. Por esto y por muchas cosas más, Sánchez-Pizjuán es el gran presidente sevillista, que nos debe servir de inspiración y faro que ilumina el sevillismo.

Volviendo al tema que nos ocupa, durante la contienda bélica, las nuevas autoridades se apresuraron a organizar partidos benéficos en pro de la Falange, y de los comedores sociales para dar de comer a una población hambrienta, (especialmente infantil) que ya sufría los rigores de la guerra, pero sobre todo para imprimir un carácter ideológico entre la población. Equipos sevillanos como el San Román, el Osario, el Sparta, el Calzada, el Triana, el España, el Macario, el Atletic, el Calavera, el San Vicente y el amateur del Sevilla, fueron “invitados” a jugar partidos en tiempos de guerra. La Copa Queipo de Llano se celebró en mayo del 37 para recabar fondos para las ‘Casas de Inválidos de Guerra, Empleados y Obreros’, copa que terminó en las vitrinas del entonces denominado Betis Balompié, mor de la República.

Eizaguirre (Sevilla FC) y Peral (Real Betis Balompié) en un partido benéfico a favor de los flechas de la Falange en el estadio de Nervión.

Don Ramón se las veía y se las deseaba para componer un plantel que pudiese jugar en estos partidos, que nada tenían que ver con un Sevilla competitivo y luchando por altas cotas, no en vano, se llegaron a contabilizar más 70 jugadores distintos, prácticamente todos amateurs, en los partidos organizados por el régimen durante aquellos eternos tres años que duró la guerra.

Las órdenes de los altos mandos conminaban a ejecutar la habilitación de los estadios, y a facultar a los jugadores que componían los equipos más importantes del elenco nacional, de esta forma, el “Sevilla Football Club”, que pronto debería cambiar su nombre por el de “Sevilla Club de Fútbol”, debido a la prohibición de los anglicismos en todas las sociedades y asociaciones por parte del régimen de Franco, llegó a recuperar finalmente en torno al 70% de su plantilla al comienzo de la temporada 1939/40, (no fue el que más en la ciudad de Sevilla) y fue culminada por el carismático presidente sevillista rodeado y asesorado por Antonio Sánchez Ramos, (el tío del puro) y por el incombustible Pepe Brand. Poco a poco fueron configurando un equipo capaz de plantar cara en la reanudación de la competición en la temporada 1939/40, tanto, que consiguió el campeonato de España ese año.

Pero esa es otra historia.

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