Cabecera Columnas Blancas
image
JOSÉ MANUEL ARIZA 02/03/2020

Los aires del sur

Saludos.

Los que hemos nacido por ésta parte de la Iberia sabemos, desde tiempos inmemoriales y porque un sinfín de pueblos invasores así lo testifican, que aquí el aire es más puro y trasparente, más límpido y donde las ondas sonoras y visuales se propagan con mucha mejor calidad. Una vez conquistados y expoliados convenientemente, nunca quisieron retornar a sus tierras patrias y muy al contrario (alguno lloró cuando hubo de irse) optaron por mestizar con los nativos de la Vandalucía y conservar sus privilegios compartiendo sangre. Luego, nosotros trasladamos ésa costumbre a América con los resultados conocidos.

Hoy el proceso sigue en curso, de maneras menos violentas aparentemente aunque, las más de las veces, igualmente cruentas porque las espadas se han cambiado por euros y dólares que matan igual pero de forma más disimulada, más lentamente. Con solo un mínimo de atención se pueden ver ésas guerras. También las otras, las de las bombas que son equivalentes pero con más vísceras visibles.

De esa mezcla maravillosa, de ése crisol de culturas que exprimimos y nos reservamos las mejores esencias, resultaron nuestras conocidas características físicas, sociales y psicológicas: nuestra herencia que tomamos de lo mejor de cada pueblo, lo maceramos y nos hicimos nuestro propio caldo único y distinto de todos los demás.

Los que hemos tenido la suerte de poder viajar mucho por buena parte del mundo, somos testigos privilegiados de eso que afirmo sobre las virtudes de nuestro aire que, sin negar los de los otros y sin atisbo de egocentrismo, nos permite tener bastantes elementos de comparación.

Pongamos algún ejemplo práctico, sin tener que irnos a la Cochinchina, con una actividad que se realiza al aire libre, prisioneros de emociones intensas y a la que acuden regularmente decenas de miles de personas en calidad de espectadores, tal que el fútbol:

Un observador procedente de alguna ciudad no sureña, pongamos por caso Madrid (ha sido casualidad que haya recordado ésa ciudad que habrá otras muchas) toma un tren que viaja a grandísima velocidad y en algo más de dos horas arriba a Sevilla, allá por Santa Justa y a tiro de piedra (¡) de la Casa Mas Grande. Apenas pisa suelo hispalense, ya comienza a notar una sensible mejoría de los sentidos. Es lógico porque en viniendo del ombligo, donde sabemos que usan boina pestosa y maloliente (a pesar de los esfuerzos abortados de alguna alcaldesa y que el alcaldeso posterior se empeña en conservar contra toda lógica y contra Greta) sentirse rescatado de tamaña losa debe suponer una liberación sensorial rayana en lo sensual. Más tarde tapeo y bebeo para subliminar la estancia a gastos bien pagados (yo pongo mi parte alícuota, contra mi voluntad, como todos los paganos).

Éste tren rápido, y el que circula bajo tierra, dejan muy cerca de uno de los Estadios (que para llegar al otro hay que usar medios alternativos, fruto de la “birigestión” histórica consabida). Ése segundo tendrá que esperar, como siempre, tiempos mejores que para eso manda quien manda (modo irónico on que luego pasa lo que pasa y ya nos conocemos).

Antes de partir, a los fisgones de turno se les alecciona convenientemente para hacer un uso selectivo de sus facultades; se les señala exactamente lo que deben ver, escuchar y hacia dónde dirigir la mirada y los pabellones al levantar el acta no notarial que aun siendo alegal, se cumple con una rigurosidad que para sí quiera la otra Justicia. Obvio también porque como decía antes y dependiendo del estadio en allende, la contaminación aletarga sus capacidades hasta rozar la ceguera y la sordera permanentes. Aquí, en ambos casos, siempre experimentan una recuperación notable de las percepciones. El aire más puro, supongo.

Prosigamos: un jugador canterano del Sevilla FC y que lleva un par de siglos en otro club es, por méritos propios y amplia y debidamente contrastados a nivel mundial, objeto preferente de “lindezas” sin fin que son de todo menos eso, lindezas. Cuando digo “lindezas” quiero decir insultos gruesos y muy gruesos, explícitos y contundentes porque, sin justificarlos nunca, habrá que admitir que puso mucho de su parte para ser desbendecido en su propia casa. Ya saben aquello de que nadie es poeta en su tierra y éste de poesía (y otros géneros literarios) en los pagos de Cernuda, Aleixandre o Machado, aparece como un borrón musculado, un fallo antropológico de escaso o nulo recorrido y eso lo hace más comprensible porque por aquí tenemos muchas letras.

Pues ésos mirones son capaces de identificar exactamente a 1500 espectadores, denunciarlos y elevada la papela al departamento correspondiente, sancionarlos a todos en masa. 1500 que podrían ser 2000, 5000, 1100 o 33, pero se dispara al bulto que siempre se acierta. Es una burrada ponderada que se solventa con el manido “colaboradores necesarios por cercanía”, saco con capacidad ilimitada y recurrente para cobijar los “aproximadamente” de rigor que es, con diferencia, lo menos riguroso conocido.

También hay calidades en los “delitos”: al tipo ése de antes, una tosecilla un pelín alta se anota (juega con quien juega) porque a los míos, a los del régimen, no les tose nadie; decirle nazi a un nazi se anota porque los gritantes desprenden un tufo izquierdoso intolerable para el jefe nazi; llamar negro a un negro parece menos delito porque los negros, en general y aunque caen mal al jefe (otros de igual pigmentación y mucho menos posibles, ni se les considera) son tolerados en tanto que produzcan ingresos cuantiosos; a los ínclitos trencillas, conspicuos ellos por méritos prestados, nadie ose señalarles sus condiciones de profesionales de bajo nivel, incompetentes y casi siempre tendenciosos (desarrollan una sorprendente capacidad para detectar infracciones en una sola dirección: la del viento del norte) porque se anota y se eleva a la instancia correspondiente…

[Si llevas tu bandera o bufanda, ésa que alguien en su perverso desquicie particular (cómplices locales añadidos) y dirigido en función de quién seas o representes, te la roban porque figuran en la lista de los símbolos terroristas más buscados, a manos de un señor con pistola y uniforme, sucedáneo de madero, capaz de entrever, juzgar y ejecutar un “posible delito” en tu libertad de expresión y manifestación. No es un aguilucho, obviamente]

…si se canturrean a coro los “méritos” de otro Equipo local o foráneo, salta la alarma del “respect” en la tierra de la guasa, en donde nos reímos de nuestra sombra y la de los demás, en la que los mejores chistes se cuentan de la quinta fila para atrás en los entierros y donde buscarles las costuras a todo lo importante de la vida, es un gratificante ejercicio intelectual difícilmente igualable en otras latitudes (de ahí que la escasez imaginativa de gran parte de la meseta sea incapaz de entenderlo) se anota. Todo se anota o no: hay lugares, bajo la boina preferentemente, en que se asesina y no pasa nada, no se anota.

Todo lo que hemos venido haciendo un siglo largo y hemos sobrevivido, ahora se anota porque a los mafiosos nazis les gustan las gradas uniformadas, encuadradas, enmarcadas y aleccionadas, matando directamente una de las esencias mismas de éste maravilloso deporte: la increíble disparidad de opiniones sobre un mismo asunto. De uniformes va la cosa porque la diversidad y la pluralidad asustan a los homogéneos de pensamiento único y no hay nada más peligroso que un homogéneo con poder.

Y son los aires del sur, del sur no conquistado por castellanos y aragoneses tardíos, los que por sus propias características nos convierten en decantadores privilegiados de un espectáculo grandioso que ya quisiera el mejunje de Fierabrás para sanar las almas.

Aires. Nuestro aire.

Cuidaros.

You might also like

Volver a casa

Seguro que si a muchos de nosotros, los que soñamos y

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies