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Paolo Bruno

Con la clase, el estilo y el señorío no se juega

“Catedrales del fútbol español”, poca broma. El Sevilla FC, nuestro Sevilla FC, es una institución ejemplar, y la ejemplaridad se traduce en ocasiones en originalidad, no banales, no estridentes, no chabacanas, sino más bien acordes al buen gusto y a la clase que, con razón, siempre nos hemos vanagloriado tener los del Ramón Sánchez-Pizjuán, y las “catedrales del fútbol español” es buena muestra de ello.

Es imposible no acercarse a nuestro estadio en jornadas en la que se disputa algún partido o en los días en los que no hay, y observar a muchas personas forasteras posar e inmortalizar un momento de sus vidas ante el gigantesco y artístico mosaico de preferencia que desde hace 38 años luce en nuestro estadio para asombro. Admiración y, por qué no decirlo, envidia de propios y extraños.

Si en su momento, hace más de 60 años, fue una locura la construcción del Ramón Sánchez-Pizjuán, no lo es mes la de uno de nuestros símbolos, el escudo grande Nervión que recoge en sí mismo la lealtad a nuestra ciudad.

Y el Sevilla FC en su vertiente más estrictamente deportiva y noble, ha decidido, felizmente a mi juicio, recibir a sus rivales haciéndoles entrega de una reproducción del mosaico del estadio en la que no figura nuestro escudo, sino el de ellos, ya seguramente representados en las miles de piezas que en la realidad conforman tan artística obra. Se trata, a mi juicio, de una idea brillante y digna de aplauso, caballerosa y original como aludía anteriormente.

La grandeza de la entrega de un obsequio no se encuentra en su valor o envergadura (así los tenga o no) sino más bien en el ánimo o intención de quien lo entrega, y en este caso es la tradicional deportividad en la que el Sevilla FC basa sus relaciones con quienes son sus rivales en el terreno de juego, en la grada y en la historia y que por esto último también forman parte de la nuestra, una deportividad que debe ser pieza angular en las relaciones entre instituciones que se conocen desde hace más de un siglo en muchos casos y con bastantes cosas que las unen a pesar de que las separen la defensa de los colores propios.

El Sevilla FC, como siempre, tiende la mano. En el ánimo de sus rivales estará otorgar distinción y valor al obsequio con la misma clase, estilo y señorío de quien lo entrega, pero ya no es cuestión nuestra, cada cual tiene sus normas, sus valores y su clase o estilo. Eso no es cuestión nuestra, nosotros, a lo que estamos.

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