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JOSÉ MANUEL ARIZA 26/03/2020

1890

Saludos.

No, no será éste un artículo al uso sobre el año de nuestra fundación aunque sea ésa fecha la que lo motive.

Hace más de una década, unos cuantos locos por la Historia del Sevilla FC descubrimos los documentos que certificaban la fundación del Club que, desde entonces, abandera el nombre de nuestra ciudad por todo el mundo. Tuve el privilegio de participar en ello y será una de las cosas más importantes que me llevaré al Tercer Anillo. Gracias, Agustín, allá donde estés.

Pues fruto de aquellas investigaciones, se ha aportado una ingente cantidad de documentos que corroboran lo que en principio sorprendió a propios y extraños. Y siguen apareciendo porque por suerte para todos (“el tiempo y los medios”, D. Antonio) solo se podrán sumar más evidencias en tanto que las investigaciones no han concluido. Nunca será suficiente, aparecerán nuevas fuentes y será, inevitablemente, en apoyo de lo descubierto.

Ésa inmensa labor desarrollada en su mayor parte en silencio, en la intimad de nuestras casas, invirtiendo infinidad de horas frente a las pequeñas pantallas, en leer miles documentos amarillentos de hemerotecas, universidades, archivos nacionales y cualquier otro lugar susceptible de contener algún dato, concluyó que el Sevilla Foot-Ball Club nació el 25 de enero de 1890.

El Sevilla Foot-Ball Club, poco después y anticipándose en el tiempo (como en tantas otras actividades desde el principio mismo) creó el Área de Historia. No menos de diez personas, de muy distinta y competente formación, constituyeron un Equipo Multidisciplinar orgullo para los nuestros y envidia de otros muchos. El descubrimiento, cuando se hizo público, fue aceptado y aplaudido por la inmensa mayoría del mundo futbolero, incluidos organismos oficiales de España y Europa, y que nos colocó entre los pioneros continentales del juego inglés de la pelota con los pies, fuera del Reino Unido.

Sin embargo y como todo en nuestra larga Historia de superación de adversidades, no habría de ser fácil. Ciertamente que, como decía aquel, “nosotros a lo nuestro” y a lo nuestro seguimos fielmente. Aun así, enseguida saltaron a la palestra dos clubes, especialmente algunos aficionados de ambos, en una interesada (¡!) y errónea interpretación de lo que los hechos demostraban, para intentar devaluar y quitar méritos al descubrimiento. Unos por ignorancia y otros por mala fe.

A los primeros solo les redime la didáctica, la misma que se ha venido impartiendo durante muchos años (incluidos buena parte de nuestra propia afición, convencidos de que 1905 era la FECHA). Hoy, solo unos pocos irreductibles sevillistas se mantienen anclados en una idea que ha sido superada con creces y con documentos.

(La “didáctica” decía que para mí y como he manifestado y escrito siempre, es la labor más importante que ha desarrollado el Área de Historia desde sus orígenes.)

Nada que reprocharles a los palanganas (y los que no) en tanto que muy libres de creer y pensar lo que deseen, pero que no podrán mantener mucho tiempo porque las evidencias documentales los desmienten. Deberían contenerse so pena de quedar en alguna forma de ridículo.

A los del desconocimiento, desde otras latitudes, cabe desearles que la Historia no los deje en precario como podría ocurrir en cualquier momento.

A los segundos, a los de la mala fe, a los que llevan muchos años inventando, manipulando, tergiversando y buscando enemigos fuera cuando en realidad los tienen dentro, solo hay que recordarles que los despliegues de grandeza (imaginaria) deben ir acompañados de algún soporte, de algo que sustente ésas afirmaciones, de un basamento en el que colocar las estatuas para mostrar al pueblo. Algo que los defina como más “grandes”, “mejores”, en poseedores absolutos del “sentimiento”… algo. Algún referente real que permita distinguirlos de los otros por sus méritos (somos de un Equipo por exclusión de los demás), en un deporte que persigue la búsqueda constante de distinciones, de títulos, de logros que mostrar. Hace ya mucho más de un siglo que este sport dejó de convertirse en solo un divertimento, de una actividad física para caballeros aburguesados, en puro ejercicio amateur donde lo importante era participar. Ya no, ya se juega para ganar o no tendría sentido ahora.

Unos no saben contar fechas (de momento, que ya las contarán y entonces veremos) y otros, en ausencia de valores propios, se entretienen en buscarle más pies al gato del vecino de los que tiene, a falta de pasado propio por casi irrelevante; en no querer (que lo saben) distinguir las diferencias etimológicas entre fundar y legalizar; en desvirtuar el contexto histórico pretendiendo compararlo con el presente; en tratar de igualar los currículos, con esfuerzos cuasi patéticos, cuando las diferencias son siderales; en buscar valores decorativos para ocultar las carencias y los hitos negativos…

En realidad, toda ésa frustración acumulada si tiene una explicación y se resume en una cuestión de matemática elemental, de guardería, de marcador de fútbol escandaloso:

31 a 4.

Todo lo que se pretenda construir alrededor/contra eso, serán fantasías animadas de ayer y de hoy.

Cuidaros y quedaros en casa, por favor.

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