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RAFA VELASCO 22/02/2020

¿Un amor irracional?

A veces me pregunto qué puede hacer que mi mente no pueda luchar contra esa fuerza incontrolable que brota de mi corazón y que hace que cambie el color de mis días, dependiendo de unos números, reflejados en un marcador, de cualquier estadio donde acaba de terminar su partido el Sevilla FC.

Me pregunto ¿cómo es posible que una derrota del Sevilla me pueda dejar una noche en el más absoluto estado de insomnio? ¿cómo es posible que una victoria de mi Sevilla me lleve a un estado de euforia y satisfacción tal que me sienta el hombre más feliz del mundo ?.

Tras muchos años hablando sobre estas preguntas que me hago, solo he recibido respuestas llenas de lógica, por ejemplo:

-Los futbolistas son unos millonarios que viven de lujo gracias a ustedes que pagáis por verlos y sois los únicos que sufrís con el fútbol, porque ellos son unos mercenarios.

-No merece la pena, solo es un juego y no te va la vida en ello.

-El fútbol es un negocio, no te engañes, todo está preparado.

Todos estos pensamientos los puedo comprender y compartir si los analizo con rigor, sentido común y racionalidad.

Pero dicen que el amor es irracional, cuanto más quieres a alguien, menos lógica tiene todo.

Y yo al Sevilla FC, al igual que muchos de los que puedan leer este artículo, lo quiero, y lo quiero con un sentimiento muy difícil de explicar y que ha crecido conmigo desde niño.

Unos lo llaman amor incondicional, que han adquirido como un legado que le han dejado sus padres, mientras que otros hablan de veneno, en el buen sentido de la palabra y muchos otros simplemente de pasión, una pasión irracional.

En estos tiempos en los que se habla de Juntas, de ventas sin tener en cuenta el patrimonio sentimental y de acciones, bien harían los dirigentes de este sentimiento vestido de rojo y blanco que lleva por nombre SEVILLA FC, en escuchar a su corazón y no a su cartera, en escuchar a sus hermanos de grada que son el alma de este club y no a inversionistas ajenos a nuestra causa y sobre todo harían bien en amar a nuestro equipo como lo hacemos todos los sevillistas de a pie, con un amor irracional.

Pregúntense, si sienten lo mismo que nosotros o ya solo piensan en los dividendos, porque una cosa tengo clara, si su amor al Sevilla se ha vuelto racional, lógico y lleno de sentido común, quizás se podrán convertir en unos grandes empresarios pero no serán nunca unos grandes Sevillistas.

¡¡ Viva el Sevilla, de los Sevillistas!!

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