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Afición del Sevilla FC en el viejo Nervión – 1935. Foto archivo del autor.
CARLOS ROMERO 06/02/2020

La exigencia

Este club siempre ha sido ambicioso, y el no pasa nada, y hay que ganar el siguiente partido, no ha sido nunca un argumento utilizado por el Sevilla que yo conozco”.

“La exigencia en este club es algo innato en nuestra forma de entender el crecimiento del Sevilla”.

Ramón Rodríguez Verdejo, ‘Monchi’.

Y no le falta razón al director general deportivo del Sevilla FC, él sabe cuál es la idiosincrasia del sevillismo, y sabe perfectamente cómo se cuecen las habas en el club.

A la fortaleza organizativa, una planificación económica poderosa, tener al mejor director deportivo del mundo, y a la cimentación de unas estructuras prolongadas en el tiempo, se le une una base social que ha sido envidiable a lo largo de 130 años. El fenómeno llamado Sevilla FC crea expectación en el mundo del fútbol, un prodigio hacia al que muchos dirigen sus miradas.

Un club que, incluso sin obviar sus décadas de mediocridad, siempre supo reinventarse para subsistir exitosamente de una forma independiente ante las instituciones políticas: en un mundo en el que todos los estadios son regalados por lo público, el Sevilla FC los financió con medios propios, es decir, los cuatro que ha tenido a lo largo de la historia, y no necesitó nunca que nadie arrimase su óbolo para salvarlo en momentos delicados, se bastó con su propia afición cuando la necesitó. Esto último es una de las claves para comprender por qué el Sevilla -a pesar del “universo culemadridista” que todo lo devora- ha llegado hasta nuestros días para gloria de la ciudad, de Andalucía, y del sur de Europa. Maldito sea quien lo olvide.

En un momento en el que los aficionados de algunos equipos periféricos, debaten si su idiosincrasia como afición es la adecuada para ayudar a sus clubes, habida cuenta de sus fracasos sostenidos en el tiempo, leí hace no mucho la tesis de que lo importante es que sólo existan las piezas adecuadas y bien colocadas en un equipo para llegar al éxito, nada más es necesario. Y es que esto de las idiosincrasias es como un bulo que poco hay que creerse, según estas voces, que sigan así, pero la realidad dicta que, de muchos equipos, cuyo objetivo era tener sus piezas adecuadamente colocadas, está el cementerio lleno, o bien fueron flor de un día.

El Sevilla FC tiene una forma muy definida de sentir, de respirar, con un estilo que le caracteriza. Algunos pretenden reflejarse en el espejo blanquirrojo habida cuenta de los éxitos que históricamente este club ha proporcionado a todo su entorno geográfico, y creen que las idiosincrasias, lo intrínseco de una afición, es un objeto de quita y pon que se adquiere con solo proponérselo, haciendo incluso amagos, a veces patéticos, para mostrarse “exigentes” ante sus dirigentes, como si sólo el protestar fuese lo importante, pero siento decirles que esto el algo que va mucho más allá y que se adquiere con las experiencias, las conductas, los hechos y los avatares a lo largo de muchas décadas.

La exigencia -sí, la exigencia- es la esencia de lo que viene a identificarse en el sevillismo y aterriza en el “Hasta la muerte”, que hunde sus raíces en determinados hechos históricos que marcaron su rumbo hacia un determinado comportamiento y a una concepción del fútbol, no sólo de la afición, sino institucionalmente, desde su presidente hasta el último de los utileros de las categorías inferiores, ejerciéndola o sufriéndola.

Imprimir a fuego un estilo de juego que cruce fronteras, establecer las bases de una escuela como la sevillista en los años 20 del siglo pasado con un gen ganador, (diría ‘arrollador’ o ‘triturador’, pero igual me tildan de prepotente) llegando a ser conocido en la prensa nacional como “el eterno campeón de Andalucía”, título del que ha hecho gala hasta nuestros días, pero igualmente se refleja cómo esta afición respira y se manifiesta ante el fracaso ya en aquella época. Viene de largo.

O cómo, en los años 40, ante la sospecha de acuerdo entre directivas para favorecer a un Real Madrid a punto de descender en el estadio sevillista, la afición se mostró especialmente beligerante llegando a inutilizar hasta 14 balones que llegaban a la grada por los lances del juego, amén de los paraguas amenazantes con los que los directivos se encontraban camino del palco presidencial.

También cuenta el convencimiento de que el Sevilla FC nunca necesitó de mecenas que pagasen las facturas, como así hacían otros clubes, y por el contrario siempre fue una institución asamblearia que eligió a sus presidentes, generalmente buenos gestores -aunque siempre hubo excepciones- más que portentos adinerados, y en ello la participación de la afición fue siempre fundamental.

No hablaremos de los episodios del 95, con el descenso administrativo, en el que decenas de miles de sevillistas expresaron que ser aficionado del Sevilla FC, significa nada más y nada menos que defender a su club. Hasta la muerte, para más señas. Por cierto, esto que se nos echa en cara en ocasiones, es algo que deberían agradecer, la afición sevillista estuvo a punto de paralizar la Liga sine die si los gobernantes no llegan a ceder. De nada.

Una afición única, que no se conforma ni aunque las cosas marchen bien, siempre quiere más, y que es capaz de metabolizar los insultos de otras aficiones, para terminar convirtiéndolos en armas arrojadizas contra los que los perpetraron, ¿o es que el yonkigitanismo no llega a ser una cuestión de orgullo, algo que refregar ante la victoria?

Por todo esto y mucho más, la exigencia es un derecho adquirido, no es algo ungido o superpuesto, y significa todo lo contrario al conformismo y a la vana complacencia, que es asumir derrotas en espera de tiempos mejores que nunca llegan. A compararse con otros como mal de muchos, y a un consuelo de tontos en el que dispersar la amargura en primera persona. La exigencia va en el ADN, lo que se transmite entre generaciones, es en realidad la dinamo, la que provee de energía, el runrún que el jugador escucha como sentencia en el campo, la quemazón de la poltrona en el palco, la espuela que hace correr al caballo, es, en definitiva, lo que coloca al club en la senda de la gloria.

Y la idiosincrasia -la exigencia- se forja en una trayectoria victoriosa, pero también ante las vicisitudes de la vida, ante los golpes duros como el accidente de tren en el que 11 aficionados perdieron la vida tras ver a su equipo ascender a Primera División en 1934, o bien con los dolorosos fallecimientos de jugadores en activo como Spencer, Berruezo, Puerta, o Reyes. Son dolorosas heridas en el alma de cada sevillista que emergen con orgullo cuando se le recuerda al equipo, o a quien haga falta sin desmerecer a nadie, que esto es el Sevilla FC, con toda la carga histórica que conlleva, y aquí hay que… claudicar.

No se olviden nunca de quiénes somos.

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