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JOSÉ MANUEL ARIZA 06/02/2020

First, Business o Tourist

Saludos.

A riesgo de ser pesado (serás muy libre de no leerme y evitarte decirme cosas chingonas o de las otras y te entenderé) debo insistir en una idea elemental que entendí hace ya mucho tiempo y que tampoco es tan complicada: En una liga, competición a largo plazo y donde es necesario mantener la intensidad muchos meses, compensar los esfuerzos, dosificarlos, administrar lesiones y sanciones, gestionar y optimizar rendimientos… es imprescindible comprender que salvo contra dos o tres equipos (tienen demasiados soportes externos para pensar, a priori, en superarlos y salir airosos), restan otros catorce, quince o dieciséis que son, obligatoriamente, los que te llenan el saco de puntos.

Por si no quedó claro, lo repito: los que llenan la talega de puntos son los otros catorce, quince o dieciséis. El capital final se atesora con ellos, o de ellos, y son los que deciden si vas a poder viajar a Europa en clase First, Business o en Tourist. O quedarte en casa un año.

A Europa se va a por lustre, plata y de la otra plata.

Parece una perogrullada pero no deja de ser menos cierta: los de abajo deben ser víctimas de la insaciable hambre canina de ganar, de extraerles la sangre y las vísceras, de machacarlos inmisericordes hasta dejarlos calcinados, incinerados, disecados y bien muertos y matados.

Dicho con todos los respetos para ellos… antes y después de los encuentros, faltaría más.

Pero contra ésos proveedores no valen milongas porque a esos no se les gana sin bajarnos del autobús (sea el trayecto cortito o muy largo), sin competir, sin entregarte al 101%, sin sangre inyectada en los ojos y en las piernas; a esos se les dispara y luego se les pregunta; contra esos no deben quedar heridos por que se les ejecuta en el campo, que se entierren ellos solos y que tengan buen viaje al más allá. De vuelta al vestuario, te lavas las manchas de sangre, te sacudes los restos de tripas y te duchas largo (un toque de desodorante en las axilas viene bien siempre y cuando hayas sudado la camiseta, dejándote un par de kilos o tres de grasas corporales). En la interviú o en la rueda de prensa posteriores, si acaso, escupes a un lado alguna mijilla de hueso que se te haya quedado entre los molares y despliegas una ancha sonrisa delante de la alcachofa. Luego, te vas a descansar con la familia, o a lo que mejor te plazca, porque te lo habrás ganado.

Sin embargo y de vez en cuando, alguno de ésos “pequeños” se te sube a las barbas y te ocasiona un desbarajuste, un malestar inesperado, un tirón muscular que, bien entendido, entra en la lógica de que nadie es perfecto, de que a veces la cagas y todas las demás no debes. Sin excepciones las reglas no existen y ésos “pequeños protestones”, esporádicamente, se toman una improbable revancha ocasional que no por menos deseada, no suceda.

Un día, cualquier día, sales despistado y te pintan la cara, te calientan en modo vergonzoso incluso, te ponen en ruta y mirando a la famosa venta y te advierten: ahora vas allí a tu pueblo y le explicas a los tuyos lo que no has hecho hoy en el partido. Y, añaden, no les cuentes nada del césped, del viento, del ancho del campo, del día del calendario, de horarios intempestivos, de cansancios varios cuando lo tuyo es llegar bien dormido, del colectivo o de la mano negra (que aunque exista y ejerza de pleno, no puede ser excusa recurrente).

Vas y les dices que no has corrido, que no has puesto la intensidad necesaria, que no has sabido corregir tus errores sobre la marcha y que no hay explicación posible a tu fallos. Ni siquiera el socorrido “fueron mejores” que aunque cierto en algunos casos, no debe justificar tu falta de implicación.

Pero los casos aislados deben ser eso, aislados. Entran dentro de las probabilidades estadísticas y les ocurre hasta a los perfectos pajarracos que planean ahí en las capas altas de la atmósfera, los que nunca pisan el suelo aunque alguna vez muerdan el polvo.

Entiendo que para los profesionales, cuyos destinos casi nunca son estables por mucho tiempo, salir a darlo todo contra ésos dos o tres mastodontes puede tener un plus de mejora personal notable: son partidos de altísima televidencia mundial, y especializada, que pueden proporcionarte un progreso crematístico sensible si destacas en tu rendimiento. Hemos conocido muchos casos porque el Sevilla FC, por sus particulares estructuras, lleva ya mucho tiempo siendo plataforma de lanzamiento hacia otros destinos mejor retribuidos. Si ocurre entre gigantes, qué no nos ocurrirá a nosotros.

Pero ésos seis, doce o dieciocho puntos posibles son los menos importantes de todos los potencial y trascendentemente importantes. Sabes que recuperar algunos de ellos, sin ser fatalistas porque no conjuga con ser sevillistas, se torna muy complicado puesto que, como decía arriba, cuentan con otros asideros impostados para someterte y no tienen escrúpulos en usarlos sistemáticamente. El fin justifica los medios y ellos lo saben bien.

Y como estamos obligados a picar en otras minas, debemos concienciarnos de que donde de verdad hay que entregarse sin reservas, sin escrúpulos y sin desaliento es en conquistar a los catorce, quince o dieciséis restantes que son, paradójicamente, los sumantes.

Cuidaros.

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