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EDU SANIÑA 07/02/2020

Dramas FC

Severo Catalina, político y escritor allá por el s. XIX, exhaló una frase que bien podría atribuirse al sevillismo actual, al de hoy en día: “El hombre, cuanto más asciende de la escala de la felicidad tanto más sube en la escala de las exigencias.” Ese puede ser uno de los -benditos- problemas de lo que de un tiempo a esta parte se ha convertido nuestro equipo. Si bien hace poco más de 14 años el equipo llevaba la friolera cantidad de 58 años sin oler plata, el no levantar uno en las últimas temporadas se ha convertido en un auténtico drama y, como bien dice mi madre, ni tanto ni tan calvo.

La temporada actual empezó de una forma espectacular con el juego reconocible de un equipo de nuevo construido por Monchi, ‘alma mater’ del mejor Sevilla FC de la historia, y bajo la dirección de Julen Lopetegui, entrenador más conocido por su ‘traición’ a la selección nacional y su decepción en el Real Madrid que por su capacidad en los banquillos. El León de San Fernando tuvo que acometer la mayor inversión de la historia del club para, en parte, subsanar todo lo malo que hicieron sus sustitutos en el cargo en apenas tres temporadas que, de no haber sido por la debacle romana en Porto acompañada de la debacle sevillista en Praga, hubiera hecho que los caminos de Monchi y el club no se hubiesen vuelto a unir tan pronto.

Entrenador nuevo, 13 caras nuevas en la plantilla y, agárrense de sus asientos, 18 salidas en una de las ‘limpias’ más grandes que recuerdo en un equipo que en la ausencia de Monchi no es que bajase a Segunda, no. Tampoco llegó a coquetear con la parte baja, no. Todo lo contrario. A pesar del malestar general, de que pasasen cuatro entrenadores en cinco etapas (Caparrós repitió en ambas campañas) y de todos los vaivenes que dio el club, ambas campañas acabaron con el club de nuevo en puestos europeos, unos cuartos de final de la Champions League y una final, de infausto recuerdo, de Copa del Rey. Para cualquier otro equipo del mundo esto hubiese desencadenado en un estado de felicidad permanente, pero aquí, en un club en pleno crecimiento y acostumbrado a codearse con las más altas alcurnias no todo vale y eso, también señal de grandeza.

El equipo lleva toda la temporada instalado en los puestos altos de la tabla, con una idea de juego que, cierto es, parece ir a peor y no a mejor, y con un desacierto de cara a portería impropio de un equipo que en los últimos años ha contado con jugadores como Luis Fabiano, Kanouté, Negredo, Bacca, Gameiro o Ben Yedder. Pero como bien dijo Monchi el proyecto necesitaba su tiempo y un Lopetegui, al que parece que el equipo se le está cayendo, pero salvo la decepción copera ante el Mirandés, está cuajando una gran temporada.

Solo el final de temporada podrá darle al equipo el lugar que se merece tanto en la competición doméstica como en la UEFA Europa League, donde el Sevilla buscará su sexto entorchado. Hay mimbres y el sevillismo deberá animar y esperar a mayo para aplaudir o pedir explicaciones. Mientras tanto, que nunca acabe esta bendita exigencia.

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