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Autor
ENRIQUE BALLESTEROS 05/02/2020

De lo empírico a lo intangible

Semana de pasión, y lo que aún le queda, la que vivió nuestro querido director deportivo y símbolo de nuestra institución, Ramón Rodríguez Verdejo “Monchi”. Está claro que no se puede decir una cosa más alta que otra ni aunque fuera claramente una expresión. Ello le va a perseguir en los tiempos cortos y medios del mundo mediático en el que nos movemos. No va a depender de él cambiarlo. Pero de él sí depende, y del Sevilla por supuesto, modificar en los próximos años la afirmación de nuestro DD en el Football Data International Forum del poco uso de la estadística por parte del club, por lo menos en lo que se refiere a la dirección deportiva. “Los responsables del club se siguen fiando del Monchi Data”, llegó a decir en tono de broma el León de San Fernando en el Wanda Metropolitano ante un público plagado de universitarios, analistas, técnicos, vendedores y periodistas.

Cabe decir que, sin que este artículo pretenda tener connotaciones hacia el otro equipo de la ciudad, el Sevilla sí ha dado pasos, aún embrionarios, hacia el “Big Data”. No solo lo reconoció Monchi en referencia a la parcela económico-deportiva, sino que a mí me consta desde el punto de vista de la comunicación, la publicidad y el marketing del club. Por supuesto, tendremos que evolucionar, perfeccionar y saber adónde nos lleva este campo tan acorde con el futuro. Sin ir más lejos, el Sevilla ya está recopilando todos los datos posibles sobre Éver Banega para acreditar, desde ese punto de vista, una despedida como se merece. Su contribución al club, sus títulos, su número de partidos, sus recuperaciones, sus centros al área, su pase en corto, su pase en largo….

A día de hoy el sevillismo, que cree fuertemente en otros factores como por ejemplo el de la afición, observa este fenómeno con cierto escepticismo. Es más, la mayoría del sevillismo piensa con firmeza que el Celta, que encadena ocho partidos de liga sin ganar, que se encuentra en descenso y que es el segundo equipo menos goleador de las cinco grandes ligas europeas (17, solo por delante de la SPAL – 16), puede ahondar en esa grieta de confianza que se nos ha abierto a estas alturas de temporada. Una tesitura, la olívica, que es muy similar a la de la sesión pasada cuando visitamos Vigo y, casi sin querer, nos venció por 1-0. Tres puntos que, por cierto, le sirvieron para salvarse y a nosotros quedarnos sin Liga de Campeones. El dato, sin duda, que más cuenta de todos.

Una delgada línea roja. La que está empezando a pisar el Sevilla, que entra en el escabroso camino de las dudas, esas que se le escapan a los datos y en las que el hincha tiene un papel fundamental. Está claro que el frío no nos viene bien, y que luego, cuando llegar el calor, nos despistamos entre Semana Santa y Feria. Todo ello sin contar nuestro designio europeo, donde Julen Lopetegui, un entrenador sin ninguna experiencia a eliminatorias a doble partido al frente de un equipo español, se “jugará las castañas”. Lo cierto es que ya acumula un fracaso: el de Copa del Rey en Miranda de Ebro. Una competición ilusionante y con ciertas esperanzas para llegar lejos, que se nos ha marchado de un plumazo.

Con una alineación plagada de titulares, estos jugadores se tomaron con baja intensidad un trámite lo que para “los rojillos”, coperos por historia reciente, no lo era. Tantas semanas disfrutando y viviendo emocionado esta competición remodelada y tan revolucionaria. Tantos sorteos rezando para que tocara un desplazamiento cercano, para disfrutar con los amigos o en familia (o ambas cosas a la vez). Tantos problemas de gestión y consecución de entradas. Tanta alegría por que fueran cayendo Primeras para que el camino pareciera más llano. Tantas ganas de finales o noche con aroma a importante. Tanto….para que, una vez llegado el día y con tus hijas pequeñas delante soportando el regocijo local tras casi tres horas de viaje, uno se llevara un batacazo psicológico.

Se me ocurren más motivos para estar enfadado, pero son más fuertes las razones para seguir hacia adelante. El primordial que estamos en el alambre y que ahora es clave no caerse. Según la estadística y comparando los rivales a los que nos enfrentamos la campaña pasada con respecto a los de ésta (y respetando también el orden de estadios), el Sevilla, a día de hoy, tan solo sumaría dos puntos más de esos 59 a los que llegamos con Joaquín Caparros. En la 2018/2019 fue suficiente para lograr el objetivo, pero si tenemos en cuenta una media de puntuación con respecto a lo conseguido por “los cuartos” en temporadas anteriores, esos 61 valdrían si la Champions League fuera no solo barata, sino que tirada de precio.

Y ahora que, en el club aún piensan que es más factible que Monchi se ponga mechas en la cabeza antes que viajar a Madrid explícitamente para hablar de datos, lo trascendental es lo que se siente y no se toca. Y lo que se sintió ante el Alavés fueron silbidos, que para algunos fueron de aviso, de alerta, de crítica sobre algo que no se hizo bien, con una intención seguro que constructiva; pero que también dejan un olor a desconfianza absoluta por una mala trayectoria como local en este curso, un hedor a posible fractura que pueda provocar la grada con respecto a algunos jugadores, el sistema táctico empleado, la filosofía deportiva del club o entre propios aficionados. Ahora, que empezamos casi de cero, es necesario estar al lado del equipo. Es necesario animar y no pitar. Porque, por ejemplo, esos “61 puntos eventuales” se pueden convertir en “64” si se gana en Vigo. Porque, por ejemplo, hay rivales directos con mayores problemas clasificatorios y de identidad. O porque, por ejemplo, se está cumpliendo el hecho de estar entre los cuatro primeros, que es lo que objetivamente interesa al Sevilla.

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