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Cuando formamos juntos

Los 130 años de historia del Sevilla FC dan para el relato de numerosas proezas deportivas y de las debacles que también nos acompañaron, luces y sombras que permiten construir el relato de las afecciones y adscripciones así como el de las traiciones con un fiel de la balanza -a pesar de los claroscuros,- donde triunfan el amor y la entrega, el cariño y la guardia permanente, la lucha sin cuartel en pos de la defensa de unos valores acrisolados a lo largo y ancho del mundo futbolero por una institución que proyecta su nombre desde hace trece décadas y que es objeto del mimo de cinco o seis generaciones y que si no la encabeza la directiva de turno, hoy convertida en consejo de administración, la enarbolan los sevillistas de a pie sucediéndose unos a otros ininterrumpidamente de modo que cada vez que se produce el hueco de una baja, automáticamente es cubierto por prestas almas sevillistas que forman juntas la fila inacabable que rodea al corazón gigante del Sevilla FC.

Formamos juntos, asumiendo hoy el peso de la historia que escribieron nuestros pioneros, cuando hubo que crear y consolidar un club en tiempos de penurias e incomprensiones en una Sevilla enferma y decrépita, pasto para las castas y clases dominantes que habían dejado de emprender siglos ha, acomodadas en las rentas y explotaciones y recuperando el espíritu conquistador e indómito de los sevillanos y forasteros asentados en este territorio que protagonizaron la conquista del mundo, levantamos el muro de protección ante lo desconocido que era para la sociedad sevillana de finales del XIX y principios del XX la práctica sana de la actividad deportiva todavía presa de enfermedades contagiosas derivadas de la falta de higiene y salubridad.

Formamos juntos en tiempos convulsos para preservar el club de lo atroz de un conflicto entre hermanos no sin pagar el horrible y correspondiente tributo en sangre.

Formamos juntos para convertir al Sevilla FC en un grande de España cuando no existía el concepto de Europa en la lontananza futbolística y tan grande se nos hizo en esas décadas primeras del siglo pasado que a sus mediados el patrimonio generado no daba para contener a nuestra masa social.

Formamos juntos de nuevo cuando hubo que erigir el Ramón Sánchez-Pizjuán y tus padres o abuelos te contaron como las familias se afiliaron en masa al Sevilla FC contándose sus socios por el 10 % de la población de la ciudad y como, no siendo bastante, suscribieron obligaciones del Sevilla FC para, a duras penas, terminar la primera fase del estadio, aún sin cerrar las tribunas altas de los goles., obligaciones avaladas por nuestro propio patrimonio y volvimos a formar las familias enteras para no ir al club a cobrarlas como se estipulaba por lo que siguen durmiendo en tantas y en tantas casas como prueba de lealtad y de fidelidad inmunes al paso del tiempo.

Formamos juntos cuando hubo que aportar fondos para el cierre definitivo del Ramón Sánchez-Pizjuán y adquirir aquella fila 0.

Formamos juntos para ser una de las aficiones que, a pesar de las trabas interesadas traducidas en falta de información, más porcentaje de acciones suscribió en la conversión de los clubes en sociedades anónimas deportivas.

Formamos juntos y cerramos las filas hasta hacerlas impenetrables por nadie en aquel agosto de 1995.

Formamos juntos para velar la vida amenazada en tiempos procelosos de Segunda en Almendralejo, Toledo, El Cerro del Espino y otros lugares de la infamia y para, hombro con hombro, levantar uno a uno el trinquete, el palo mayor y el mesarra para desplegar las velas y surcar a modo de rojas y blancas mareas incontenibles España y Europa a bordo de tan poderoso navío por ríos y mares conquistando cielos y tierra por carreteras y raíles.

Cuando formamos juntos, no lo olvidéis, hermanas y hermanos en la fe del Sevilla FC, podemos descansar cuando el viento sopla a favor, mas cuando amaina o lo hace en contra, acude a tu puesto con tu remo y acompasa tu brazada poderosa para que tan gallardo buque prosiga su singladura más allá de que sus mandos, antes capaces y capataces como tantas veces a lo largo de nuestra historia, hayan olvidado que se puede caminar fuera de la moqueta.

Cuando formamos juntos, crisis a nosotros, a los sevillistas… Que el Ramón Sánchez-Pizjuán sea la bahía protegida donde reparar los desperfectos y las andanadas rivales, donde restaurar con mimo los daños antes de entrar en combate alimentando el ánimo de la tripulación y del piloto y procurando siempre, ojo avizor, que ese refugio y fortaleza ancestral y natural que es el Ramón Sánchez-Pizjuán donde nos alistaron llevados de la mano por el cariño y el amor incomensurables, lo sea siempre: aviso para navegantes…

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