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JULIÁN RUÍZ 17/02/2020

Con los papeles perdidos

El aficionado sevillista cree haberse anclado en el tiempo. Si tienen a bien leer este artículo, pensará que se habla de la temporada de Sampaoli, o de la de Berizzo o Montella, o de la de Machín. Pues lamentándolo mucho, estamos en la 2019-2020, tras el parón invernal, con las mismas sensaciones que nos arrastraron en los tres últimos cursos y no es otra, que el equipo se ha caído y que quien dirige el barco, además de tozudo a más no poder, no es capaz de reconducir la situación. Ni está ni se le espera a tenor de lo que nos enseña semana a semana. ¿Otro año igual? Sí, eso parece o vamos camino de ello.

Creo que a favor de su continuidad tan sólo está su contrato. Tres años, tres. Ni más ni menos. Esto hace que para que se mueva un varal todo tenga que estar muy clarito, amén del reconocimiento implícito por parte de Monchi, de que ha errado en su principal apuesta del proyecto. Además habría un significativo menor reparto de beneficios en la próxima Junta General de Accionistas. Nombres como Unai Emery o Javi Gracia podrían encabezar una lista de posibles rumores para sustituir al vasco, pero me da a mí que hasta que la hecatombe no sea de dimensiones considerables, poco movimiento se va a producir.

Se presume en el Club del discurso de la exigencia. Del de la autocrítica. De hacer un drama de una derrota, pero es que nuestro Sevilla parece que ya no le gana a nadie (aunque se quede con diez jugadores y juegues en casa o comiences ganando). Se avecinan partidos muy jodidos a corto plazo: Getafe fuera, Osasuna en casa y At. Madrid fuera. Todo ello aderezado con la eliminatoria ante el Cluj rumano, equipo que se le está poniendo una carita de Slavia de Praga cuanto menos curiosa. Pienso que la hecatombe anunciada en el párrafo anterior consistiría en ver peligrar la eliminatoria y la clasificación europea, pero es que en tres semanas podemos estar en esa situación y en puestos medios de la tabla.

¿Para qué esperar pues? Porque esto es fútbol y lejos del reconocimiento de errores o autocrítica está el pensar que la situación es reconducible, argumento con el cuál discrepo y, como aficionado, como simple aficionado de Gol Sur y no como hombre de fútbol, me veo cargado de muchísimas razones para no creerme que la delicada situación que parece avecinarse de manera inminente, pueda ser volteada.

Mis razones para el cese de Lopetegui, al que futbolísticamente no aguanto más son:

  • Cuando en un equipo de fútbol, todos, repito, todos los jugadores parecen muchísimo más malo que lo que realmente son, el problema es fácil de erradicar y el verdugo debe tener claro qué cabeza cortar. Eso lo hemos visto los aficionados en los últimos años por el mes de febrero y no tiene vuelta atrás.
  • Tu equipo es nulo a balón parado en ambas áreas. Encaja con una facilidad pasmosa y eres completamente inofensivo pese a tener buenos lanzadores, aunque Lopetegui luego elija a Banega para ejecutarlas.
  • Cuando un entrenador es tozudo no, sino lo siguiente, para luego vender en las ruedas de prensa otro partido diferente al que ha visto el aficionado, malo.
  • El equipo en ataque muestra una ausencia total de juego interior. Está prohibido filtrar un pase entre líneas. Se realizan circulaciones de balón de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, para terminar en Jesús Navas y que centre como pueda o sepa. El peligro real que se crea es escaso e incluso Luis Suárez parecería aquí un fracaso más de la planificación deportiva.
  • Si seguimos hablando de cómo ataca el equipo tendríamos que mencionar la ausencia total de peligro por la banda izquierda. Todo sería más fácil de entender si hablamos de Reguilón y Nolito, pero es que en ataque se renuncia a esa banda, salvo ocasiones puntuales de Ocampos que pretende romper las leyes de la Física y atravesar la materia al estilo Don Quijote.
  • Lopetegui renuncia a los partidos cuando el Sevilla FC logra adelantarse en los mismos, sea en la primera parte o en la segunda. Lejos de hacer sangre e ir a por el segundo gol, comienzan las circulaciones de balonmano y a retrasar el balón hacia detrás (lo que en Sevilla viene a decirse “mamonear con el balón), hasta que logra enganchar al rival en el encuentro y ser superado en todas las facetas futbolísiticas, independientemente de la entidad del adversario.
  • El equipo también se ha roto defensivamente. Si algo ha sostenido al equipo en la primera vuelta ha sido su fortaleza defensiva y la escasez de ocasiones que le generaban. Ahora la tortilla ha dado la vuelta y basta con media ocasión para que nos hagan dos goles. Y lo peor es que va a más y se ve venir, partido a partido.
  • En la gran mayoría de los casos sus cambios no sirven para mejorar al equipo, sino para empeorarlo o incluso amedrentarlo en el equipo. No suele haber una buena lectura de partidos o mano de entrenador, como decimos los aficionados.
  • Lopetegui no está gestionando nada bien los recursos que posee. Munir está vetado desde Anduva. Koundé lo propio desde el Bernabeu. De Jordán no sabemos nada, salvo apariciones intermitentes. El propio Rony Lopes no sabemos si es otro caso Dabbur o un fracaso de Monchi que forma parte de la venta de Ben Yedder. Un inédito Sergi Gómez, sin nivel bajo mi punto de vista para jugar en el Sevilla (Ya lo demostró con Machín y parece que este curso va camino de ello), pasa de la grada a titular indiscutible, cuando quizás, donde más firme estuvo el Sevilla en el inicio fue con Koundé y Diego Carlos.
  • La gestión del caso Banega es pésima. El futbolista piensa en camellos y petrodólares y el entrenador lo alinea. No contento con las últimas actuaciones, lo castiga en Vigo y lo saca a andar en el minuto 60. Lejos de abrir los ojos el tozudo de Lopetegui, lo vuelve a alinear de titular frente al Español. Compartiremos que el Sevilla FC tiene derecho a utilizar a Banega hasta el 30 de junio, pero no es menos cierto que hoy por hoy, nadie puede entender que se ponga la camiseta, porque pese a su clase, no está en condiciones de aportar y de sumar para el equipo.
  • Lopetegui se niega a jugar en casa con dos delanteros, día sí y día también. Sea cual sea el rival. Ayer al introducir a De Jong, lo coloca de mediapunta, como suena, por detrás de En Nesiry, pese a estar con diez jugadores el Español. Las modificaciones de su particular dibujo del 4-3-3 son mínimas, viendo además que el equipo no funciona y que se le ha caído.

Para finalizar y por todo lo ya expuesto, el equipo tiene prohibido jugar con dos delanteros en paralelo en casa, ir a por el segundo gol, hacer uso del juego interior y atacar por banda izquierda. Monchi se jactó de decir en su contratación que traía a un entrenador que  ganara partidos y ya no los gana. No es un comentario ventajista ni mucho menos, es más, pienso que está muy lejos de ganarlos de nuevo, además de estar convencido que Lopetegui está en Sevilla con los papeles completamente perdidos y que su presencia ya sobra en la entidad antes de que logre cargarse la temporada por completo.

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