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CARLOS MARTÍN 22/01/2020

Sevillismo ‘efímero’: del antropocentrismo a la brevedad de la vida

(Suena de fondo “Lo bueno y lo malo” de Ray Heredia. Gracias a Álvaro Yanes por todas esas veces en las que la música da forma a las letras blancas y rojas de Salmonpalangana).

Del griego “ánthropos” (hombre) y del “kentron” (centro). Aunque esta historia nada tiene que ver con el heleno que jugaba con el 10 que convertía en oro cada balón en la frontal ni tampoco se sitúa en El Pireo donde años más tarde llegaría aquel gol del mago de Osijek. A las puertas del Renacimiento tiene su origen etimológico el antropocentrismo, término según el cual el ser humano se concibe como el centro del universo y sostiene la justificación de la creación del mundo por Dios para el disfrute del hombre. Una visión vital que desde el sur se aleja de la acepción recogida en el diccionario filosófico marxista para reflejarse en Nervión en la ilusión del niño que ve por primera vez el mosaico de Santiago del Campo o en el suave tintineo que producen dos llaves al son de ‘Pasan los Campanilleros’. Una vivencia edificada sobre recuerdos intangibles que se dirigen en la mayoría de los casos hasta el Ramón Sánchez-Pizjuán como kilómetro cero de su existencia. Una filosofía de vida que se profesa como ‘religión’, como divulgó el León ante la necia meseta. Y pobre del que quiera robarnos la ilusión de esos momentos. Fugaces como el paladeo de cinco toques al esférico de plata del otro dios que habitó entre nosotros. O eterno como el intervalo que abarca la histeria generada por cada entrenador tuitero tras conocer la convocatoria y el drama posterior al anuncio de la alineación. Todo gira sobre lo vivido, lo pensado, lo opinado y lo sentido. Porque para quererte ya estamos nosotros.

Y todo es efímero. Como el silencio de la grada antes de un gol.

Palop; Daniel Alves, Javi Navarro, Dragutinovic, Puerta, Martí, Poulsen, Maresca Adriano, Luis Fabiano y Kanouté. Y la repetiríamos las veces que hagan faltan sabiendo que el ‘Big Bang’ blanquirrojo giró entre los meses que transcurrieron entre Eindhoven y Glasgow. Quizás Copérnico, por el hecho de crear la astronomía científica, refutaría la teoría ptoloméica, pero fue el darwinismo el que asestó posteriormente el golpe decisivo a la concepción que considera al hombre como un ser sobrenatural. Aunque si solo fuera posible escoger a uno de esos seres divinos muchos coincidirían con esta elección fija en su once.

“Era muy especial marcar en las dos finales, pero cuando me fui ganaron tres más, y entonces dije: no era tan especial”. Todos los focos apuntan hacia él mientras pregona esta frase después de alzar un pequeño papel que pone Sevilla FC ante los ojos de Europa. Un maliense nacido en Sainte-Foy-lès (Lyon) te pone los pies en la tierra de la misma forma con la que te bajaba un balón del cielo frente a la media luna. Frédéric Oumar Kanouté, 290 partidos y 136 goles a sus espaldas, el mismo atleta con el que te sentiste inmortal en cualquier guerra, viene a hablarte de la brevedad de la vida (De brevitate vitae) como si fuera un filósofo romano. Séneca en el año 55 d. C. ya incluyó este concepto en su obra Diálogos, que no sólo influenció siglos después a los autores españoles del Siglo de Oro, pues dejó un mensaje que puede valer para el individuo que habita en la grada de Nervión, o aquel que reside en el Foro, peña, grupo de WhatsApp, o incluso a ese que resopla mientras aún marca el 212 del teletexto. La vida es corta si no se sabe aprovecharla. Tan breve como los 20357 minutos en los que el gigante maliense portó la camiseta sevillista.

Después de Glasgow llegó Turín. Aunque también vino Varsovia y Basilea. Y ese momento que creíste que nunca sería igual se repitió. Como en el cuento de ‘Pedro y el lobo’ perdiste la credibilidad con el “a ésta vamos por si es la última”. Vinieron nuevas previas y hubo otros abrazos de gol que te permitieron comparar lo que parecía inolvidable. Hubo otros tifos, arengas y bengalas. Te volvió a faltar el hielo y también se ausentaron algunos de los que nos acompañaron para ocupar su localidad en el tercer anillo. Incluso hubo vida después de la pérdida de esa bufanda sacra. Porque otros amuletos llegan y ningún jugador besará el escudo eternamente. Larga vida al mercenarios en el césped, sevillistas en las gradas. Aunque solo un retorno como el de Navas puede reconciliarte con la fórmula de la eterna juventud o ese maldito tópico de las segundas partes.

En Zúrich, mientras seguían saliendo emparejamientos, era imposible priorizar el cruce o el rival. Sólo se podía escuchar: “pero cuando me fui ganaron tres más, y entonces dije: no era tan especial”. Justo en ese punto toca afrontar lo que se presenta en este tramo del curso. ¿Y si este año trae una nueva oportunidad? ¿Se sigue conjugando en Nervión el hambre con los sueños?

“La felicidad es el significado y propósito de la vida, el objetivo y fin de la existencia humana”. Aristóteles, a lo fiel de Nervión, sabe que las finales se juegan en mayo pero su felicidad se siembran desde el frío ecuador de la temporada. Toca apretar los dientes para encontrarse de nuevo. Para sentirnos el centro del universo. Para que la gloria vuelva a ser efímera. Para que Kanouté nos diga que lo hicimos de nuevo, aunque ya no seamos tan especiales por conseguirlo.

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