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JOSÉ MANUEL ARIZA 21/01/2020

Dictaduras

Saludos.

“No basta con la obediencia. Si no sufre, ¿cómo vas a estar seguro de que obedece tu voluntad y no la suya propia? El poder radica en infringir dolor y humillación. El poder está en la facultad de hacer pedazos los espíritus y volverlos a construir dándoles nuevas formas elegidas por ti.”

   (George Orwell, 1984)

Todos los regímenes totalitarios, todas las dictaduras que en la Historia han sido, son y serán, persiguen recurrentemente (además de acaparar el poder, el dinero, en manos de un pequeño grupo y porque es esencial para sus propósitos) uniformar a la inmensa mayoría de las poblaciones bajo un pensamiento único que les permita “manejarlos”, con presupuestos la mayoría de las veces espurios o de escaso valor racional (banderas y otras idioteces) dictando así las corrientes mentales por las que han de desplazarse ésas masas anónimas.

Eso es posible porque a ésas dictaduras no les interesan ciudadanos formados, capaces de aplicar la lógica en sus pensamientos y acciones y hacer un uso adecuado de la razón elemental que deberíamos interiorizar desde niños. Es por ello que difícilmente tendremos sistemas educativos que fomenten esto: los ciudadanos formados son un peligro manifiesto para dichos regímenes.

Decía aquel que los gobernantes inteligentes necesitan ciudadanos inteligentes y que los ciudadanos inteligentes no necesitan gobernantes.

Ésa lógica (de mi bolsillo y madurada en la cola del supermercado) se puede aplicar en muchas situaciones. Parece lógica ciertamente, pero veremos que no es así. No puede serlo en tanto que se enfrentan dos sistemas irreconciliables.

Vivimos la dictadura del dinero, del consumismo, del capitalismo desbordante en el que una de sus máximas es: serás alguien en función de lo que poseas, del dinero que tengas. Si eres inmensamente rico, puedes atracar tu yate de cien metros en los mejores puertos y no importa tu color, religión o nacionalidad que te haremos pleitesía. Si eres inmensamente pobre pero del mismo color, religión o nacionalidad, te puedes ahogar en un cayuco en medio del Mediterráneo que igual te muestran un par de segundos en un informativo. El primero copa todas las portadas, el otro es pobre.

– Al hilo: las mujeres saudíes tuvieron unos minutos de gloria en ésas portadas, con la inestimable ayuda venenosa de alguna mujer que vive en otro mundo, para, enseguida, volver a ser ocultadas debajo de trapos y relegadas al rincón por su género. En aquel régimen totalitario, la minoría del poder, anclados en pensamientos “religiosos” medievales, dictan que la mujer es inferior al hombre, esclava, y éstos obedecen sumisos, animosos y en masa el despropósito. Lo que se desprende, en la vida cotidiana de ellas en algunos países, es tan espantoso que cuesta asimilarlo en el 2020.

Como no podía ser de otra manera, también vivimos la dictadura del dinero… en fútbol (la “sociedad global” que no conoce de fronteras, pasaportes, razas, colores o moral). Dos equipos acaparan casi todo el poder y en todas sus formas. Sus vitrinas están repletas de títulos y trofeos que son enumerados con orgullo y pasión por sus seguidores. Unas colecciones envidiables a pesar de que todos sepamos de qué manera se consiguieron muchos de ellos. Y como tenemos mucho dinero, “atracamos” nuestro yate donde nos sale.

Dictadura perfecta (La Liga) es la que consigue hacer creer a sus ciudadanos que viven en democracia (los árbitros son imparciales y todos somos iguales aunque haya dos más iguales que otros) y libertad (puedes decir lo que quieras menos la verdad que moleste al poder), Sr. Smith.

En su afán uniformador (la discrepancia es intolerable) se crean “gradas de animación” como una forma de despersonalizar a los espectadores (igual que en los ejércitos, en las escuelas, en las religiones…) donde se diluya lo individual, lo distinto, lo personal. Éste engendro (que pretenden imponer machaconamente en todos los Estadios) es la antítesis del fútbol cuya mayor virtud es, precisamente, que nadie opina igual, ni ve el mismo partido, ni anima de la misma forma… aunque el fin sea el mismo para todos aunque las formas sean tan diversas, tan distintas. Por suerte… pero todo llegará.

Se crea una herramienta magnífica llama VAR para posibilitar que el fútbol sea más justo, que evite corruptelas que equilibren a los desequilibrados oponentes. No es gratuito ni baladí: los abusos de los poderosos se pueden contar por miles, por décadas. Y como no aceptamos que se cuestionen nuestras formas porque para eso somos el PODER, nos oponemos a ella y si no, las entregamos a las mismas manos corruptas de las que nos hemos beneficiado todo ése tiempo, con lo que al final llegamos siempre al mismo puerto. Yo gano, Sr. Smith, “y mueva los brazos más rápido”.

¿Quién controla al controlador? ¿Quién vigila al vigilante?

Y como buena dictadura, tenemos todo un inmenso aparato mediático (yo te digo lo que lo que debes leer, escuchar o ver que para eso soy el PODER, Sr. Smith) que en llegando a un punto crucial, ponemos el foco en la cuestión que distraiga de lo esencial: no se hable del robo del partido y apabullen con las declaraciones de un sevillista harto que, casualmente, es el Director Deportivo de la víctima. Legión al ataque para ocultar la verdad. Allí, más allá y aquí.

-Mire el dedo, Sr. Smith.

“Una mentira mil veces repetida…”.

Se les llama “estómagos agradecidos” o, llegado el “casus belli”, mercenarios. Hay que comer, amigo mío y “qué buen vasallo sería si tuviera un buen señor a quien servir”. Lo hay. Paga.

Dice la Constitución (la del papel mojado según sea el cristal) que estamos obligados a denunciar los delitos o nos convertiremos en cómplices de los mismos. Pero no mucho.

Es una nueva versión (debemos andar por la 200.0) de la crónica de un robo anunciado, del “a la fuerza ahorcan”, del “fatum” en manos de los cerdos de la granja.

Cuando te hablen del “Gran Hermano”, recuerda que los amigos se eligen pero que la familia te viene impuesta. En otras latitudes dicen “famiglia”.

Cuídate, Sr. Smith, Winston.

  • Pablo NA

    Maravilloso escrito.

    21/01/2020

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