Cabecera Columnas Blancas
image
ENRIQUE VIDAL 06/12/2019

Mercadeo

“No hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado” (Jn 2:16).

La anterior cita, incluida en el Evangelio de San Juan, ilustra la conocida escena bíblica de la expulsión de los mercaderes del Templo.

Confieso que la presentación del denominado “gran pacto” de los grupos mayoritarios de accionistas del Sevilla F.C. me recordó enormemente esta escena, en la que un puñado de cambistas y especuladores profanaban el Templo sagrado del pueblo de Jerusalén.

Ya lo dijo el Papa Francisco, no hace mucho: “Este gesto de Jesús es siempre actual, no solo para las comunidades eclesiales, sino también para los individuos, las comunidades civiles y la sociedad”.

El debate sobre los clubs de fútbol, su naturaleza jurídica, la titularidad de su patrimonio y el régimen al que fueron condenados, salvo unos pocos privilegiados a dedo, con su conversión en sociedades anónimas deportivas, daría para mucho.

En el caso del Sevilla F.C. es más que dudoso que, en los planteamientos originales de la Ley del Deporte, hubiera tenido que someterse a su transformación, dado que gozaba de un patrimonio real enormemente superior a su deuda, gracias a la titularidad privada de su estadio y terrenos circundantes y de la ciudad deportiva, con enormes plusvalías latentes que los requerimientos contables impedían lucir en sus estados financieros, pero que indiscutiblemente hacían de la entidad una de las más solventes del panorama español.

Aquella conversión propició que unos cuantos, con el único mérito de pasar por allí en el momento oportuno y prevalerse de su posición para planificar concienzudamente el desembarco en el capital, se apropiasen de la obra, tangible e intangible, de varias generaciones de sevillistas, a un coste ridículo, o lo que es lo mismo, sin justiprecio.

Otro tanto puede decirse de quienes vienen protagonizado una lucha sin cuartel por acopiar más y más acciones de nuestro club en los últimos tiempos, en una vergonzante carrera en la que casi todo vale con tal de arañar cuota.

Ninguna legitimación, material ni moral, tienen ni tuvieron estos atípicos dueños de la ahora mercantil sevillista, por mucho que lo proclamen a los cuatro vientos, pues cualquier inversión de tiempo, apoyo económico o financiero puntual que pudieran haber realizado en algún momento, incluso considerando aquellas apuestas más arriesgadas, además de minúsculas en términos relativos si se compara con toda la trayectoria de décadas de la sociedad, fueron perfectamente compensadas y rentabilizadas, tanto social como crematísticamente hablando.

Como decía el filósofo y jurista alemán Max Weber, sin legitimación, el derecho es una fuerza desnuda, carente de ética, contrario a la moral.

Nos encontramos ahora con la propuesta de aprobación en la próxima junta general de una muy importante distribución de recursos de la sociedad Sevilla F.C. a favor del Consejo de Administración, que salvo pirueta con triple tirabuzón, habrá que ver cómo encaja en el siguiente mandato legal:

“La remuneración de los administradores deberá en todo caso guardar una proporción razonable con la importancia de la sociedad, la situación económica que tuviera en cada momento y los estándares de mercado de empresas comparables. El sistema de remuneración establecido deberá estar orientado a promover la rentabilidad y sostenibilidad a largo plazo de la sociedad e incorporar las cautelas necesarias para evitar la asunción excesiva de riesgos y la recompensa de resultados desfavorables.”

Habrá que ver también cómo se entiende un sistema ya instaurado donde las inversiones efectuadas en la adquisición compulsiva de acciones por parte de los grupos del “gran pacto” se retroalimenta a base de remuneraciones, salarios y dividendos que aprueban con su propia mayoría, salen de la caja del club y previo paso, directo o indirecto, por sus bolsillos, acaban con una flamante anotación en el Libro Registro de Acciones Nominativas, en una suerte de círculo vicioso que, como poco, bordea la asistencia financiera y el conflicto de intereses.

Recordemos que no muy lejos de Nervión, se ha resuelto un sonado litigio mercantil donde vino a anularse la adquisición de acciones de una SAD por parte de ciertos particulares por haberse acreditado, a juicio del tribunal, que los recursos utilizados a tal fin procedían en última instancia de la propia sociedad.

Todo esto, con la rumorología de fondo apuntando a que el “gran pacto” se transformará en la “gran venta” en cuanto se cumplan las condiciones que los fondos de inversión manejan, hace que la metáfora bíblica con que iniciamos este artículo amenace con cumplirse a pies juntillas en nuestra particular realidad.

Duele ver profanado, con tanto mercadeo, nuestro templo, el edificio sevillista construido y sustentado por varias generaciones de fieles. Y duele también sospechar que, en un futuro, quién sabe si muy cercano, pueda acabar ese templo convirtiéndose en lo que Jesús denunciaba. Búsquenlo, si quieren saberlo, en los evangelios, que yo no me atrevo ni siquiera a pensarlo.

Por cierto, de aquel templo, como bien me apuntaba un amigo, sólo queda hoy el Muro de las Lamentaciones.

You might also like

Milagro navideño

En estos entrañables días, llenos de recuerdos, llenos de ausencias y

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies