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QUIQUE DE LA FUENTE 11/12/2019

Diego Carlos, «el vinagre de Nervión»

Hay un dicho sevillano que se dice cuando algo está fuerte: «¡está mas fuerte que un buche de vinagre!». Esta expresión la ha dejado obsoleta y en , (ya el vinagre parece agua) comparado con nuestro pedazo de central Diego Carlos.

Diego Carlos es tan bueno, que da hasta coraje cogerle cariño, porque se le está poniendo una pinta de ficharlo otro equipo, que no se pué aguantá. Es tan bueno el gachó, que hasta ya a algunos se nos está pasando por la cabeza que el Sevilla juegue un 1-6-3 y con el 1 no me refiero al portero, sino a que juegue él sólo en defensa. Si acaso, acompañado de otro central en el caso que el equipo contrario juegue con 3 delanteros, ya ahí, lo mismo le cuesta defenderlos. Pero cuando sea un partido en el que el equipo contrario se echa atrás, con que le pongamos unos cuantos por delante, va sobrao.

Diego Carlos no tiene una vida fácil. El nota, por ejemplo, tiene que comer la mahonesa con los ojos cerrados, porque si la mira se corta la mahonesa. Y es que acojona. Po no terminó el gachó el partido el Valladolid, ojo Valladolid, a las 23.00 h, que en Valladolí hace rasca por castigo, allí los frigoríficos los tienen desenchufaos, en Valladolid los perros y gatos mean y cagan en el váter por no bajar a la calle, y va el tío y sale del campo sin camiseta, como el que se pasea por la orilla de la playa en Chipiona en agosto, que tiene mas bulto en el cuerpo que el campo del Claret en los años 90, todavía tengo una postilla de cuando me caí jugando allí, ¡sus muertos!.

Está tan petao, que el Sevilla tuvo que prohibirle usar el gimnasio y esto no es coña. Anda que se va queá con las ganas de comer aceitunas porque no es capaz de abrir el bote, como nos ha pasado a más de uno. Este no es como nosotros, que no vea la que liamos pa exprimir al máximo el bote kechu o la pasta diente… este aprieta un poco y deja los botes por dentro que parecen fregaos.

El nota es un pelotazo para las empresas de seguridad, saben que difícilmente les van a dar trabajo porque hay que tener cojones pa irse a casa de Diego Carlos a robar. Vamos, yo te digo que tú robas en casa de Diego Carlos y en el juicio puedes alegar que no sabías lo que hacías, y el juez te da la razón, porque queriendo no se mete ahí nadie.

Recién llegado a Sevilla, ya me di cuenta de cómo era el gachó. Me lo encontré en el Carrefour, me dio la mano y se me paró el reloj y se me cargó la batería del móvil. El nota me dio un golpecito en la espalda al despedirse y me ha quitao el hipo ya pa siempre y es que el caso es que el tío, tiene hasta cara güena gente, de no romper nunca un plato, tiene pinta de haber hecho la comunión y la confirmación, le pones una chaqueta, y tiene cara hermano mayor de la Macarena, puede hasta dar el pego como testigo de Jehová, ¡cómo engaña el mamón!.

No me quiero poner en la piel, por muy buena que esté y sea familia ya con la vida resulta, del que salga con su hija. Todo lo contrario que su suegro, que no vea la tranquilidad que debe dar que tu hija vaya con un novio así.

Me hace gracia la gente que dice que Koundé se está adaptando bien al equipo, ¡los cojones! Al lao de éste, cualquiera. Te digo yo que pones a Diego Carlos con Navas y es capaz Navas, hasta de hacer un monólogo en público.

Diego Carlos no tuvo una infancia como cualquiera, él de pequeño, cuando iba con el padre a la Semana Santa, le decía: «súbeme a caballito» y Diego Carlos subía a su padre a caballito. Le llamaban “gato” cuando era cadete, pero no como aquí porque era mu grande y parecía mayor que los demás, era porque cuando pinchaba un coche, él lo levantaba mientras cambiaban la rueda.¿Os acordáis cuando antes se estropeaban mucho los coches y pa arrancarlo llamaban a los niños que andaban por ahí pa empujarlo y que arrancara? Pues en su barrio llamaban a Diego Carlos pa empujar los coches, pero no para arrancarlos, pa ahorrar gasolina, con un empujón del nota y con un poco de suerte, si te pillaban los semáforos en verdes, te hacías el recorrido en punto muerto. Por ejemplo, Diego Carlos te empuja en la entrada de Pino Montano en la SE-30 y, con un poco de suerte, llegas al centro comercial Lagoh con el coche en punto muerto.

Nadie le decía de chico en los columpios, «killo empújame». Ojú chiquillo, imagínate la que te podía formá si te pega un empujón.

Diego Carlos veía a la masa y lo único que veía de diferente o extraño, es que tenía la piel verde, por lo demás, él veía una persona normal.

A este tipo, como decimos aquí, hay que meterle sevillanía en vena, para intentar retenerlo. Hay que aprovechar lo que le gusta a un brasileño la marcha y la religión y aquí de eso vamos sobraos, en la feria, que no le falte de y si hace falta se le hace hermano de alguna procesión, incluso éste puede ser costalero de alguna hermandad, en un momento dado, si no sabe manejarse con los demás debajo de un paso, no hay problema, que lleve el paso él solo.

Aprovechemos la presencia de Diego Carlos mientras nos dure, que ajolá sean muchos años, incluso le perdonamos que salga sin camiseta de vez en cuando, aun dejándonos en mal lugar delante la parienta, por Diego lo que haga falta… cualquiera dice que no.

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