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KENNETH ASQUEZ 16/11/2019

The Mother of all derbies

In 2003 I was privileged to experience the rivalry “in situ” of a Sevilla v Betis derby game. The first game at the Sanchez Pizjuan ended in a 2-2 draw. It was a thoroughly entertaining game played at a very high intensity. As a passionate Liverpool fan, I understand the nature of having the “city bragging rights” just after a derby game. But I was unable to understand the hatred that one could sense within the crowds. The return game at the Benito Villamarin also ended in a draw, 1-1 this time. I sensed the same hatred.

Passion for football knows no frontiers and takes on an almost religious quality in places like England with the Premier League, in Italy with Serie A and of course in Spain with La Liga. But this was different. My regular visits to Merseyside derbies, memories were that of red and blue families mixing together in the stands, or in bars before the game.

Towards the end of the 2003/04 season I found myself dealing with both clubs as they were interested in recruiting one of my players who although at the time was injured, his early season form, made him an interesting proposal for both clubs. During the months of April and May I found myself in countless meetings in both Stadiums. As a non resident of Seville I was able to go in and out relatively unnoticed.

The dialogue was mostly with both sports directors, I had at that stage, not met either of the clubs charismatic Presidents, however the end of the Rocio festivities quickly ended this and I had all of a sudden walked into the lion’s den as negotiations intensified.  The city rivalry was transferred from the pitch into the offices. One day I was meeting Betis’s charismatic President Manuel Ruiz de Lopera at his private office in Calle Jabugo, the following I was meeting Seville’s world respected Sports Director Ramon Rodriguez, in a central Madrid Hotel.

The media got wind of this fact and found myself fighting fires on all fronts whilst having to make a decision with my client’s best interests at heart. Decision time arrived on a key date in my life, my son’s birthday, his tenth and the first one I missed. Negotiations with both teams was transferred to Madrid were FC Nantes, the current team who my client played for, had set up base. At around 2am we departed the FC Nantes base in Madrid with my client a Seville player. Mr. Lopera was not a happy man and my three subsequent telephone conversations with him not pleasant, thankfully the conduct of his Sports Director was at the height of such a great institution like Real Betis is and to date we still enjoy a great close friendship.
I was still perplexed as I continued to sense the hatred from the stands of the respective stadiums to the offices. I had never come across this hence why it stood out so much to me.

Fast forward to 2007, when I saw a massive shift from hatred to solidarity as a result of the unfortunate sudden death of Antonio Puerta. As the eyes of world’s media immersed on the city of Seville to cover the tragedy in August 2007, both clubs stood hand in hand united by grief and in compassion.

Derby games from this day on changed, in my opinion, for the benefit of the two clubs, both sets of fan and the city. The City of Seville is privileged to have two such well known and international brands and should be promoting this unique product across all the four corners of the globe.

#onecity #twoteams #one passion #sevillafc #realbetisbalompie


Traducción realizada por David Cárdenas Dolbear (@DavidDolbear)

La madre de todos los derbies

En 2003 tuve el privilegio de experimentar “in situ” la rivalidad” de un derbi Sevilla-Betis. El primero, en el Sánchez Pizjuán, terminó en empate (2-2). Fue un partido muy entretenido y de alta intensidad. Como “hincha” apasionado del Liverpool, entiendo la importancia del “derecho a presumir” en toda la ciudad, otorgado a la afición del equipo ganador desde el final del derbi hasta que se juega el siguiente. Pero lo que no comprendía del todo era el odio que se destilaba de la grada. El derbi de vuelta aquel año, esta vez en el Benito Villamarín, también acabó en empate (1-1 esta vez). Noté el mismo odio en el ambiente.

La pasión por el fútbol no conoce fronteras, y adquiere una dimensión cuasi-religiosa en lugares como Inglaterra con la Premier League, en Italia con la Serie A y, por supuesto, en España con La Liga. Pero esto era distinto. En mis citas regulares con el derbi de Merseyside, mi recuerdo principal era el de familias red y toffee entremezcladas en las gradas o en los pubs antes del partido.

Hacia el final de la temporada 2003/04, me vi envuelto en negociaciones con los dos clubes, ambos interesados ​​en fichar a uno de los jugadores a los que representaba por aquel entonces. Aunque se encontraba lesionado en ese momento, su buen inicio de temporada atrajo ofertas interesantes de ambos clubes. Durante los meses de abril y mayo me encontraba inmerso en innumerables reuniones en ambos estadios. Al no residir en Sevilla, pude entrar y salir pasando relativamente desapercibido.

Las negociaciones paralelas se sucedieron principalmente con sus respectivos directores deportivos, y hasta entonces no conocía a ninguno de los carismáticos presidentes del Sevilla y del Betis. Eso cambiaría después del Rocío, cuando me vi repentinamente en la boca del lobo a medida que se endurecían las negociaciones. La rivalidad de la ciudad se trasladaba del campo a las oficinas. Un día me reunía con el carismático presidente de Betis, Manuel Ruiz de Lopera, en su oficina de la calle Jabugo, y el otro con el admirado director deportivo del Sevilla, Ramón Rodríguez “Monchi”, en un céntrico hotel de Madrid.

Los medios se enteraron de estas negociaciones, y me vi peleando en varios frentes con la responsabilidad de tomar una decisión que tuviera en mente los intereses de mi cliente. El día de la decisión llegó en una fecha clave en mi vida: el cumpleaños de mi hijo (el décimo, y el primero que me perdía). Las negociaciones con ambos equipos se trasladaron a Madrid, donde había establecido su base el FC Nantes, el equipo en el que jugaba mi cliente por aquel entonces. Aquel día salimos de Madrid alrededor de las 2 de la madrugada, siendo ya mi cliente oficialmente jugador del Sevilla. El Sr. Lopera no estaba precisamente contento, lo cual quedó plasmado en las tres conversaciones telefónicas que tuve con él después de aquello. Afortunadamente la conducta de su Director Deportivo sí estuvo a la altura de una institución tan grande como es el Real Betis. y hasta la fecha todavía mantenemos una relación de amistad.

Rebobinemos el tiempo hasta 2007. En aquel año se observó un cambio masivo en el ambiente de la rivalidad Sevilla-Betis. El desafortunado y repentino fallecimiento de Antonio Puerta cambió el odio por la solidaridad. Al tiempo en que las cámaras de todos los medios de comunicación del mundo apuntaban a Sevilla para cubrir la tragedia de agosto de 2007, ambos clubes se mantuvieron de la mano, unidos por el dolor y la compasión.

Desde ese momento, los derbis cambiaron -en mi opinión- en beneficio de los dos clubes, sus aficiones, y la propia ciudad. La ciudad de Sevilla goza del privilegio de tener dos marcas tan conocidas internacionalmente, algo que debería promocionar en todos los rincones del mundo.

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