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PEDRO MONAGO 25/11/2019

Matar el partido

Hay cosas en el fútbol que no cambian.

Cada verano nos ilusionamos con los fichajes y desesperamos con las ventas que no nos gustan. Después, a lo largo de la temporada, los resultados van, poco a poco, poniéndolo todo en su sitio e irremediablemente aparece otro elemento imprescindible en toda temporada futbolística: la cantinela, que dice la RAE, en su segunda acepción, que es una “repetición molesta e importuna de algo”.

He dudado si usar este término u otro, con menos connotación crítica, porque mi idea no es tratar aquí la cantinela como algo negativo, sino más bien como algo inevitable, casi necesario y no forzosamente tan molesto. Al final, sin embargo, me he decidido por dejarlo así e intentar explicarlo.

Por empezar con un análisis comparado de cantinelas, todos recordaremos las menos antiguas: Emery y la posición de Rakitic, Sampaoli y su desapego por “el otro fútbol” (ay, Konoplyanka), Machín y sus tres centrales… Un vistazo, aunque sea superficial, a esos casos, demuestra que las cantinelas no son inventos sin fundamento alguno, sino que, bien al contrario, tienen, por lo general, un sólido soporte de conocimiento por parte de la afición que las crea, lo que las convierte en un importante instrumento de exigencia bien entendida. Me remito aquí a lo dicho sobre la sabiduría de la afición en el post “el especialista”.

Este año, por ahora de bonanza en cuanto a resultados, ya tenemos también nuestra cantinela: el Sevilla no mata los partidos (bueno, esa es la principal, luego están Nolito, etc). Cómo decía más arriba, no se puede decir que sea un invento no soportado por razones, porque resulta indiscutible que nos cuesta ganar por más de un gol y acabamos cada partido sufriendo más de lo que el juego del equipo invitaría a pensar.

Siendo esto así, creo que conviene tener en cuenta alguna consideración extra. Y es que, en mi opinión, la cantinela debe ser tomada con cautela (para no convertirse en algo molesto e inoportuno, más acorde a la definición de la RAE) cuando se refiere a un modelo de juego que está dando resultados. No matamos el partido, decimos, porque Lopetegui, cuando el equipo se adelanta en el marcador, es amigo de acumular centrocampistas y sobar el balón, dejando que pase el tiempo y sin buscar profundidad. Bien, de acuerdo, no discutimos eso, pero ¿podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que ese no ir a matar el partido es la causa de que no llevemos más puntos? ¿De verdad somos tan superiores como para poder “matar” esos cinco partidos que hemos ganado fuera, sin dejar opción alguna a los rivales? ¿No estaremos convirtiendo la superioridad que el equipo muestra en muchos momentos en el síntoma de un defecto?

Yo no tengo las respuestas, nadie las tiene (baste recordar que uno de los dos partidos que hemos perdido fuera ha sido aquél que habíamos “matado” en el descanso, con un 0-2), pero sí me resulta curioso que una afición tan dada a pensar que tiene que ir al fútbol siempre por el mismo camino o vestir una determinada ropa en los partidos importantes, sea tan alegre a la hora de pedir, qué digo, exigir, cambios en algo tan relevante como el planteamiento del entrenador, cuando los resultados le están dando la razón.

La realidad es que somos terceros, pero queda un mundo y no sabemos qué pasará a final de temporada. De momento, nos tendremos que conformar con hacer la reflexión de que más vale no sufrir con nuestras cantinelas, porque lo único que conseguimos es disfrutar menos.

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