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David Ramos
MAMEN GIL 15/11/2019

El Sevilla… La vida

Hay que ser muy inconsciente o temeraria (en este caso creo que las dos cosas) para intentar explicar por qué el Sevilla es la vida, pero como lo prometido es deuda, aquí estoy, lanzándome de cabeza a la piscina. Alguien con mucho más galones que yo como @leonsfdo lo ha dejado muy claro: ‘el sevillista lo vive las 24 horas del día’, ergo el Sevilla es la vida… Una vida íntimamente ligada a la filosofía del club.

El sevillista afronta la vida con optimismo, mirando siempre la parte positiva de las cosas. Podemos caer una y mil veces pero siempre nos levantamos, pues llevamos grabado a hierro eso del ‘nunca se rinde’. Podemos equivocarnos, pasar malas rachas, pero intentamos no buscar excusas ni acusar a los demás de nuestros errores.

Defendemos lo nuestro por encima de todo. Somos autocríticos y exigentes con nosotros mismos, pero no permitimos que nos pisoteen los de fuera. Sabemos que no somos más que nadie, pero nadie es más que nosotros. Respetamos y admitimos en nuestras vidas a todo el mundo, independientemente de su nivel social, creencia religiosa o ideología política. Abrazamos la bandera del señorío y somos hospitalarios aunque no lo sean tanto con nosotros.

Sabemos que la vida no es jauja y que no estamos aquí para perder el tiempo. Por eso vivimos a tope tanto las alegrías como las penas. Disfrutamos los éxitos y lloramos las pérdidas de los nuestros como si no hubiera un mañana, pero el mañana existe y cuando llega ya estamos preparados y hemos cogido la fuerza suficiente como para volver a subir en esa montaña rusa de sentimientos que es la vida.

El Sevilla es nuestra religión. Al fin y al cabo la religión es cuestión de fe y para fe la que tenemos en los nuestros, en los de colorao. Y nos dejamos el alma en el empeño porque,  al fin y al cabo la vida es pasión… Y si la vida es pasión el Sevilla también lo es.

La pasión, ese sentimiento vehemente capaz de dominar la voluntad y perturbar la razón. Dicen que la palabra pasión deriva del latín passio, y este del verbo pati, patior, padecer… Y malo del que ni sienta ni padezca. Pero eso de la pasión no lo digo solo yo, es algo que refrenda la ciencia. Según un estudio realizado por el Instituto de Ciencias Nucleares Aplicadas a la Salud de la Universidad de Coimbra, la pasión por el fútbol es similar al amor romántico. El estudio ha comprobado que los circuitos cerebrales que se activan en los hinchas del fútbol son los mismos que en los románticos enamorados. Cuando se celebra un gol o se festeja una victoria, se activan regiones del cerebro donde se libera dopamina a modo de recompensa.

Así pues, los hinchas viven en un estado de enamoramiento permanente. Un enamoramiento por el fútbol que es eterno, nunca muere. El vínculo amoroso puede romperse cuando se acaba la etapa del enamoramiento. En cambio, en la pasión por el fútbol nunca pasa eso… Así, que ya sabe… sevillista seré hasta la muerte… Porque como dicen en ‘El secreto de sus ojos’, se puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar… no puede cambiar de pasión…

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