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PEDRO MONAGO 15/10/2019

Viabilidad

Sabido es que la contabilidad “moderna”, o de partida doble, fue difundida por Fray Luca Pacioli en el Siglo XV. Probablemente, en términos relativos, la contabilidad es de las materias que menos ha cambiado en 6 siglos, dada la vigencia de los principios que la regían:

  • No hay deudor sin acreedor.
  • La suma que se adeuda a una o varias cuentas ha de ser igual a lo que se abona.
  • Todo el que recibe debe a la persona que da o entrega.
  • Todo valor que ingresa es deudor y todo valor que sale es acreedor.
  • Toda pérdida es deudora y toda ganancia acreedora.

Visto así, parece claro que la contabilidad, al menos en sus rudimentos, no es una materia compleja y cualquiera puede entender esas reglas fundamentales. De hecho, todo el mundo usa esos principios contables –con mayor o menor acierto- en la llevanza de su economía doméstica.

Me resulta, por ello, sorprendente la dificultad del personal para aplicar esos principios básicos cuando hay que mezclarlos con una pasión, como es el fútbol. Estoy seguro de que (casi) cualquiera tiene más o menos claro cuáles son sus ingresos ordinarios (con suerte, la nómina), la diferencia con los extraordinarios (con mucha suerte, un cupón) y cómo debe administrar unos y otros para hacer frente a los gastos ordinarios (el día a día) y extraordinarios (la comunión de la niña) o a una inversión (arreglar el cuarto de baño).

Cuando hablamos de fútbol, sin embargo, nos da igual todo: ponemos, en un lado, los importes de las ventas de jugadores en ese período de fichajes y, en el otro, los importes de las adquisiciones. Da igual lo que haya pasado en ejercicios anteriores, da igual lo que pase en el propio ejercicio (con los cedidos; por ejemplo) y da igual lo que tenga que pasar en el futuro, nosotros hacemos un “análisis contable” simplificado, de un ejercicio estanco, y a partir de ahí opinamos sobre si, como nos gusta decir, el dinero está o no en el campo.

Obviamente las cuentas no son así, como no son así nuestras propias finanzas. Uno no deja de pagar la hipoteca de una casa porque la alquile los meses de verano, ni deja de abonar el móvil que se compró a plazos porque lo ha perdido (y, además, se tiene que comprar otro), ni necesariamente se gasta en un fin de semana un dinerito extra que ha pillado, que estoy ahorrando para un viajecito… Pues en un club de fútbol también hay hipotecas, móviles perdidos y dineritos extra que hay que administrar.

No vamos aquí a explicar el modelo del Sevilla FC, aunque solo sea porque ni de lejos me acercaría a la capacidad pedagógica de Juan Luis Villanueva en las últimas Juntas Generales, pero sí que conviene recordar que es un modelo cuya principal virtud es precisamente seguir aplicándose muchos años después de implantarse, porque un club se debe administrar no con el objetivo de obtener éxitos deportivos a corto plazo, sino con el de seguir obteniéndolos dentro de muchos años. Se llama viabilidad y es, quizás, nuestro principal patrimonio.

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