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MIGUEL CANALES 28/10/2019

Explotar los espacios

Comentaba Guardiola en una entrevista que dio para Gol Televisión que dentro de un terreno de juego siempre había algunas zonas donde los espacios aparecían, espacios indefendibles si los extremos se encontraban bien abiertos. Apostillaba que esos espacios siempre estaban disponibles y que su labor era conseguir que su equipo fuera capaz de atacar esas zonas que no se podían defender. A ese respecto, Xavi Hernández también comentó en una entrevista que Pep estaba siempre maquinando dónde estaban disponibles los espacios libres. El entrenador más paradigmático en atacar en espacios reducidos, con menos espacios disponibles y al que más se le achaca buscar la mayor posesión del balón posible, poniendo su principal énfasis táctico en los espacios y no en el balón. Esto nos deja bien a las claras que este juego, y cada día más, no va tanto de tener la pelota sino de encontrar los espacios.

El Sevilla de Lopetegui es el tercer equipo de la liga con mayor posesión de balón tras Barcelona y Real Madrid, después de haberse enfrentado a ambos, y el que realiza un mayor número de centros laterales al área de la primera división española. Estas estadísticas marcan, claramente, su modelo de juego. Posesión y profundidad por bandas buscando centros y remates.

Bajo estas premisas se tilda al equipo de ser poco resolutivo y se mira con lupa el rendimiento de sus delanteros, a los que se considera poco efectivos de cara a puerta. Sin embargo, pese a ser un equipo de juego por bandas y centros y remates, sus extremos no siempre son chinchetas abiertas que dan amplitud al campo -en especial Nolito- y la profundidad exterior recae en los laterales. Se dan muchas situaciones donde el rival defiende muy metido en área propia y no aparecen demasiados efectivos en posiciones de remate. El equipo mezcla poco, como demuestra ser en dos estadísticas, el tercer peor equipo del campeonato: disparos desde fuera del área y ataques por zona central del campo. No presenta una amenaza real por dentro y desde media distancia, lo que lleva a los rivales a tener sus ideas defensivas muy claras y cómo deben actuar al enfrentarse al Sevilla: doble lateral con extremos replegando en ayudas para que los jugadores exteriores sevillistas no tengan facilidad en el centro y repliegue bajo cerca del área propia para defender los centros laterales en superioridad manifiesta en el área.

A esto se une que Lopetegui prioriza la defensa del rechace que el ataque de las posiciones de remate para que el equipo sea fuerte en la transición defensiva y se active rápido tras pérdida. Los extremos juegan más por dentro que por fuera y los mediocampistas no pisan tanto área como debieran. Eso repercute en los guarismos en el marcador. El Sevilla marca poco, más allá del debate sobre la capacidad anotadora de sus delanteros, en el juego elaborado y recibe aún menos ocasiones de contragolpe del rival.

En juego elaborado le cuesta encontrar al equipo de Julen esos espacios indefendibles de los que habla Guardiola cuando el rival repliega bajo porque sus extremos no siempre son amplios y no mezcla el juego dentro fuera lado contrario que hace bascular las defensas atrayendo hacia el balón y liberando espacio en el lado débil.

Sin embargo, cuando esos espacios surgen de manera natural, el equipo se transforma, afila su colmillo, es vertical, llega fácil y mejora su capacidad resolutiva. La segunda parte contra el Qarabag en copa de la UEFA, la primera parte en Eibar, los primeros treinta minutos en el Camp Nou -aunque aquí faltó la capacidad resolutiva- o la segunda parte contra el Getafe este pasado domingo han puesto en el escaparate el mejor Sevilla, quitando el partido contra la Real Sociedad donde el juego elaborado sí fluyó mejor con extremos no tan interiores y pisando picos de área.

En estos partidos surgió el contragolpe de manera más natural, el equipo se tiró un poco más atrás en el repliegue, recuperó más lejos y atacó los espacios a la defensa de un rival mucho más adelantado. Estas situaciones se potencian cuando los jugadores de banda son Oliver Torres y Ocampos, con comportamientos dispares pero complementarios, para conjuntarse con dos laterales de esfuerzos amplios y que corren 60-70 metros sin problemas con o sin balón, como Reguilón y Navas. Oliver y Ocampos, cuando aparecen abiertos, desde campo propio amenazan rivales a muchos metros de su portería. El español recibiendo abierto y a pierna cambiada tiene el toque suficiente para meter un pase profundo al desmarque del punta o para cambiar la orientación del juego y el argentino pone la potencia, las piernas y la capacidad de definir tirando desmarques al espacio desde fuera hacia dentro.

Pese a ser un equipo de estadísticas muy pronunciadas en cuanto a posesión de balón y llegadas en juego elaborado, la mayor amenaza de este Sevilla aparece siempre al contragolpe -como muestran otras victorias contra Levante o Granada con ambos goles recuperando en campo propio y atacando de manera vertical-. Cuando los espacios no se encuentran o se generan atacando, hay que aprovecharlos cuando surgen de manera natural. Y ahí está la mayor virtud hasta ahora de Lopetegui. Haber conseguido de un equipo de juego elaborado en campo rival un contragolpe de equipo que vive en el repliegue. El Getafe lo sufrió en propias carnes en cuanto aceptó la invitación a destaparse después de no haber permitido alegrías al Sevilla cuando estuvo replegado.

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