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ALFONSO RAMOS 25/09/2019

Pregoneros de grada

Vaya por delante que no creo que la prohibición sea la más adecuada solución a determinados problemas sociales. Es más, diría que sueño con que llegue el día en que España tenga un sistema educativo de tal calidad que nos permita el lujo de establecer como única prohibición la de prohibir. Que rule ese peta. Y hablando de fumar; ahora se viene poniendo de modita, en lo referente al fútbol, no permitir fumar en algunos estadios. Mi opinión es clara, antes que el tabaco considero más urgente que le prohíban la entrada a los que yo llamo pregoneros de grada, que afectan muchísimo más a la salud, dónde va a parar.

Estas personitas se caracterizan por comentar el partido en alto, como si tuvieran unos cascos puestos. Tan alto como para que se enteren las personas de las cinco filas de asientos que tienen a su alrededor. Sus comentarios contienen siempre un alto grado de pesimismo, como si vinieran al estadio directamente después de una reunión de comunidad. No fuman, no miran el móvil, ni siquiera comen pipas estos cabrones, no vaya a ser que les pase la oportunidad de hacer su comentario sobre cualquier acción del juego.

Resulta divertido imaginarse al pregonero de grada en situaciones fuera de su hábitat natural (la grada). Supongamos que coincidimos con uno de ellos en la sala del cine. Un auténtico pregonero de grada es ese que en la primera ocasión en que el protagonista de la peli se encuentre con el malo gritaría ‘¡Verá tú que lo mata!‘. Es ese que entra en la carnicería y pregunta desde lo más hondo de la tinaja en la que viven sus cuerdas vocales `¿Quién es el último?´, aunque estés tú a solas con el carnicero. Es ese que le da palique al peluquero mientras este te pela a ti. Es ese que en un tanatorio está loco por soltar el primero eso de `Bueno, ya está descansando´. Y ese que cuando el avión sufre una turbulencia grita `¡Chófe, tiene cojone que está cogiendo por to los bache, miarma!´. En fin, que estas personitas existen porque en esta vida tiene que habé de , como ya hay moscas, mosquitos y palomos pero que si no los hubieran inventao seguiría saliendo el sol por el mismo lao.

Quiero creer que todos tenéis que soportar a alguien así cerca de vuestro asiento en el estadio. Seré tonto, pero pensar en que existe esa posibilidad me consuela. Lo que es seguro es que nunca veréis coincidir a dos pregoneros de grada en la misma zona del estadio. Nada es aleatorio con esta gente. Los clubes se encargan de otorgarles sus asientos de manera que estén perfectamente repartidos por todo el graderío, no vaya a quedar un solo socio sin la oreja comía.

En mi caso, tengo la mala fortuna de que el pregonero de grada de mi zona está sentado justo detrás de mí, porque si todavía lo tuviese delante le podría apoyar las cáscaras de las pipas en el hombro, ponerle los cuernos de vez en cuando,… Pero al tenerlo justo detrás, es como la voz de mi conciencia, pero de la parte más negra de la misma. De este modo, en el minuto 1 de partido, un buen pregonero de grada, irá preparando ya el terreno con un “Verá tú, Escuderito… Vaya dos añitos que lleva Escuderito… Que tó le sale mal, que es capaz de hacer un examen de orina y catearlo”. De este modo irá dejando pistas inequívocas para que sepamos bien claro cuáles son sus filias y fobias. Mi pregonero, el que me ha tocao a mí, EL QUE NO TIENE DINERO PA PAGARME LA DE TERAPIAS PSICOLÓGICAS QUE ME DEBERÍAN DAR POR LA ANSIEDAD QUE ME PROVOCA, la tiene especialmente tomada con Franco `El Mudo´ Vázquez. Cabe decir en este punto que los pregoneros de grada nombran a los jugadores, como en el caso de Escudero, utilizando el diminutivo guasón, que lleva extra de retranca. Así, Franco Vázquez, en la anécdota real que contaré a continuación, será El Mudito.

Nos remontamos a la Jornada 32 de la temporada 2018/19. Derbi Sevilla-Betis. Sábado de Pasión, por si fuera poco. El estadio empetao. Típico día que se sientan dos personas por asiento y hay alguno que otra en cuclilla. Mi pregonero, en su asiento, detrás mía, pregonando desde antes incluso del comienzo del partido: “Verá, verá el Caparró… Lo peó es que la curpa no es suya, es de Pepito Castro que es el que lo ha puesto!”. Y Franco Vázquez de titular. Para el que no lo conozca, el argentino es un jugador de los que en Sevilla apodamos torero, por su especial predilección por tratar bien la pelota y brindarle regates y detalles de arte al respetable. Pero no corre bonito. Y eso al aficionado más exigente le saca de quicio. Digamos que corre como pisándole el fregao a una madre, sin querer queriendo. Pues todo el partido se llevó mi pregonero de grada dándole estopa a Franco Vázquez. “Ira, ira, ira El Mudito, ¡que no corre! ¡Quítalo ya, ome!”. Conforme iban pasando los minutos de partido más tes le iba añadiendo a su nombre. “Tiene cojone el Mudittto, ¡que no le da la gana!”.

Pasado el minuto 60, el Sevilla ganaba 2 a 1 pero pasaba fatiguita. Y cuando más tes tenía el nombre del muditttto en los labios de mi pregonero y más veces le había pedido a Caparrós que lo cambiara por la gloria de su madre, el mudittto agarró la pelota en la frontal del área rival, se la acomodó a su pierna izquierda con dos leves toques porque con uno solo no fue suficiente, y como por las venas de Franco “El Mudo” Vázquez no corre sangre sino toíta la granizá de limón del puesto de la plaza de las palomas del parque de Mª Luisa, se giró en una baldosa y la mandó a la escuadra de un zurdazo tan potente como la rabia que tenía dentro de soportar el runrún de tanto pregonero de grada disperso por la bancada. El estadio desbocao. Era el momento de soltar toda la adrenalina que acumulaste durante esa semana inaguantable de derbi. Podía haberme abrazado a mis amigos, haber saltado sobre ellos, haber estado en la parte inferior y felizmente agonizante de ese sandwich humano desbordado por la alegría del gol. Pero no. Me dí la vuelta y tomé contacto visual con mi pregonero de grada por vez primera. Le miré a los ojos y con toda la rabia del mundo le grité “¡DILE ARGO AHORA! ¡DILE ARGO AHORA” y me volví a girar para ya sí, abrazarme a mis amigos. Pero, ¿sabéis qué? El mu cabrón se rió, se rió mucho, pero no del todo. Estoy seguro de que su felicidad habría sido plena si El Mudittto hubiese fallado un caño y lo hubieran sustituido un minuto antes de haber metido aquel gol. Porque lo que le gusta a un pregonero de grada es tener razón. Y eso implica que las cosas deben salir mal.

Por eso, amigos, no intenten establecer nunca contacto con un pregonero de grada. Por muchas ganas que le entren a uno de contestarle o, en el mejor y más solidario de los casos, de darle un abrazo, NO LO HAGAN, por su bien y por el nuestro. Los pregoneros de grada son como los Testigos de Jehová, seres unidireccionales. Si les respondes pueden cortocircuitar y no saber cómo actuar. No están programados para que les den una réplica. Son felices así, simplemente estando. Hagámonos un favor y dejemos que todo fluya tal como está, no vayamos a joder este (im)perfecto ecosistema que Dios nos ha regalao.

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