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LORENA NARES 23/01/2020

¡Campeones de liga!

Justo ahora que se van a cumplir 130 años desde su fundación, me gustaría recordar lo que para mí es el mayor éxito del club en su historia: en la temporada 1945/1946 el Sevilla Fútbol Club se alzó por fin con el título más deseado: el Campeonato Nacional de Liga.

En sus filas durante esa temporada contó con veinticinco jugadores que dieron todo para llevar a su equipo a lo más alto. Ellos fueron: Acedo, Alconero, Antúnez, Araujo, Arza, Belmonte, Berridi, Bonache, Busto, Campanal I, Campos, Clemente, Eguiluz, Félix, Guillamón, Herrera, Iturbe, Joaquín, López, Lucas, Mateo, Ovidio, Paquillo, Pedrín y Villalonga.

En la temporada anteriormente mencionada el equipo hispalense se situó en el peldaño más alto del fútbol español.

Ramón Encinas, entonces técnico del Sevilla Fútbol Club, consiguió llegar a la última jornada de liga con tan solo un punto de diferencia sobre el FC Barcelona. No era un partido cualquiera, era todo o nada, estaba en juego el título más preciado y a nuestro equipo le bastaba con conseguir un empate.

El FC Barcelona necesitaba ganar para proclamarse campeones ante su afición en su propio estadio, el Les Corts (anterior estadio al conocido Camp Nou).

Les Corts estaba abarrotado, todo el público estaba expectante y ambas aficiones deseaban que sus equipos saliesen victoriosos y alzaran la copa. En el campo, dos grandiosos equipos se estaban dejando el alma en cada ocasión, cada jugada… el ambiente era inmejorable, y los culés iban por delante, por un momento soñaron con ser campeones hasta que Araujo en el minuto 7 consiguió el gol del empate a uno, dando el honor a su equipo de poder conseguir la única Copa Nacional de Liga de España que a día de hoy tenemos.

Ramón Encimas aquel día apostó por la siguiente alineación que nos llevó a la gloria: Busto, Joaquín, Villalonga, Alconero, Antúnez, Eguiluz, López, Arza, Araujo, Herrera y Campos.

Once guerreros a los cuáles simplemente y eternamente agradecidos sólo les podremos decir ¡Gracias!

Los campeones volvieron a Sevilla como héroes, era todo un acontecimiento para la ciudad, la expedición sevillista viajó en autobús y fue parando en cada ciudad y pueblo donde fueron solicitados.

La entrega de la Copa se realizaría siete días después en un partido homenaje contra el Granada CF en el estadio de Nervión.

Soñar es gratis, ¿volveremos a ganar algún día otra liga?

CARLOS MARTÍN 22/01/2020

Sevillismo ‘efímero’: del antropocentrismo a la brevedad de la vida

(Suena de fondo “Lo bueno y lo malo” de Ray Heredia. Gracias a Álvaro Yanes por todas esas veces en las que la música da forma a las letras blancas y rojas de Salmonpalangana).

Del griego “ánthropos” (hombre) y del “kentron” (centro). Aunque esta historia nada tiene que ver con el heleno que jugaba con el 10 que convertía en oro cada balón en la frontal ni tampoco se sitúa en El Pireo donde años más tarde llegaría aquel gol del mago de Osijek. A las puertas del Renacimiento tiene su origen etimológico el antropocentrismo, término según el cual el ser humano se concibe como el centro del universo y sostiene la justificación de la creación del mundo por Dios para el disfrute del hombre. Una visión vital que desde el sur se aleja de la acepción recogida en el diccionario filosófico marxista para reflejarse en Nervión en la ilusión del niño que ve por primera vez el mosaico de Santiago del Campo o en el suave tintineo que producen dos llaves al son de ‘Pasan los Campanilleros’. Una vivencia edificada sobre recuerdos intangibles que se dirigen en la mayoría de los casos hasta el Ramón Sánchez-Pizjuán como kilómetro cero de su existencia. Una filosofía de vida que se profesa como ‘religión’, como divulgó el León ante la necia meseta. Y pobre del que quiera robarnos la ilusión de esos momentos. Fugaces como el paladeo de cinco toques al esférico de plata del otro dios que habitó entre nosotros. O eterno como el intervalo que abarca la histeria generada por cada entrenador tuitero tras conocer la convocatoria y el drama posterior al anuncio de la alineación. Todo gira sobre lo vivido, lo pensado, lo opinado y lo sentido. Porque para quererte ya estamos nosotros.

Y todo es efímero. Como el silencio de la grada antes de un gol.

Palop; Daniel Alves, Javi Navarro, Dragutinovic, Puerta, Martí, Poulsen, Maresca Adriano, Luis Fabiano y Kanouté. Y la repetiríamos las veces que hagan faltan sabiendo que el ‘Big Bang’ blanquirrojo giró entre los meses que transcurrieron entre Eindhoven y Glasgow. Quizás Copérnico, por el hecho de crear la astronomía científica, refutaría la teoría ptoloméica, pero fue el darwinismo el que asestó posteriormente el golpe decisivo a la concepción que considera al hombre como un ser sobrenatural. Aunque si solo fuera posible escoger a uno de esos seres divinos muchos coincidirían con esta elección fija en su once.

«Era muy especial marcar en las dos finales, pero cuando me fui ganaron tres más, y entonces dije: no era tan especial». Todos los focos apuntan hacia él mientras pregona esta frase después de alzar un pequeño papel que pone Sevilla FC ante los ojos de Europa. Un maliense nacido en Sainte-Foy-lès (Lyon) te pone los pies en la tierra de la misma forma con la que te bajaba un balón del cielo frente a la media luna. Frédéric Oumar Kanouté, 290 partidos y 136 goles a sus espaldas, el mismo atleta con el que te sentiste inmortal en cualquier guerra, viene a hablarte de la brevedad de la vida (De brevitate vitae) como si fuera un filósofo romano. Séneca en el año 55 d. C. ya incluyó este concepto en su obra Diálogos, que no sólo influenció siglos después a los autores españoles del Siglo de Oro, pues dejó un mensaje que puede valer para el individuo que habita en la grada de Nervión, o aquel que reside en el Foro, peña, grupo de WhatsApp, o incluso a ese que resopla mientras aún marca el 212 del teletexto. La vida es corta si no se sabe aprovecharla. Tan breve como los 20357 minutos en los que el gigante maliense portó la camiseta sevillista.

Después de Glasgow llegó Turín. Aunque también vino Varsovia y Basilea. Y ese momento que creíste que nunca sería igual se repitió. Como en el cuento de ‘Pedro y el lobo’ perdiste la credibilidad con el “a ésta vamos por si es la última”. Vinieron nuevas previas y hubo otros abrazos de gol que te permitieron comparar lo que parecía inolvidable. Hubo otros tifos, arengas y bengalas. Te volvió a faltar el hielo y también se ausentaron algunos de los que nos acompañaron para ocupar su localidad en el tercer anillo. Incluso hubo vida después de la pérdida de esa bufanda sacra. Porque otros amuletos llegan y ningún jugador besará el escudo eternamente. Larga vida al mercenarios en el césped, sevillistas en las gradas. Aunque solo un retorno como el de Navas puede reconciliarte con la fórmula de la eterna juventud o ese maldito tópico de las segundas partes.

En Zúrich, mientras seguían saliendo emparejamientos, era imposible priorizar el cruce o el rival. Sólo se podía escuchar: “pero cuando me fui ganaron tres más, y entonces dije: no era tan especial”. Justo en ese punto toca afrontar lo que se presenta en este tramo del curso. ¿Y si este año trae una nueva oportunidad? ¿Se sigue conjugando en Nervión el hambre con los sueños?

“La felicidad es el significado y propósito de la vida, el objetivo y fin de la existencia humana”. Aristóteles, a lo fiel de Nervión, sabe que las finales se juegan en mayo pero su felicidad se siembran desde el frío ecuador de la temporada. Toca apretar los dientes para encontrarse de nuevo. Para sentirnos el centro del universo. Para que la gloria vuelva a ser efímera. Para que Kanouté nos diga que lo hicimos de nuevo, aunque ya no seamos tan especiales por conseguirlo.

MAMEN GIL 22/01/2020

Eugenio Montes Cabeza

Lo pudo decir más alto, pero no más claro, “árbitro de cámara del Real Madrid”. El entonces presidente sevillista, Eugenio Montes Cabeza, expresaba así su indignación por el arbitraje del colegiado canario Merino González durante un Sevilla-Real Madrid. Esa escueta frase hizo tambalear los cimientos del fútbol español, no solo por lo que significaba, sino por quien lo decía: una persona que se caracterizaba por su señorío y que no decía una palabra más alta que otra, pero que sabía dar un golpe en la mesa cuando era necesario defender los intereses sevillistas.

Las relaciones entre ambos clubes se rompieron y durante el partido de vuelta el presidente sevillista no ocupó su puesto en el palco del Bernabéu y prefirió ver el partido desde la grada. Si ser valiente es difícil, ser coherente no le va a la zaga y Eugenio Montes lo era. Contrario a la transformación de los equipos de fútbol en Sociedades Anónimas Deportivas, rechazó en dos ocasiones ser uno de los mayores accionistas de la entidad. Pensaba que con las sociedades anónimas la democracia futbolística daba un paso atrás, que los socios tendrían cada vez menos que decir y que el poder solo recaería en aquellos que tuvieran dinero.

Uno de los presidentes más longevos de la historia del Sevilla, Eugenio Montes Cabeza cogió a un club casi desestructurado que vagaba por la tabla media de la Segunda División. Logró el ascenso y, con él en la presidencia, el Sevilla consiguió jugar dos temporadas seguidas en Europa. Fichó a Biri-Biri, el primer jugador negro de la historia del Sevilla, a Scotta, Pintinho, o a todo un campeón del mundo como Ricardo Daniel Bertoni, que un día le vio preocupado y le prometió que marcaría un gol en un momento determinado del partido, promesa que cumplió el “Terrible”.

Super Paco, Rafa Jaén, Pablo Blanco, Julián Rubio, Juan Carlos, Paco Buyo… Son solo algunos de los muchos jugadores con los que tuvo que negociar. Trajo al Sevilla a Miguel Muñoz y, a pesar de ser su amigo, cuando creyó que era la única solución le cesó y apostó por Manolo Cardo. Durante su mandato profesionalizó algunas de las áreas del club, completó el cerramiento del Ramón Sánchez-Pizjuán, acometiendo las últimas horas del estadio y amplió y reformó la Ciudad Deportiva. Además, logró traer a Sevilla un partido tan importante como una de las semifinales del Mundial de Fútbol de España.

Discípulo de Ramón Sánchez-Pizjuán y continuador de su legado, recuperó la primigenia denominación anglófila del Sevilla F.C. Trianero de la calle Castilla y sevillano por encima de todas las cosas, no era el típico sevillano gracioso, pero era socarrón y hacía gala de una fina ironía. Hombre de fútbol, su labor fue más allá del Sevilla. Fue directivo de la Federación Española de Fútbol, donde realizó una importante labor. Su trabajo y su buen hacer negociador fue fundamental para resolver tres importantes conflictos.

Medió en la huelga de árbitros; negoció con la Asociación de Futbolistas Españoles la derogación del derecho de retención sobre los futbolistas; y fue el representante de la federación en la Comisión de Televisión, consiguiendo que por primera vez se fijara una norma para el cobro por las retransmisiones de los partidos de fútbol.

Eugenio Montes Cabeza, todo un Señor al que, en mi modesta opinión, ni el Sevilla, en particular, ni el fútbol, en general, han sabido reconocer como se merece.

JOSÉ MANUEL ARIZA 21/01/2020

Dictaduras

Saludos. “No basta con la obediencia. Si no sufre, ¿cómo vas a estar seguro de que obedece tu voluntad y no la suya propia? El poder radica en infringir dolor y humillación. El poder está en la facultad de hacer pedazos los espíritus y volverlos a construir dándoles nuevas formas elegidas por ti.”    (George […]

Y volverá a ocurrir

Hace años decidí no ver ningún partido del SFC en el Bernabéu, el Sábado 18-01-2020 último no fue una excepción. La razón es que ya sé de memoria los posibles guiones que pueden darse y todos son negativos para nuestra entidad. El 1º posible es que el equipo no comparezca, como ocurrió hace dos temporadas […]

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